viernes, 5 de junio de 2020

Libro "Tokio Feroz" Completo

marianaluzuriagalibros.empretienda.com.ar  

Para mis lectores dejo en línea mi libro "Tokio Feroz"
Género: Realismo Mágico
Año de lanzamiento: 2016
  • Registro Internacional: ISBN-10: 1521422400  ISBN-13: 978-1521422403

Estimado Lector: Siéntase libre de comentar ésta obra en el blog, es siempre bienvenido.

 Breve Reseña
Indio es un hombre de cuarenta y ocho años de edad que en la actualidad disfruta de un gran éxito económico y una vida familiar tranquila, sin embargo no tiene ningún recuerdo de lo que fue su vida antes de los diez años de edad. Por medio de un familiar tiene conocimiento de que a la edad de diez años fue sometido a un tratamiento de Cura de Sueño que le hizo olvidar su pasado. En busca de la verdad sobre su vida decide viajar a Japón para someterse a un tratamiento que logre traer a su mente ese pasado que ha sido borrado, allí, con la ayuda del doctor Masaki; una eminencia en el campo de la psiquiatría, se enfrentará a la realidad. Indio como paciente vivirá y sentirá intensamente aquel pasado, el doctor Masaki asumirá uno de los retos más difíciles de su carrera. 




Tokyo Feroz

Mariana Luzuriaga
 
Índice


Personajes y hechos redactados en este libro son ficticios,  cualquier similitud con la realidad, es mera coincidencia.


Capítulo I

El doctor Masaki  revisaba una y otra vez la historia clínica de un paciente extranjero, el doctor era especialista en la técnica psiquiátrica conocida como  “Cura de sueño”  considerada una de las técnicas más útiles a implementar en pacientes con antecedentes de intentos de suicidio, depresiones y cuadros psicóticos ocasionados por algún hecho de fuerte impacto en el sistema nervioso.
 La cura de sueño es un proceso considerado de cuidado intensivo, durante el cual el paciente es sometido a un estado de sueño inducido durante varios días, con el objeto de reducir los niveles de estrés del sistema nervioso para poder posteriormente trabajar sobre el sistema cognitivo del mismo.
Durante los días en que el paciente es sometido a esta práctica, el médico debe supervisarlo continuamente ya que su sueño no es ininterrumpido sino que tendrá momentos en los que despertará a causa de sus necesidades físicas y hasta se alimentará, aunque esto no implica que el individuo esté completamente consciente y con todos sus sentidos perfectamente activos. La mayoría de los especialistas inducen al paciente a un sueño que puede durar entre cinco y ocho días y mientras éste se encuentre bajo los efectos de tal práctica es común que se le suministren antidepresivos y anti psicóticos, a todo este proceso, el doctor Masaki  le agregaba un tratamiento electro convulsivo que consiste en inducir al paciente a una breve convulsión provocada por el paso de una corriente eléctrica a través del cerebro, estas eran técnicas conocidas y utilizadas desde hacía muchos años en varios países, incluso en el país de donde venía el paciente, pero la técnica del doctor Masaki  revolucionaba la medicina psiquiátrica porque además de todos esos procesos que cualquier otro médico utilizaba, él empleaba una técnica de hipnosis hasta asegurarse de haber logrado un perfecto resultado en los pacientes, esto significaba que si su paciente hubiera intentado suicidarse lograría olvidar todos los motivos que lo hubiesen arrastrado a cometer el intento de quitarse la vida. Había aprendido técnicas de hipnosis de su abuelo quien a pesar de no haber estudiado había atendido y ayudado a mucha gente, su nieto, el doctor Masaki  le prometió antes de morir que seguiría sus pasos y que ayudaría a mucha gente desesperada.
Masaki  tenía muchos pacientes, atendía a más de cien personas por semana, tenía su propia clínica en el centro de Tokyo  en la que siempre había pacientes internados y otros con tratamientos ambulatorios, si fuese necesario el doctor dormía allí mismo en una habitación que había sido acondicionada para tal situación ya que muchas veces,  dependiendo de la gravedad del paciente, el doctor Masaki no quería dejarlo en manos de otros profesionales ni siquiera medio día. Era un médico absolutamente profesional y no importaba cuanto tiempo le llevara un caso, entendía que ciertos pacientes requerían mayor atención y control que otros.
Todos los médicos de la clínica, los asistentes de recepción, farmacia, comedor y  limpieza de la clínica estaban al tanto de que el Lunes a primera hora llegaría el nuevo paciente extranjero. Aunque el doctor ya era bastante conocido en Japón todos sus pacientes eran locales, no había extranjeros principalmente por algunas dificultades con el idioma. El doctor había reservado además de la habitación para el paciente otra de huéspedes como cortesía para la persona que seguramente lo acompañaría, quizá este vendría con algún familiar que aunque se hospedase en un hotel  sentiría la necesidad de estar más cerca y  no quería que esa persona estuviera incomoda dormitando en la sala de recepción, además la cortesía que tuviera con familiares del paciente hablaría aún mejor de él y así muchos vendrían de otros países y quizá hasta le harían alguna entrevista como a tantos otros médicos.
Esa noche casi no durmió, leyó más de una vez la historia clínica de Indio; un hombre de cuarenta y ocho años. Sus antecedentes psiquiátricos contaban con una  innumerable cantidad de intentos de suicidio, ataques de pánico, brotes psicóticos, trastornos de bipolaridad, depresión, ansiedad, trastornos de obsesión y compulsión y complejo de culpabilidad. Indio había sufrido durante varios años de  su vida todo tipo de trastornos. En general los pacientes del consultorio Sufrían trastornos graves pero de a uno, era extraño que un solo paciente hubiese sufrido tantos trastornos y lo que era aún más extraño e incomprensible era que Indio además de todos aquellos males había sufrido complejo de superioridad, Masaki  sabía que Indio no sería un paciente más, ¿Cómo podía una  misma persona tener complejo de superioridad y todos esos problemas a la vez?, no podía dormir pensando en eso, se imaginaba aplicando su técnica en el paciente con patologías contradictorias y le preocupaban los resultados.
El doctor Masaki se puso de pie y su secretaria abrió la puerta del consultorio, el hombre extranjero no era parecido a lo que el doctor esperaba, pensó que sería un hombre desmejorado y con apariencia de sufrimiento, acompañado de algún pariente o traductor, la mayoría de los pacientes llegaban a la clínica en una ambulancia de traslado y otros a pie pero nunca solos, siempre eran acompañados por otros médicos o por su familia. Cuando el doctor Masaki vio a Indio estiró la cabeza  para ver si detrás de aquel hombre robusto que no aparentaba más de cuarenta años y que vestía casi al estilo de un director de cine de Hollywood venía el paciente, pero para sorpresa del doctor, ese era Indio y no solo parecía estar en perfecto estado de salud sino que también se presentó amablemente y hablando en Japonés.
El doctor le pidió que se pusiera cómodo para tener una conversación sobre el tratamiento, le explicó que usualmente los pacientes se presentaban acompañados de algún familiar o de su médico de cabecera, que era muy común que entraran allí en una camilla,  en un estado de shock o quizá sedados, y que le resultaba extraño y hasta incomodo que su paciente aparentara tener un perfecto control de sí mismo y  que además fuese extranjero y hablara su idioma casi perfectamente, a lo cual Indio respondió que él había superado muchas enfermedades de las que figuraban en su historia clínica y que ya no quería suicidarse como tantas veces lo había deseado pero que era consciente de que tenía un trastorno psicológico y que aunque fuese un hombre  de casi cincuenta años él quería vivir el resto de su vida tranquilo, saludable y que no quería irse de esta vida sin aclarar ciertas dudas existenciales que tenía sobre su pasado.
El doctor Masaki tenía treintaiséis años y estaba casado hacía solo cuatro meses con la bella Hiromi, una mujer diez años menor que él. Hiromi era diseñadora de alta costura y tenía su propio salón de diseño, producción y venta, era un negocio muy grande pero  lo llevaba adelante perfectamente, se ocupaba cuidadosamente de cada detalle, tenía más de cuarenta empleados entre los de producción, diseño y venta al público, tenía ideas y estilos para todos los gustos y todas las edades, había diseñado vestidos de bodas para varias mujeres famosas, entre estos, un vestido de bodas negro para una conocida cantante de heavy metal que Hiromi consideraba una de las prendas más extravagantes que había diseñado hasta el momento, en aquel salón había dos  pantallas enormes, una  desde el techo hasta el piso en la que se podía ver un video de  las fotos de todas las prendas que se habían diseñado, fabricado y vendido desde que el salón comenzó a funcionar, la otra pantalla idéntica  transmitía el mismo video pero hacia la calle. Mucha gente se detenía a mirar tan deslumbrante buen gusto y a soñar con aquellos diseños, así como el doctor  Masaki se había detenido a mirar aquella pantalla una tarde de lluvia, había quedado completamente cautivado pero no por un traje de novias sino por la modelo que lo vestía, era Hiromi que hasta antes de contraer matrimonio era ella misma quien posaba para fotografiar todos los diseños de su marca, Masaki la observó en las fotos casi cuarenta minutos, era un día de mucho trabajo pero Hiromi desde el interior del salón miró más de una vez hacia afuera y notó que aquel hombre seguía deslumbrado ante la pantalla, creyó que quizá le había gustado algún modelo para su prometida así que finalmente se acercó a la puerta de entrada  del salón para obsequiarle un catálogo que ella misma solía entregar a todos los clientes, Masaki  le agradeció disimulando completamente su sorpresa de que aquella modelo entregara el catalogo en mano, pasó varias tardes por la puerta de aquel salón y miraba disimuladamente hacia adentro hasta que de alguna manera consiguió una cita con la mujer que tanto admiraba, se sentía deslumbrado por su belleza, no era una mujer común  y cuando tuvo la oportunidad de tenerla cerca hizo todo para conquistarla y casarse con ella, estaba muy enamorado y pendiente de su esposa, cuidaba todos los detalles pero aún así jamás descuido la clínica.  Masaki tenía un importante laboratorio de investigación que abarcaba varias áreas, por un lado tenía el laboratorio farmacológico para el que había contratado renombrados especialistas que  constantemente probaban nuevas formulas y componentes para desarrollar medicamentos innovadores que contribuyeran a revolucionar la medicina psiquiátrica, y por otra parte el laboratorio también desarrollaba nuevos conceptos sobre terapias y prácticas de hipnosis que probaban en los pacientes con el consentimiento de sus familiares, el doctor Masaki cuidaba mucho a sus pacientes y tenía un gran respeto por la familia de éstos  porque consideraba que la evolución de un paciente debía ser acompañada por la contención y el afecto familiar.
Recostado en el diván, Indio estaba a punto de comenzar a explicar al doctor Masaki el motivo por el cual se hallaba allí, el motivo por el cual había viajado tantas horas en avión y el motivo por el cual lo había elegido como médico. Masaki escuchaba  atento el relato de Indio que le explicaba que había ido hasta allí porque no había otro médico en el mundo con tan buena reputación en aquel tratamiento o práctica llamada cura de sueño, aunque el doctor  Masaki no era famoso porque  recién comenzaba a ser un medico renombrado lo que Indio decía era cierto, era muy respetado entre sus colegas, era un medico excelente que implementaba las nuevas técnicas y medicamentos que se iban aprobando en su laboratorio y había logrado recuperar la salud mental de muchos pacientes que solo esperaban la muerte. Indio continuaba explicándole al doctor que él había sido sometido a un tratamiento de cura de sueño cuando tenía diez años de edad, que no estaba seguro del motivo por el cual sus padres y los médicos habían tomado tal decisión, que no recordaba prácticamente nada de su infancia, no tenía memoria más que de algunos eventos escolares o recuerdos de la fiesta de uno de sus cumpleaños.  No recordaba mascotas, amigos, juegos,  casi nada que hubiese sucedido antes de que tuviese diez años y que de hecho, tampoco recordaba que se le hubiese practicado el tratamiento o proceso de cura de sueño sino que se había enterado por casualidad cuando tenía más de cuarenta años, motivo por el cual no estaba seguro de lo que realmente le había sucedido. Indio tuvo conocimiento de que se lo sometió a una cura de sueño porque tenía una tía que era solo siete años mayor que él,  por lo tanto, cuando fue sometido al tratamiento su tía era una adolescente y recordaba perfectamente lo sucedido, en una oportunidad se lo menciono sin entrar en detalle,  cuando Indio quiso que le explicase más concretamente de que estaba hablando le dijo que solo recordaba un comentario de la familia y no quiso decirle nada  más,  por eso intentó investigar recurriendo a los hospitales en los cuales pudo haber sido atendido pero no figuraba en el registro de ninguno, quería saber cual fue aquel evento tan traumático que los médicos borraron de su memoria, sus padres eran tan buenos que seguramente habría sido algún accidente o un episodio de robo o algo que lo había dejado traumado y como Indio tenía tanto dinero y casi nada más  que hacer  que ocuparse de sí mismo y de su lujoso estilo moderno de vida, ahora se le había ocurrido recuperar aquellos recuerdos perdidos. En la actualidad era un hombre de muchísimo dinero y una vida social muy activa, pero entre los veinte y treinta  años había sido  una persona muy antisocial, con muchos problemas de personalidad, los mismos que figuraban en la historia clínica que el doctor Masaki había leído detenidamente, esa misma  historia clínica en la que se incluían varios  intentos de suicidio. Indio le contaba al doctor Masaki que él mismo había tomado la decisión de experimentar un cambio en su vida y que había decidido a los treinta años de edad empezar a hacer todo lo contrario a lo que había hecho hasta ese momento y enfrentarse a todo a lo que le había temido y poco a poco comenzó a tratar con mucha gente y a hacer cosas que jamás se le hubiesen ocurrido hacer,  le contó que con el correr de los años logró ser feliz y que sabía que había perdido mucho tiempo en su vida pero que también sabía que al tiempo que le restara de vida  lo viviría intensamente, sin privarse de nada, permitiéndose conocer, sentir y vivir todo lo que deseara,  le explicó al doctor Masaki que había llegado hasta allí con la intención de que le practicase un tratamiento inverso  a la cura de sueño que le revirtiera el efecto que ésta le hubiese producido a los diez años para lograr recordar aquello que sus padres y los médicos le hicieron olvidar, Masaki atónito ante semejante pedido no sabía que responder, no tenía un tratamiento que provocara el efecto inverso, además si existiese, el doctor no le aconsejaría a nadie probarlo porque si el tratamiento inverso le generase un fuerte nivel de stress quizá provocaría en el paciente  una depresión que  lo condujese a una muerte segura, era una locura y de ninguna manera estaba dispuesto a correr semejante riesgo. Indio le aseguraba que había logrado un nivel de autoconfianza y de apreciación por su vida que jamás sería revertido, le decía que estaba seguro de lo que estaba pidiendo y repetía una y otra vez que quería vivir esa experiencia y que pasara lo que pasara jamás intentaría suicidarse otra vez y que en el caso de que lo hiciera al menos había sido feliz, le aseguraba que en esos últimos años había vivido intensamente, tan intensamente que sentía que cada uno de ellos valía por diez y le proponía a Masaki firmarle una autorización para disponer de su vida y someterlo al tratamiento que fuese necesario, era como un contrato en el que el doctor no tendría ninguna responsabilidad por los efectos ocasionados por el tratamiento  y eso no era todo, Indio había llevado una maleta repleta de dinero proponiéndole al doctor que la aceptara para ampliar la clínica y especialmente el laboratorio en el cual se creaban  nuevos medicamentos para ayudar a tanta gente que lo necesitaba, el doctor Masaki aunque no tenía tanto dinero hacía muchas obras de caridad, donaba medicamento en hospitales y alimentos a un orfanato que se hallaba a solo diez cuadras de la clínica porque había atendido a niños con severos trastornos psiquiátricos que vivían allí, por lo cual aceptó la  propuesta de Indio con la condición de que esperase por lo menos dos días a que pudiera armar un plan de tratamiento ya que nunca había trabajado sobre un paciente intentando revertir un tratamiento de tales características.


Capítulo II

A los seis años de edad Indio causaba problemas a sus padres y  a su maestra, era un chico caprichoso que de repente quería algo e  insistía hasta que lo conseguía o hasta que lo castigaban, como aquella mañana en la que estaba desayunando con su madre y su hermano mellizo y de repente dio un golpe de puño en la mesa y preguntó:  “¿Donde está el piano?”, su madre levantó la vista porque estaba leyendo la portada del diario que el padre de  Indio había dejado sobre la mesa y enojada por tal muestra de mala educación le preguntó ¿Qué piano?, Indio respondió “Mi piano” ¿Qué hiciste con mi piano?, Ciro; el hermano mellizo de Indio, dejó caer la tostada que estaba a punto de comer, su madre quería retarlo pero no entendía ni siquiera de que hablaba, además su propio hijo de solo seis años la estaba agrediendo, se puso de pie y le exigió que se disculpase, Indio contrariamente a lo que su madre esperaba siguió dando golpes de puño a la mesa diciéndole  “Quiero mi piano, dame mi piano”,  la madre no tuvo otra opción que sostenerlo de los brazos y gritarle para que se callara, Indio la miraba y respiraba profundamente, lloraba sin consuelo mientras la madre le decía que no tenían un piano, que jamás habían tenido un piano, que quizá soñó tener un piano pero que debía aprender a diferenciar un sueño de la realidad porque era bastante desobediente pero esto de no distinguir la realidad de la imaginación o de los sueños era demasiado,  y que si volvía a ponerse agresivo de esa manera lo castigaría durante una semana sin importar nada más.
En la escuela Indio era un estudiante regular, Ciro, su hermano mellizo,  estaba entre los mejores alumnos y muchas veces ayudaba a Indio, como hermanos tenían una relación completamente normal, compartían juegos, paseos, la habitación y hasta el banco de la escuela.
Indio y Ciro eran muy parecidos, su maestra solo los distinguía a uno del otro porque Ciro tenía una dificultad motriz, debía usar muletas porque había nacido con un problema en la cadera para el cual no se había hallado solución pero si los veía sentados eran idénticos, debido a aquel complejo Ciro era mucho más tímido y más aplicado al estudio, siempre estaba dispuesto a adquirir más conocimientos y observaba con admiración a Indio en las clases de deportes porque su hermano mellizo podía hacer todo lo que para él no era posible, era el único hermano de  Indio y vivió solo hasta los nueve años de edad.
Luego de la muerte de Ciro la familia se trasladó a  otra ciudad, Indio cambió de colegio y de amigos, tuvo una adolescencia normal, fue rebelde como cualquier adolescente pero no experimentó ninguna situación extrema en cuanto a su conducta hasta los veinte años, a esa edad comenzaron nuevamente los problemas, Indio se había ido a vivir solo porque en lugar de completar sus estudios prefirió ser un simple comerciante, había ahorrado dinero reparando computadoras desde que estaba en la secundaria porque  había  completado un curso para aprender este trabajo y rápidamente consiguió sus primeros clientes, podría haber completado una carrera relacionada a la informática pero verdaderamente no le gustaba estudiar así que con el dinero que había ahorrado  rentó un local y  empezó su negocio como proveedor mayorista de cigarrillos, fue un negocio muy rentable y pronto se mudó a un local con el doble de espacio, debió contratar varios empleados y con el tiempo abrió una sucursal en el barrio vecino, los años fueron pasando y llegó un momento en el que comenzó a comprar todos los negocios que comercializaban cigarrillos al por mayor de la ciudad, todo le pertenecía, la gente lo conocía, sabían que era trabajador, que tenía mucho dinero y lo demostraba, andaba por ahí haciendo gala de su riqueza, cambiaba de auto más de dos veces al año, siempre tenía una novia distinta, nadie permanecía a su lado durante mucho tiempo porque era tan soberbio que cansaba a la gente, cansaba a los empleados, cansaba a los amigos, cansaba a la familia y cansaba a las mujeres, no era tan atractivo como para que soportaran su mal carácter, todas lo dejaban, era el típico hombre que no sobrevivía a la primera cita, la mayoría de las mujeres no volvían a responderle un llamado, era un muchacho joven pero hasta sus bromas eran raras, tenía tantos cambios de humor que confundía a todo el mundo, solía vestirse con camisas abotonadas hasta el cuello lo cual no era muy moderno y siempre llevaba un reloj distinto, tenía tantos relojes que ya había perdido la cuenta, pero eso no era todo, cada vez que compraba un reloj compraba un par de medias que tuvieran exactamente el mismo color que el reloj, no podía ser un tono parecido, llevaba el reloj a la tienda,  pedía varios pares de medias y comparaba para que fuera exactamente el mismo tono, cuando salía con alguna chica que le gustaba la pasaba a buscar por su casa, estacionaba el auto en la vereda, subía el volumen de la música hasta el límite y una vez su acompañante estuviera a su lado en el auto, aceleraba y se marchaba a toda velocidad, haciendo ruido con las ruedas sobre el asfalto como si manejase  un auto de carreras ¿Qué padre podría aceptar que su hija tuviera semejante personaje como novio?, no le resultaba simpático a nadie, una vez en el restaurante, cine,  teatro o donde llevara a la chica con quien tenía una cita se aseguraba de tirar su encendedor al piso y tener que agacharse para acercar la mano en la que usaba el reloj a su pie y que su acompañante notara que era un hombre tan detallista que hasta combinaba el reloj con las medias, la mayoría de las mujeres ni siquiera se daban cuenta, solo a él se le ocurriría pensar u observar semejante detalle, pero el hecho de que rara vez consiguiera una segunda cita no se debía a su extraña manera de vestir ni a que la mayoría de las chicas recibieran malos comentarios de parte de sus padres sobre lo poco que habían visto a cerca de él desde la ventana  mientras esperaba en la vereda, sino a cierta conducta que solía tener; casi siempre estacionaba en un lugar oscuro, comenzaba a besarlas y quería quitarles la ropa, con semejante actitud espantaba a todo el mundo, se comportaba como un bruto, no respetaba a nadie y por lo general no conseguía nada de ninguna, la mayoría de las veces las mujeres terminaban golpeándolo o apretaban la bocina de su auto como pidiendo ayuda, cuando veía que lo rechazaban simplemente se contenía, jamás obligaba a ninguna, ponía en marcha su auto y sin dirigirle la palabra, la llevaba hasta la puerta de su casa, abría la puerta del auto y nunca más volvía a verla. Indio sabía que en  la siguiente cita volverían a rechazarlo pero volvía a comportarse de la misma manera. Indio conoció a  Dayana,  la sobrina de uno de sus empleados, era otro  de esos casos en los  que la sobrina tiene casi la misma edad que su tío, Dayana tenía diecinueve años y su tío solo veintiún años,  Indio consiguió una cita con la joven quien arruinó por completo todo el repertorio que Indio tenía preparado como de costumbre, apenas estacionó revisó nuevamente la dirección porque no podía creer que en aquella casa hubiera música a un volumen tal que provocaba que la de su auto ni siquiera se oyera, una vez en el restaurante, Indio tiró el encendedor y Dayana lo levantó rápidamente, lo cual evitó que Indio pudiera resaltar aquel detalle de las medias y el reloj, sin embargo Indio observó que Dayana llevaba un reloj blanco del mismo color y de la misma marca que sus zapatos, esto era insoportable, ¿Porqué se comportaría así Dayana?, ¿Para que combinaba  la marca y el color del reloj con sus zapatos?, ¡lo último que faltaba era que ella sea quien quisiera quitarle la ropa en el auto!, no lo permitiría, fingió un malestar físico y con esa excusa  llevó a Dayana hasta la puerta de su casa y la dejó allí decidido a no volver a verla porque aunque le encantaba aquella chica de cabello negro rizado largo hasta la cintura y de enorme sonrisa, no estaba dispuesto a soportar a alguien que fuese peor que él. Dayana había hablado sin parar durante toda la cena, lo había agotado completamente.
La realidad era que Felipe; el tío de Dayana, le había advertido a la joven sobre la conducta chocante de su jefe pero le pidió que aceptara la cita porque sabía que si Dayana no aceptaba Indio se desquitaría aquel desplante despidiéndolo de su empleo, por esa razón Dayana, quien en realidad era una joven completamente normal y sencilla se comportó de esa manera, en realidad su intención era resultarle totalmente vulgar y que ya no insistiera nuevamente.
Indio no estaba completamente enfocado en conseguir una novia, ya tenía veintisiete años pero desde los veinte había comenzado a tener problemas, esos problemas y fobias que en el futuro  el doctor Masaki leería en su historia clínica. Sus fobias no se debía a que sus conquistas no tuvieran éxito o a que había conocido a una chica que era más intolerable que él mismo y en la que se había quedado pensando, sus problemas se debían a que muchas veces mientras trabajaba, hablaba con un cliente, tenía una cita o simplemente cenaba solo  en su departamento experimentaba aquella sensación de transitar por una experiencia que ya se ha vivido previamente. La explicación para los psíquicos es la paramnesia del reconocimiento en contraposición a las paramnesias del recuerdo, para Indio un problema… cada vez que tenía aquella sensación quería salir corriendo de donde estuviese y ese era el apuro que tenía en cada cita, quería concretar todo lo que le fuese posible antes de tener uno de esos ataques en los que parecía que empezaba a darle vuelta todo, y sabía anticipadamente que palabras o que cosas sucederían, hablaba con una persona y de repente tenía la imagen de aquella misma persona pero muerta, era una sensación horrible, Indio pensaba que si tenía esas imágenes en su cabeza en algún momento podría matar a alguien y antes de matar a alguien prefería matarse él mismo, por eso lo había intentado tantas veces, veía cosas horribles y pensaba cosas horribles. En una oportunidad Indio llevó a su departamento a una de las tantas chicas con las que concreto una cita, ella aceptó quedarse toda la noche con él pero para Indio fue la peor noche de su vida, cuando ambos dormían, Indio despertó asustado porque oyó un grito ensordecedor, como de un salto se levantó, mirando a su alrededor como perdido y volvió a acostarse, la chica aún dormía, era evidente que solo había sido un sueño, Indio la observaba, era muy linda, permaneció observándola y volvió a tener  esa sensación de haber vivido esa experiencia previamente, aquella sensación fue seguida de una especie de visiones que Indio representaba  como fotos en su mente, la veía muerta, veía sus ojos llenos de sangre, su boca abierta y las manos de un asesino en su cuello, permaneció inmóvil durante unos segundos y su mente representó una segunda visión, Indio se vio a sí mismo apretando el cuello de aquella mujer que lo acompañaba esa noche, se asustó mucho, se levantó de un salto y prendió la luz, eran las dos de la madrugada, la chica se despertó y él le mintió que debía irse, esto le resultaba  de muy mal gusto a cualquier mujer pero de todas maneras después de que su mente representara semejante imagen de alguien ya no deseaba volver a verla, tenía miedo de hacerle daño. Indio sentía que sus pensamientos eran los de un asesino y temía por la seguridad de las personas que tuviese cerca por eso hacía todo lo que resultaba molesto  a los demás porque tenía miedo de estar demasiado tiempo con alguna y matarla, él mismo veía en su mente la manera en la que se mataba a la gente, esas manos que había visto en el cuello de aquella chica con los ojos llenos de sangre eran sus propias manos, ese fue su miedo con Dayana que era una chica a la que parecía no molestarle nada de lo que él hiciera por lo cual pensó que ella corría el riesgo de  pasar mucho tiempo a su lado y ser víctima de alguna de sus acciones.  Indio había intentado quitarse la vida muchas veces a causa de el miedo que le generaban esas horribles visiones que se representaban en su mente pero además de eso, muchas veces sentía que no pertenecía a este mundo, hasta que en un determinado momento cuando tenía treinta años decidió que quería superarlo y entendió que debía vivir con esa realidad, le fue mucho mejor con las mujeres, se comportaba como un verdadero caballero, les daba su tiempo, era amable, las conquistaba, cualquier mujer aceptaría una cita con un hombre como él, Indio no se comprometía con ninguna, era un hombre que aunque había superado muchos obstáculos de su propia personalidad disfrutaba mucho de estar solo, tenía la costumbre de analizar todo lo que hacía, pensaba demasiado, a pesar de que era un simple comerciante leía muchísimo sobre diversos temas y muchas veces deducía anticipadamente los desenlaces de un libro sacando conclusiones sobre lo leído hasta el momento, Indio había dejado atrás aquella época de fumador empedernido que prendía un cigarrillo tras otro al que sostenía entre sus dedos índice y pulgar,  ahora  tenía una vida sana a pesar de que trabajaba bastante.


Capítulo III

Una tarde Indio salió a caminar, tenía ganas de ver un poco el mundo desde afuera de su lujoso auto importado, andaba por la calle en medio de la gente y disfrutaba de eso, era algo que hacía años que no hacía, pasear sin rumbo por su ciudad, sin apuro, había decidido caminar un buen rato y luego iría a cenar donde se le ocurriera, pasó por una tienda de corbatas y entró a comprarse una, la empleada de aquel negocio era Dayana, no había vuelto a verla desde hacía años, después de aquella cita tan frustrante la había cruzado algunas veces en las que Dayana iba por algún motivo a hablar unos minutos en la puerta de uno de sus locales de venta con su tío Felipe, pero apenas la saludaba de lejos, luego Felipe logró poner su propio negocio por lo cual Indio jamás volvió a ver  a Dayana ni siquiera de lejos. En la tienda de corbatas Dayana  no lo reconoció, Indio ya no era aquel joven que combinaba ridículamente las medias con los relojes y estacionaba su lujoso auto con la música a todo volumen, habían pasado muchos años y se había convertido en un hombre muy cuidadoso de su comportamiento, ya no hacía bromas incómodas, ya no acosaba a nadie ni era soberbio, Dayana también parecía muy correcta y se alegraba de volver a verlo,  se veía tan linda como lo había sido diez años atrás, Indio fue muchas tardes a aquella tienda de corbatas y se había convertido en uno de esos clientes que cualquier vendedor quisiera tener, compraba muchas corbatas pero a la mayoría las regalaba ya que en realidad vestía con un estilo un tanto más informal y solo en ocasiones usaría una, finalmente Indio  consiguió una cita con Dayana y  supo que ella había estado casada y que tenía un hijo de aquel matrimonio que había terminado hacía ya dos años, era una mujer muy educada, muy distinta a la chica de diecinueve años que había conocido tanto tiempo atrás, Dayana estaba feliz y se divertía hablando con  Indio quien  le confesó que en aquellas épocas en las que se conocieron por primera vez, él solía tener problemas de ansiedad, bipolaridad y muchas depresiones que lo conducían a tener un comportamiento chocante con la gente pero que poco a poco había superado aquellos malos tiempos y que aunque nunca se hubiese casado había tenido algunas novias y en un caso hasta había convivido con una durante tres años hasta que por ciertas diferencias ambos decidieron finalizar aquella relación y continuar siendo amigos. Indio y Dayana se casaron en menos de un año, tuvieron una hija y fueron muy felices hasta que Dayana murió, Indio fue como un padre para Daniel; el hijo del primer matrimonio de  Dayana, y junto a Magali, la hija que la pareja había tenido, conformaban una familia muy unida que permaneció de igual modo aún luego de la muerte de Dayana ya que Indio no permitió que Daniel se marchara cuando su madre murió, le pidió que se quedara a acompañarlo, a seguir siendo su familia, le dijo que lo apreciaba tanto como a Magali que era su verdadera hija porque observaba que Daniel siempre había adorado a su hermana y la cuidaba mucho, Indio valoraba cualquier muestra de afecto hacia su hija porque además siempre pensaba que si a él le sucediera algo al menos Magali tendría un hermano. Los años fueron pasando, Magali  y Daniel crecieron, la joven estudiaba y Daniel estaba a cargo de todos los negocios de su padrastro que a la vez era su mejor amigo, ambos jamás descuidaban a Magali, cada vez que la chica iba a algún lado uno de los dos la pasaba a buscar, sabían que tendría novio en algún momento y respetaban todas sus decisiones pero observaban de cerca a todo aquel que se le acercara para asegurarse de  que sus intenciones fueran buenas, Indio estaba muy tranquilo con la ayuda de Daniel en todo sentido, tanto en los negocios como con Magali y gracias a eso Indio pudo viajar a Japón a ver al doctor Masaki.
  
 El doctor Masaki  tenía un gran desafío, jamás había puesto en práctica un tratamiento que provocara el efecto reverso a la cura de sueño, hacía ya dos días  que Indio estaba en Japón, aquel hombre que vestía tan moderno y parecía mucho más joven había rondado por toda la ciudad durante esos días probando las comidas típicas y tratando de conocer gente, especialmente mujeres porque aunque  no había ido de vacaciones, tampoco había ido a trabajar así que quería salir y divertirse, su hija no estaba allí para criticarlo como siempre así que si conocía a alguien no habría quien se oponga.
Masaki obsequió a su paciente extranjero una entrada para presenciar el espectáculo que ofrecía un circo cuyo dueño era su propio primo hermano Toshiki, el primo del doctor Masaki había sido un artista desde pequeño, era uno de los acróbatas más famosos del mundo, había vivido de gira con el circo desde los siete años y con el tiempo logró ser el dueño de lo que para él era su único mundo. Toshiki compro el circo a los treinta años, era su vida y su empresa, su circo viajaba alrededor del mundo y él no solo era su único dueño y uno de los acróbatas más esperados por el público sino también el encargado de adiestrar a los animales salvajes que compraba ilegalmente para que formaran parte del repertorio. En el circo de Toshiki el público aplaudía fervientemente la representación en la cual dos leones obedeciendo las órdenes de su amo  subían a una hamaca gigante en la que se lucían junto a una acróbata que tenía una sola pierna. Keiko tenía solo dieciséis años y era la hija adoptiva de uno de los payasos más viejos del circo quien la había encontrado abandonada junto a un cesto de basura. Keiko padecía una mala formación congénita conocida como “reducción de extremidades”, su pierna izquierda solo se formó hasta unos centímetros antes de donde debería formarse la rodilla, era una chica hermosa y una acróbata excepcional todos sus compañeros la apreciaban pero Keiko los detestaba, disimulaba todo lo que podía el odio hacia toda aquella gente que vivía rodando de un pueblo al otro, bañándose con un poco de agua dentro de una casa rodante, comiendo cualquier cosa y vestidos como podían, porque aunque ganaran dinero estaban acostumbrados así, se trasladaban en el barco de Toshiki y luego en  sus casas rodantes de ciudad en ciudad  hasta recorrer un país entero, cruzar sus límites hacia otro país y hacer  exactamente lo mismo, en los lugares poco poblados armaban la gigantesca  carpa para dar su impresionante show y en las ciudades más urbanas se presentaban en grandes teatros con shows aún más deslumbrantes y todo el lujo posible que incluía los trajes más llamativos y la mejor iluminación pero al finalizar el show la magia terminaba y todos los artistas regresaban a sus casas rodantes, con mínimas comodidades. Desde los nueve años de edad Keiko soñaba con vivir en una gran ciudad, ser cantante y no volver a pisar jamás aquella casa rodante, ahorraba todo el dinero que podía, el único motivo por el cual demoró en dejar  el circo era porque sabía que su condición física sería un irremediable obstáculo, el hombre que la había rescatado del piso  aquella noche fría cuando la caravana de  casas rodantes del circo partía de una  ciudad después de dar  su última función en Rusia la adoraba y aunque la niña no era Japonesa la llamó Keiko en honor a su abuela,  estaba tan  orgulloso de la niña que había criado que el día que Keiko se marchó del circo decidida a luchar por sus sueños, dejando solo una nota de despedida, el pobre anciano murió a causa de un infarto fulminante.
Indio Caminaba disfrutando de todo lo que veía  sin notar que era observado por dos hombres integrantes de un clan Yakuza que controlaba un sector importante de Tokio, como integrantes de tal organización estaban al tanto de todo lo que sucediera en  su sector por más que las calles estuvieran repletas pues eran los encargados de cobrar comisiones por las buenas o por las malas a varios negocios de la zona que controlaban,  entre ellos restaurantes y bares, salas de juegos, clubes nocturnos, teatros y cualquier tipo de negocio relacionado al espectáculo. La Yakuza tenía derecho sobre todo, la mayoría de sus hombres tenían su cuerpo tatuado casi completamente, solo dejaban una franja vertical de unos centímetros sin tatuar en su pecho para que la piel respire y para que nadie notara sus tatuajes al vestir su tradicional kimono, eran hombres de la más temible mafia Japonesa pero respetuosos de sus códigos de honor, la mayoría tenía amputada una parte de su dedo meñique por algún error que hubiesen cometido, muchas veces eran castigados y “excomulgados” y otras veces ellos mismos se amputaban el dedo por haber cometido un error y se lo enviaban al ofendido como prueba de su real arrepentimiento. En Tokyo no pasaba nada y pasaba de todo, la gente siempre tuvo conocimiento acerca de estas organizaciones, los clanes Yacuza estaban desparramados por todo Japón y por supuesto Tokyo no era una excepción, incluso Indio había oído hablar de los clanes Yacuza desde muy joven porque había visto muchas películas sobre ellos. Los orígenes de los clanes Yakuza se remontan a la época en la que Japón concluyó su período de guerra unificándose en un solo gobierno y muchos Samurái, que hasta ese entonces tenían privilegios por sus eficientes servicios militares perdían sus puestos porque ya no eran necesarios para la nueva modalidad política, muchos de ellos al caer en desgracia se suicidaban y otros se convertían en mercenarios que trabajaban para gente que tenía mucho dinero y mucho poder, con el tiempo comenzaron a formar escuadrones paramilitares que operaban a cambio de dinero y beneficios y al hacerse cada vez más fuertes lograron controlar muchos negocios ilegales en todo el territorio Japonés a cambio de protección. En Tokyo como en muchas ciudades de Japón y en el resto del mundo había sectores excluidos de aquella gran potencia económica, los canales de noticias tenían prohibido difundir imágenes de pobreza, pero la realidad era que como en cualquier otra parte del mundo los pobres también existían, quizá no estaban a la vista, pero estaban, los  clanes Yacuza de distintos sectores donaban un porcentaje de sus ingresos a esa gente que parecía no formar parte de “La grandeza económica” pero a su vez controlaban a la prensa para que no mostrara algo que el mundo no debía ver pues ellos también eran tremendamente nacionalistas y no querían que se dijera ni una sola palabra de su amado país.
Indio que dominaba perfectamente el idioma Japonés, entró a una tienda para comprar un kimono, siempre había deseado  probarse uno de esos atuendos, allí eran algo tradicional pero en su país nadie usaba kimonos y por eso quería llevarse uno cuando regresara, Indio le agradeció al vendedor y le dijo que admiraba la organización y puntualidad de su país porque sabía que los trenes jamás se retrasaban más de veinte segundos, era un país donde los propios estudiantes realizaban la limpieza de las aulas y las cafeterías, donde había mucho respeto por las personas mayores, y le decía al vendedor que estaba sorprendido del altísimo porcentaje de Japoneses que llegaban a vivir más de cien años, el vendedor como no podía ser de otra manera, orgullosísimo de su país le respondía que la meditación y la alimentación eran claves para la longevidad. 
Indio salió de la tienda contento con su kimono y algunos regalos que ya había comprado para su hija y para su hijastro Daniel cuando un joven ensangrentado corriendo lo chocó con su cuerpo y le hizo tirar los regalos al piso, Indio un poco desconcertado levantó los regalos y estaba a punto de dirigirse al teatro para asistir a función del circo de Toshiki cuando sonó su teléfono, era  el doctor Masaki para informarle que ya tenía lista la terapia que le practicaría y que empezarían a la mañana siguiente, Indio guardó la entrada del circo en el bolsillo de su campera  para alguna otra oportunidad y volvió al hotel para descansar porque aunque el doctor Masaki le había acondicionado perfectamente una de las habitaciones de la clínica,  Indio no quería estar allí hasta no empezar el tratamiento. Esa noche, se bañó y descanso tranquilo, se preparaba para conocer una verdad que terminaría con aquella vida tranquila que había vivido después de los treinta años.
El joven que golpeó a Indio con su cuerpo mientras corría con su cara ensangrentada era Kento, tenía dieciocho  años y ya se había involucrado con el clan Yakuza que controlaba la zona de Tokyo en la que se hallaba la clínica del doctor Masaki. Kento había cometido errores y al momento de cumplir con aquella costumbre de mostrar verdadero arrepentimiento ante el ofendido no se atrevió a amputarse el dedo, los hombres de rangos superiores del clan podrían haber sostenido su mano y habérselo amputado ellos mismos pero era  tal la ofensa que les infundía que un miembro de la organización no se atreviese a hacerlo ni siquiera por arrepentimiento o por honor que lo consideraban digno de nada o mejor dicho digno de un castigo aún más doloroso.
Kento había nacido con una fisura en su labio superior más comúnmente conocida como labio leporino, había sufrido muchísimo por aquella mala formación congénita, había sido la burla de sus compañeros de clases, los niños eran crueles y Kento pertenecía a aquel grupo de gente que parecía no formar parte de la grandeza económica de Japón,  su familia había vivido toda su vida en Tokio solamente porque habían heredado un departamento de uno de sus abuelos, aunque fuese una de las ciudades más caras del mundo no albergaba solo a gente de altísimo poder adquisitivo también había casos como los de la familia de Kento que estaban allí casi por casualidad. Kento había sido operado tres veces en intentos de reconstruir todo lo posible su labio pero la verdad era que la familia ya no podía continuar pagando operaciones y Kento tenía dificultad en su pronunciación, jamás le habían dado ningún lugar de importancia dentro del grupo escolar, hasta las maestras parecían ser crueles, cuando por motivos de alguna fecha conmemorativa los niños representaban alguna obra teatral, Kento era excluido por completo, de hecho era uno de los mejores alumnos, sin embargo no lo tuvieron en cuenta ni siquiera para ser abanderado. Desde que era un niño de menos de doce años ya sabía que no debía esperar nada de nadie, se sentía completamente solo y desanimado, y por momentos maldecía a sus padres pensando que habrían hecho algo muy malo en su vida y que dios los había castigado con su nacimiento, Kento era tan infeliz que no podía comprender que no era un castigo hacia sus padres, era solamente una mala formación congénita que padece mucha gente. Cuando tenía dieciséis años se enamoró de una de sus pocas amigas, pero ella lo rechazó y fue como un detonante para que Kento decidiera dejar de ser un buen chico para integrar una organización Yakuza con la idea de que si llegara a tener dinero todo sería más fácil en su vida, uno de los integrantes lo ayudó a entrar, Kento era un joven musculoso y alto para su edad, de hecho era demasiado alto en comparación al promedio de la población masculina de Japón, había practicado boxeo más de un año. Kento resultaba muy útil a la organización Yakuza, si había que golpear Kento golpeaba y muy fuerte pero muchas veces no lograba parar a tiempo y se excedía simplemente por falta de control, en realidad Kento no era un violento por naturaleza pero cada vez que debía cumplir con una orden lo hacía con toda la furia pues el dinero que ganara le serviría para una nueva operación que mejoraría su rostro y por supuesto su vida y por eso cada vez que golpeaba pensaba en todo el sufrimiento que le habían causado las  ofensas de sus compañeros y golpeaba duro y más duro, casi siempre los dejaba cuando veía que estaban casi muertos, el error de Kento fue que un día fue a buscar la paga que un contribuyente debía entregar a su jefe, el dinero estaba retrasado, hacía dos días que debía haber sido entregado por los contribuyentes y Kento había recibido la orden de golpear duro si el dinero no estaba, entró a la oficina en la que le pidieron que tomara asiento y aguardara, minutos después llegaba un joven con el dinero, lo puso sobre la mesa, iba a decirle unas palabras cuando ambos cruzaron sus miradas, Kento reconoció a Raiko, uno de sus compañeros del  colegio primario que más ofensas y humillaciones le había hecho pasar, Raiko era malo,  solía burlarse de Kento ante todos los demás niños, se sostenía con el dedo índice la punta de su labio superior llevándola hacia arriba y decía: “Adivinen quien soy”, Kento lo odiaba lo había hecho sufrir tanto que era capaz de matarlo con sus propias manos, y de hecho eso fue lo que hizo, comenzó a golpear con sus puños el rostro de Raiko mientras su secretaria le aseguraba que todo el dinero estaba en el sobre pensando que Kento golpeaba al joven creyendo que no le pagaría, pero no se trataba de dinero, se trataba de años y años de humillaciones y de dolor que no podían pagarse ni con todo el oro del mundo.
El problema no era que Kento hubiese matado a un contribuyente ni que este hubiese sido su verdugo durante casi diez años, el problema era que el victimario que ahora se había convertido en víctima era el hijo de un político pero nadie lo sabía porque su padre jamás asistía al lugar por ser una actividad incompatible con su carrera, manejaba el negocio a través de su joven hijo de solo dieciocho años y al enterarse de que un integrante de la organización Yakuza lo había matado exigió lo que creyó que era un castigo justo. Raiko era muy cruel porque había aprendido de su padre. Los jefes de la organización Yakuza le exigieron a Kento que se amputara el dedo pero Kento se negaba diciendo que no lo había matado por negocios, lo había matado por  una venganza, por un motivo personal, mientras daba explicaciones Kento perdió demasiado tiempo, el político llegó al lugar donde suponía que  el asesino de su hijo sería castigado para presenciar tal situación pero al ver a Kento  lo reconoció, recordó que era aquel niño que su hijo tanto detestaba y decidió que como Kento aún no se había atrevido a amputarse el dedo, él mismo lo castigaría. El jefe de la organización Yakuza estuvo de acuerdo creyendo que quizá el político en lugar de amputarle un dedo le amputaría dos o tres pero aceptaba la situación porque su subordinado se había excedido. Los Yakuza eran hombres de palabra y el jefe debería aceptar el castigo que se le diera a Kento. El político pidió una navaja y rápidamente se le fue proporcionada una, se acercó a Kento, pidió que lo sostuvieran y con un solo movimiento le cortó el labio superior en el mismo lugar donde había sido operado tras haber nacido con aquel problema, el jefe Yakuza se puso de pié de inmediato, estaba furioso con Kento por sus excesos pero sintió un inmenso dolor al ver el castigo que había recibido, asumió la situación como una humillación hacia Kento pero también como un insulto hacia su rango de jefe Yakuza. Kento salió corriendo pensando que entre su jefe y todos los demás lo matarían, nada más lejos de la realidad… el jefe Yakuza jamás demostraba aprecio hacia sus hombres pero eran su gente y le importaban, veía a Kento como un joven con gran futuro dentro de la organización, era un chico rudo pero también inteligente para negociar, además el  jefe Yakuza tenía un hijo de la misma edad que Kento y en cierta forma tenía algo de aprecio por él. El jefe Yakuza enfurecido clavó la misma navaja en el estomago del político, enviando su alma donde seguramente estaría el alma de su hijo, pues ambos habían sido igual de crueles en esta vida.
Kento desesperado corrió hacia un lado y otro, desorientado, su labio sangraba, Indio no fue la única persona contra la que Kento chocó su cuerpo mientras corría, a solo unas cuadras de allí se chocó con Shinta, el médico de los artistas del circo de Toshiki quien lo asistió llevándolo a una de las casas rodantes que se hallaban bastante lejos de allí estacionadas en un lugar que se les había concedido. Shinta anestesió a Kento y coció su herida, el Joven no podría hablar para explicar lo sucedido pero unas horas después escribiendo en un papel explico parte de su historia al doctor quien le ofreció descansar a salvo en su casa rodante mientras él estaría tras el escenario durante la función de circo por si algún artista requiriese sus servicios. 
 
 


Capítulo  IV 

El doctor Masaki era una eminencia en psiquiatría pero además había aprendido más de una técnica de hipnosis que su propio abuelo le había enseñado desde muy pequeño y le explicó a Indio que implementaría una de esas técnicas en conjunto con la cura de sueño, le explicó que registraría aquel proceso en el cual durante cinco o siete días lo haría dormir durante la mayor parte del tiempo con el objeto de quitar el efecto que le generó aquella primer cura de sueño que un medico con el consentimiento de sus padres le practicó cuando tenía solo diez años.
El doctor Masaki suministró la medicación que indujo  a Indio al sueño profundo, Indio cerró los ojos y fue como si viajara.  Masaki sabía que su paciente comenzó soñando cosas normales porque monitoreaba cuidadosamente todo, Indio durmió durante nueve horas hasta que tuvo su primer despertar dentro del tratamiento, como cualquier otro paciente, se puso de pié con la ayuda del médico, atendió sus necesidades físicas en medio de un estado de somnolencia en el que estaba medio consciente y medio perdido, comió en la pequeña mesita que normalmente usa una persona internada, volvió a levantarse y con la ayuda del médico se cepilló los dientes casi con los ojos cerrados, volvió a la cama y antes de suministrarle más medicación Masaki se dispuso a practicar la hipnosis en su paciente, para este caso tomó un pequeño cubo de hielo como el que se agrega en una copa de bebida, lo puso en un vaso con agua caliente y cuando el cubo se derritió en la parte del medio pasó un hilo bañado en oro para atarlo por sus extremos, lo puso ante los ojos de Indio que medio desorientado lo observó fijamente, el doctor Masaki sabía que en el estado en el que se encontraba el paciente trabajaría al cien por ciento con su mente pues no tendría esa negación que puede tener una persona con sus plenos sentidos hacia la hipnosis.
Desde que tenía seis años Indio tenía en su mente imágenes y situaciones de  una vida pasada, era algo cotidiano que provocase un problema con sus padres, siempre tenía ataques de ira repentinos provocados por alguna confusión como la vez en que preguntaba por su piano, esa mañana su madre notó que algo poco común le sucedía a Indio que insistía en que le trajeran nuevamente el piano y cuando su madre le preguntó de qué piano hablaba, Indio respondió “El piano que yo tocaba cuando era un adulto”, su madre le dijo que él aún era un niño y que jamás había sido un adulto, Indio comenzó a redactar situaciones de una vida pasada, le respondía a su madre que él  recordaba muchas cosas de cuando era un adulto, le contaba a cerca de los conciertos que daba en los teatros, le hablaba de su otra casa, una casa enorme  con un  jardín que él mismo cuidaba y le hablaba de Solana, quien al parecer había sido su novia en aquella vida pasada, su madre casi inmóvil lo escuchaba, al principio creyendo que era una broma pero Indio hablaba de muchas cosas que su madre estaba segura que un niño de solo seis años jamás podría saber, se expresaba casi como un adulto y le decía que extrañaba mucho sus cosas, su casa y a su amada Solana. Esa mañana Indio no fue al colegio, su madre  quería escuchar todas aquellas cosas que su hijo de solo seis años tenía para decir, para probar que estas historias eran más que un sueño o una broma comenzó a hacerle preguntas, le pidió que describiera a Solana, Indio respondió “Solana es muy bella, es bailarina, sus ojos son verdes y su cabello negro, no es tan alta y es más joven que yo”, miró a su madre a los ojos y le dijo que la extrañaba demasiado, su madre le preguntó si Solana era su esposa o su novia, Indio respondió que no era ni su esposa ni su novia, que era la bailarina principal del teatro y que en cada función él tocaba el piano mientras ella bailaba, que solo podía observarla y que la admiraba mucho pero que al finalizar la presentación el dueño del teatro llevaba a  Solana hacia el camarín y no le permitía hablar con nadie, había otras bailarinas pero para Indio no existía nadie más.
 Una de las representaciones que más amaba Indio era aquella en la cual Solana bailaba con una escenografía que representaba una cajita musical, Indio comenzaba a tocar el piano y la luz enfocaba a la bella Solana que se levantaba suavemente con su traje blanco lleno de brillos al igual que su cabello, Solana bailaba mientras Indio la miraba y la admiraba, estaba enamorado de ella y observaba su representación deseando que jamás terminara, por último solana se acercaba al centro de la escenografía y giraba sobre sí misma soportándose en una sola pierna al igual que la muñeca de una cajita musical y finalizaba la representación, Indio jamás se cansaba de verla y aquel día le describió a su madre aquel enorme sentimiento que tenía hacia ella.
La madre de Indio estaba confundida, durante muchos días trató de esquivar una conversación con su hijo, trataba de mantenerlo ocupado con juegos y con  tareas del colegio, cuando no había nada para hacer sentaba a Indio y a su hermano mellizo a ver algún programa infantil o a dibujar pero hasta eso era un problema, Ciro, el hermano de Indio, dibujaba aviones, barcos o autos pero Indio dibujaba escenas de su vida anterior, dibujaba su enorme casa, su jardín, dibujaba su piano y dibujaba a  Solana bailando frente a él, también dibujaba al dueño del teatro siempre con cara de enojado y muchas veces dibujaba a Solana entrando en los camarines mientras el dueño del teatro la sostenía de un brazo.
 El padre de Indio no tenía la misma reacción que la madre, pensaba que su hijo no era normal y  comenzó a rechazarlo, se sentía frustrado, no sabía qué hacer, el pequeño Ciro tenía dificultad para caminar y aunque el padre adoraba a ambos niños por igual había compartido mucho más tiempo con Indio a quien le enseñaba a jugar al rugby y al notar que también  Indio presentaba dificultades aunque estas no fueran físicas comenzó a alejarse de él y la familia comenzó a transitar por una etapa de cambios.
Habían pasado algunos meses y la familia ya no era la misma, sus padres casi no se dirigían la palabra, su hermano  Ciro estaba enfermo, era un niño que solía contagiarse todo tipo de enfermedades, Indio decía cosas raras y su madre tomaba nota de todos los detalles hasta que un día su padre sufrió una fuerte crisis de nervios y comenzó a destrozar la habitación de los niños y a culpar a su esposa de consentir a Indio en todo, con la idea de que el niño jugaría demasiado con ciertas cosas o de que su madre le leería cuentos o lo que sea, porque el hombre no creía ni una sola palabra de lo que escuchaba de su hijo, pensaba que alguien le habría enseñado esa historia para que engañara a su familia o que simplemente la había inventado para llamar la atención, motivo por el cual a los gritos le hizo entender a Indio una orden irrevocable, desde ese momento quedaría terminantemente prohibido hablar de otra vida que no fuera ésta,  con la amenaza de que si llegara a repetir una de esas historias de pianos o bailarinas, casas grandes o jardines simplemente lo enviaría a un colegio internado del que solo saldría los fines de semana. Indio triste y lleno de temores obedeció durante un tiempo pero luego regresaron  las historias de su vida pasada. Ya tenía nueve años y desde los seis había vuelto loco a su padre y mantenido la atención de su madre, en su vida anterior Indio no tenía un hermano y era tan grande el deseo de volver a estar allí, de tocar el piano y de ver bailar a Solana que comenzó a creer  que debía organizar esta vida tal cual había sido su vida anterior porque esa era la única manera de que Solana estuviera en esta vida cerca de él, estaba seguro de que en algún lugar bailaría y de que volvería a verla pero pensaba que eso solo sería posible si lograba igualar su vida presente  a aquella vida anterior y quitar todo aquello que no concordaba como por ejemplo, a su hermano. Ciro no era tan bueno como parecía, tenía la costumbre de insultar a Indio cuando sus padres no lo escuchaban, solía llamarlo “fenómeno” y esto molestaba mucho a Indio quien le respondía diciéndole que moriría antes de cumplir diez años, porque era muy común que Indio viera el rostro de una persona y su mente representara paralelamente la imagen de aquella persona muerta, Indio solía ver el cuerpo de su hermano sin vida en su mente y sabía que su hermano moriría pronto, Ciro lloraba, estaba aterrorizado, como cualquier niño de su edad temía a la muerte y cualquier cosa que Indio le dijera le afectaba porque le creía ciegamente, tal es así que un día no soportó más el miedo y empezó a gritar que no quería morir, sus padres desesperados le decían que eso no sucedería pero la situación le provocó tanta angustia que Ciro sufrió muerte súbita mientras dormía, sus padres destrozados ante la situación ni siquiera querían ver a Indio, lo enviaron a un colegio internado durante tres meses hasta que decidieron traerlo de regreso, se compadecieron de él porque comprendieron que era un niño y que quizá aunque  jamás hubiese asustado a Ciro, éste hubiese muerto igualmente, quizá sin ningún motivo. Ciro ya no estaba, Indio era su único hijo vivo y harían lo que fuese necesario para seguir adelante, tal es así que  recurrieron a un especialista que lograse borrar de la memoria de Indio aquellos recuerdos de una vida pasada y también de esta, entre aquellos recuerdos el médico borró completamente de su memoria a Ciro para que jamás recordase que había tenido un hermano.
 
Toshiki, el primo hermano del doctor Masaki  quien ahora estaba con su circo en Tokyo deseaba que su primo lo visitara para tener esas largas charlas que tenían cada un par de años cuando su circo pasaba por la ciudad o cuando Masaki viajaba de vacaciones a alguna ciudad en la que casualmente Toshiki presentara su deslumbrante espectáculo, pero esta vez el doctor Masaki se encontraba bajo un desafío profesional que no podía descuidar y por ese motivo solo lo había visto un par de horas el día que el circo llegó a la ciudad, como en cada gran ciudad poblada Toshiki presentaría su espectáculo en un importante teatro lo cual le suponía un gasto mucho mayor que el que tenía en las ciudades menos pobladas en las que el espectáculo era presentado en una enorme carpa. Cuando los espectáculos eran en teatros debían trasladar a los animales que participaban en la función muy cuidadosamente para que no sufrieran ningún tipo de accidente ni corrieran el riesgo de escaparse ante el desconcierto que podría provocarles el ruido de los vehículos y bocinas en una zona urbana. Toshiki no solo incluía leones en sus shows, tenía también un cocodrilo en una piscina transparente, rectangular sobre la cual un  acróbata caminaba sobre una cuerda mientras el público gritaba al ver que el cocodrilo sacaba la cabeza y abría su enorme boca esperando que el acróbata cayera. Los animales formaban una importante parte del show, aquella parte que generaba en el espectador adrenalina pura y emoción. Toshiki desafiaba no solo a los leones y cocodrilos para lograr entrenarlos, también se desafiaba a sí mismo con retos cada vez más grandes y riesgosos, de una de sus giras había reclutado a una bestia sin igual, el famoso dragón de Komodo, era un asesino al asecho, una especie de lagarto que medía casi tres metros y pesaba alrededor de ochenta kilos, Toshiki sabía que no podría domarlo jamás pero lo había traído cuando pesaba menos de veinte kilos  durmiéndolo con un dardo, lo había encerrado en una fuertísima  jaula de hierro preparada para resistir la furia del animal  hasta  cuando completara su máximo tamaño, la intención de Toshiki era simplemente acarrear la enorme jaula montada sobre una tarima con ocho ruedas que formaba una especie de carro hasta el centro del escenario o de la carpa en la cual estuvieran representando el show y hacer acrobacias hasta fastidiar a la bestia que enfurecida parecía querer destrozar la jaula con su enorme cuerpo, el publico gritaba, aplaudía, ovacionaban a Toshiki, insultaban a la bestia contenida dentro de la jaula y aplaudían al ver que se desesperaba golpeando su lomo contra los hierros y no lograba salir, muchos no tenían idea de lo letal que era aquel enorme lagarto, por su naturaleza carnívoro y carroñero y  por su instinto, un acechador letal de sus víctimas, un temible ejemplar de la naturaleza que con su desarrollado sentido del olfato es capaz de rastrear a su presa a casi diez kilómetros de distancia tal cual como Toshiki rastreaba a sus propias víctimas. El primo del doctor Masaki  tenía a una joven mujer encerrada. Toshiki tenía su propio barco que aunque era un barco viejo le permitía trasladar a su gente y a sus bestias para cruzar fronteras hasta pisar tierra firme y poder trasladarse en casas rodantes, entre ese grupo de artistas y animales también trasladaba a una joven mujer atada como a un animal desde su barco hacia su casa rodante, todos lo sabían, la chica se llamaba Paula y era una estudiante de arquitectura a quien Toshiki había raptado durante una gira, la joven se dirigía a una de sus clases cuando vio a Toshiki quien se quitó el sombrero para saludarla y con su acento extranjero le preguntó la dirección de un teatro porque estaba un poco desorientado, Paula amablemente le indicó como llegar mientras Toshiki la observaba deslumbrado ante tanta belleza.
 Paula era una chica poco común, tenía una característica muy notable que la diferenciaba mucho de otras personas, tenía un ojo celeste y otro color avellana, eso que para ella resultaba un complejo que le bajaba tremendamente su autoestima era algo que a la mayoría de la gente le encantaba y le resultaba muy especial, tan especial que Toshiki pensó que jamás podría encontrar otra igual ni siquiera recorriendo el mundo entero y por eso decidió que le pertenecía y la raptó. Aunque Toshiki era un hombre malvado jamás la golpeó, era un psicópata que se sentaba a su lado y le leía poemas de amor que él mismo componía especialmente para ella  mientras Paula atada de pies y manos debía escucharlo, lo único que  Paula deseaba con todo su corazón era que Toshiki muriera para poder ser libre y recuperar la vida que aquel malvado hombre le había robado, se preguntaba día y noche cual era el motivo por el que dios permitió que le sucediera tal cosa. Paula era una buena persona, solidaria y  amable ese era el motivo por el cual se detuvo a responder la pregunta de Toshiki, porque pensó que era un hombre normal que solo estaba un poco perdido en una ciudad que no conocía.
El primo del doctor Masaki era tan temible como el lagarto de Komodo, sabía que Paula lo rechazaba y por eso solía frecuentar aquellos tipos de clubes nocturnos donde las desnudistas bailaban sostenidas de un caño, Toshiki las miraba, elegía una, se paraba frente a ella para que la desnudista bailara esperando dinero que por supuesto Toshiki le daría de a montones, porque nada valía más la pena que tener a una bella mujer por unas horas, una mujer que sirviese primero para darle satisfacción a tal bestia  y después como alimento de otra bestia. Saciar el  hambre del dragón de Komodo no era tarea fácil, a Toshiki le suponía un gran gasto comprar diariamente tantos kilos de carne, tan pero tan caro que una desnudista era un alimento barato.
Mientras Toshiki se ocupaba de sus necesidades y de alimentar al dragón de Komodo, Kento que aún estaba muy dolorido buscaba al doctor Shinta para pedirle un calmante, miraba a través de las pequeñas ventanas de las casas rodantes pero la mayoría estaban vacías porque los artistas al finalizar la función aprovechaban para recorrer la ciudad, la mayoría eran Japoneses pero pocos eran de Tokio y muchos de ellos estaban en esa ciudad por primera vez. Kento miraba por las pequeñas ventanas pero el doctor no estaba, en una de las casas rodantes vio a través de la ventana a una hermosa joven atada de pies y manos, dormida en el piso, Kento sabía que algo no estaba bien en aquel lugar, trató de abrir la puerta pero estaba con llave, volvió a mirar por la ventana y Paula se había despertado a causa del ruido que Kento había hecho intentado abrir la puerta, lo miró como pidiendo ayuda, Kento se desesperó, quería ayudarla pero no sabía cómo, de repente escuchó voces y vio el rostro de temor de Paula como pidiéndole que se fuera, Kento se agachó para ocultarse, era Toshiki que venía a supervisar que todo estuviese bien, Paula fingió estar dormida y Toshiki salió de la casa rodante, en ese momento uno de los artistas saludó a Toshiki y cruzaron unas palabras sobre el show que habían dado esa noche, estaban contentos y Toshiki le dijo al artista que lo acompañaría hasta la puerta de su casa rodante para que le diera uno de los whiskys que les habían regalado los dueños del teatro y que luego iría a dormir porque estaba muy cansado, al escuchar tal cosa Kento sabía que en cuestión de minutos aquel hombre regresaría y ya no podría ayudar a aquella chica, como Toshiki había abierto la puerta  y había dejado puesta la llave en el vehículo, Kento que era un especialista en robos y palizas, aunque estaba herido y dolorido no había perdido totalmente su capacidad, subió a la casa rodante, la puso en marcha y chocándose todo lo que tuviese por delante salió de aquel pequeño predio que se le había concedido a la gente del circo, Toshiki corrió al ver que le robaban su casa rodante y a la chica que tenía atada de pies y manos, no sabía qué hacer, cuando Kento pasó por su lado a toda velocidad Toshiki le arrojó con la botella de  Whisky que tenía en la mano pero era demasiado tarde, Kento logró sacar a Paula de allí, recorrieron solo unas veinte cuadras y dejaron abandonada la casa rodante, Kento desató a Paula pero ninguno podía hablar, Paula había vivido un fuerte shock emocional desde que fue raptada  y Kento estaba muy dolorido, caminaron hacia el centro de Tokio, Kento aún tenía sus padres, ya hacía unos meses que no los veía, desde que había comenzado a formar parte de la organización Yakuza tenía un lujoso departamento que su jefe le había dado pero decidió regresar a la casa de su familia, sus padres se sorprendieron al verlo después de tanto tiempo, al verlo herido, de inmediato supieron que había estado en problemas, pero estaban dispuestos a apoyarlo en todo.           
Indio fue sometido por el doctor Masaki a un tipo de hipnosis que provoca una regresión mental, esta práctica englobaba un conjunto de técnicas que el doctor Masaki empleaba como eficaz método de alteración del estado de la conciencia para lograr que el paciente recordara acontecimientos del pasado, estos recuerdos no solo debían presentarse en forma de imágenes en la mente del paciente sino también debían generar sensaciones y emociones como por ejemplo traer a la memoria sonidos, aromas y sabores.
El doctor Masaki necesitaba traer los recuerdos perdidos de la niñez de Indio, era un desafío que ahora el doctor necesitaba superar tanto como su paciente, una vez que Indio fue inducido a la hipnosis el Doctor Masaki debía situar la mente de su paciente en su niñez. Antes de comenzar con la técnica Masaki grabó el relato de Indio del recuerdo más antiguo que tuviese de su infancia en el que Indio le había contado que lo único que recordaba de su niñez era el día en que cumplió diez años, la fiesta que sus padres le habían preparado, una fiesta en la que no conocía a nadie porque hacía solo una semana que se habían mudado a una nueva casa, en un nuevo barrio y que sus padres al parecer no habrían invitado a ninguno de sus antiguos amigos aunque Indio no estaba muy seguro de haber tenido amigos pues no recodaba a nadie, ni siquiera sabía a qué colegio había asistido  hasta ese entonces ya que al mudarse a la nueva casa también comenzó a asistir a un nuevo colegio, le contaba que los únicos parientes que asistieron a su fiesta de cumpleaños eran su abuela materna y una tía que era solo siete años mayor que él y que en realidad eran las únicas dos personas que había conocido como familia aparte de sus padres, Indio le explicaba al doctor Masaki que su padre no había tenido hermanos y su madre tenía solo una hermana que a su vez tenía solo una hija y ese era el motivo por el cual la familia era tan chica y que de hecho,  sus padres también habían decidido tener solo un hijo y por ese motivo él no tenía hermanos. Indio redactó los recuerdos de aquel día sin duda alguna de haber tenido una infancia normal, solo estaba interesado en conocer la verdad a cerca del motivo por lo cual los médicos borraron recuerdos de su memoria porque su tía le aseguró que a él se le había practicado ese tratamiento.
Teniendo en cuenta ese relato previo a la inducción hipnótica, el doctor Masaki comenzó su trabajo diciendo a Indio “Estás en tu fiesta de cumpleaños número diez,  vistes un pantalón azul y una remera blanca, observas a tu alrededor, ves a tus padres felices, los niños que asistieron a tu fiesta no te conocen pero se comportan como amigos, son amables y agradecidos de haber sido invitados”, Indio profundamente dormido mostraba un leve gesto de felicidad en su rostro,  “tus padres reciben a los vecinos, tu abuela y tu tía, que es solo una adolescente,  ayudan en la fiesta a entretener a los niños con juegos y canciones”, Masaki sabía que el procedimiento se estaba cumpliendo adecuadamente porque monitoreaba los latidos de su paciente y observaba aquel rostro de satisfacción de alguien que revive un buen momento, “estas parado frente a todos los invitados, escuchas la risa de los otros niños, escuchas como cantan antes de que apagues las velas, están todos felices, tu puedes verlos y oírlos”, en ese momento Indio comenzó a hacer un movimiento un tanto brusco con la cabeza, era un movimiento como de negación, apretaba sus puños y su cuerpo se contraía, el doctor Masaki entendió que algo indeseado sucedió en aquella fiesta y debía saberlo, el doctor preguntó a Indio:
- ¿Qué sucede en este momento?
 Indio bajo los efectos de la hipnosis responde a las órdenes del doctor:
-Mis padres lloran.
-¿Lloran de alegría?
 Indio responde:
- Lloran de tristeza.
 Masaki hace una nueva pregunta:
- ¿Qué cosas sucedieron el día previo a la fiesta?
 -Aún estamos desempacando ropa y objetos por la mudanza, hay muchas cajas, están mis cosas, veo las fotos del matrimonio de mis padres, quiero ver mis fotos de pequeño pero mi madre me las quita y luego mi padre las tira al fuego, ambos gritan y discuten.
 Masaki hace una nueva pregunta:
- ¿Cuál es el motivo por el que discuten?
 Indio vuelve a contraer su cuerpo, cierra sus puños y sus latidos se aceleran. ¿Cuál es el motivo?, Vuelve a preguntar Masaki.
 -Discuten a cerca de la muerte de mi hermano, nos mudamos para olvidarlo pero no lo olvidamos y por eso mañana por la mañana antes de mi fiesta de cumpleaños debo ver a un doctor.
Masaki había conseguido en menos de media hora la respuesta a las dudas de Indio, ahora entendía que sus padres y los médicos habían tomado la decisión de practicarle una cura de sueño para que olvidara a su hermano y tuviese una vida normal, pero Masaki quería saber más ya que debía haber un motivo por el cual los padres no permitieran saber a Indio que su hermano hubiese existido, luego de unos minutos Masaki hace una nueva pregunta:
- ¿Cómo era tu casa anterior?
 Masaki había logrado situar la mente de Indio en edad de diez años, todo lo que le respondiera estaría redactado con un lenguaje y modos de un niño y de acuerdo a la mentalidad que éste hubiese tenido a esa edad, durante la hipnosis Indio no tenía dominio de su cuerpo ni  conciencia sobre su presente y respondió.
 -La casa anterior era una casa normal con un patio pequeño pero la casa en la que vivía cuando era grande era enorme, con un hermoso jardín que yo mismo cuidaba, mi piano estaba en el centro de la sala y amaba vivir allí, cada tarde practicaba para la función.
Masaki estaba confundido, su paciente no mencionó saber tocar el piano entre las aptitudes que figuraban en su ficha personal, Masaki hace una nueva pregunta:
- ¿Dónde sueles dar tus conciertos de piano?
 -En el teatro en el que baila Solana.
 
El doctor Masaki comenzó a relacionar muchas cosas, había grabado aquella sesión de hipnosis para repasarla y apuntar detalles y dejó descansar a su paciente suministrándole la medicación para que continuara con el segundo día de  cura de sueño.
Masaki entendió que Indio a la edad de diez años presentaba indicios de recordar una vida anterior y asoció la decisión de sus padres y de los médicos de someterlo a una cura de sueño para que olvidara aquella vida anterior aunque tal tratamiento también le hiciera olvidar prácticamente toda su niñez, Masaki pensó que quizá la intención de los padres no era que Indio olvidara a su hermano porque había muerto sino que fue un efecto más del tratamiento.
Masaki no sabía qué era lo que iba  a suceder cuando Indio finalizara el tratamiento, como medico sentía el gran desafío de darle una solución a su paciente y esto implicaba contarle a un hombre de cuarenta y ocho  años que había tenido un hermano, que sus padres le mintieron, que le hicieron olvidar que en un pasado más lejano que el pasado, fue un pianista profesional, que estuvo enamorado de una tal Solana y lo que es peor;  que había muerto y nacido nuevamente.
Masaki al igual que un alto porcentaje de la población de Japón era budista y tenía el concepto que esa religión adopta con respecto a la reencarnación; el Budismo cree en el renacimiento, un concepto que tiene algunas diferencias con el concepto de reencarnación, Masaki defendía ese concepto que sostiene que el renacimiento abarca seis estados de existencia que todos los seres dotados de sensibilidad deben atravesar para cumplir con una ley del Karma por errores cometidos en vidas anteriores, pero a su vez esta teoría sostiene la idea de que la persona puede tomar la decisión de volver a nacer después de su muerte y hasta de elegir el nuevo vientre materno del que nacerá, se cree que el lapso de tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento de la persona es de cuatro días y que en el caso de que una persona muriese sorpresivamente sin haber cumplido su misión en esa vida, debería cumplirla en la vida siguiente, para el Budismo el alma, el espíritu y la sabiduría de una persona son capaces de reencarnar en tres cuerpos distintos,  por lo tanto, para Masaki, los indicios de recuerdos de una vida pasada en su paciente indicaban que éste cargaba con un castigo ya que el renacimiento es considerado una transición en la cual se debe enmendar errores pasados.


Capítulo V

Daniel; el hijo de Dayana que Indio crió como un hijo propio junto a su hija Magali,  estaba encargado de los grandes negocios que Indio había hecho durante esta vida.  Cuando Indio completó sus estudios secundarios decidió que trabajaría en lugar de seguir estudiando y así comenzó a ahorrar dinero hasta abrir su propio negocio y luego una sucursal de este y luego otra hasta tener dinero suficiente como para comprar todos los negocios que comercializaban  cigarrillos al por mayor de esa ciudad, pero el dinero no siempre provenía de puro esfuerzo, en sus comienzos cuando tenía solo dos sucursales de su negocio, Indio compraba mercadería a piratas del asfalto a un precio inferior que lo que debía pagar legalmente y así al vender esa mercadería su ganancia era tres veces más que comprándola legalmente, lo cual le permitía venderla un poco más barata que la competencia hasta que lograba quitarles todos los clientes y que el negocio solo tuviera perdidas para luego ir a ofrecer una razonable suma de dinero, comprarlo y que ya no fuera competencia sino propio. El sistema era siempre el mismo:  Indio compraba mercadería robada a los hombres que en el medio de la noche atracaban un camión, ataban de pies y manos a el conductor y a quienes lo acompañaran, les vendaban los ojos y los dejaban encerrados en la parte trasera del vehículo, tirados entremedio de la mercadería, se dirigían hacia un depósito general en el cual guardaban la mercadería para abastecer a todas las sucursales, descargaban el camión y luego conducían durante más de una hora y abandonaban el camión a orillas de alguna ruta dejando al conductor y a sus hombres atados y amordazados para ganar tiempo y escapar sin peligro de ser descubiertos. Indio lo sabía pero no sentía culpa porque la banda no mataba a nadie, estos hombres  eran los proveedores de mercadería de Indio desde  sus comienzos como comerciante y le era completamente difícil sacárselos de encima, en la actualidad ya no necesitaba comprar mercadería robada pues tenía más de veinte locales de venta y había ganado lo suficiente como para que tanto él como Magali  y Daniel vivieran sin trabajar por el resto de sus vidas. Indio había invertido parte de la ganancia de sus  negocios comprando casas que de a poco tiraba abajo para  construir edificios de ocho o diez pisos y los vendía, al principio le fue un tanto difícil pero al pasar los años se fue adentrando en el negocio y logro aumentar considerablemente su fortuna, cada vez que sentía que había dominado determinado negocio comenzaba a incursionar en otro y el nuevo objetivo de Indio era la apertura de un lujoso  hotel en la ciudad en la cual era el dueño del gran negocio de los cigarrillos  y de una importante cantidad de edificios.  Indio se sentía importante, su nombre era conocido, todos sabían que había conseguido ganar mucho dinero pero quienes lo conocían desde su juventud sabían que había sido un hombre con muchos problemas de personalidad, esos problemas que había logrado superar  sin saber el verdadero motivo que los había ocasionado. Indio había viajado a Japón para aclarar muchas cosas de su infancia, se había marchado tranquilo dejando todo en manos de Daniel quien solo debía supervisar las ventas y atender algún que otro conflicto que hubiese entre los empleados, firmar algún papel que le trajeran los contadores o abogados, o simplemente ir a abrir los portones del gran depósito para el ingreso de mercadería que abastecería a la cadena de locales, era una simple tarea de la que se había ocupado muchas veces.
Daniel miraba el reloj ansioso, el cargamento se había retrasado, según los cálculos, el nuevo camión debería haber llegado hacía ya más de media hora, no podía llamar a sus proveedores porque si algo hubiese salido mal no quería ser implicado, caminaba ansioso en la puerta del depósito hasta que vio el enorme camión que doblaba en la esquina, hizo una seña al empleado para que abriera las puertas del gran depósito, una vez el camión estuvo adentro, abrieron sus puertas traseras para descargar la mercadería y Daniel vio lo que había visto muchas veces, dos o tres hombre atados, con los ojos vendados  y amordazados, tirados en medio de la mercadería, quizá alguno con algún golpe en la cara por haberse resistido pero nada más, como siempre los bajaron, los pusieron de espalda a la pared aunque tuviesen los ojos vendados  y comenzaron a bajar la mercadería, cajas y cajas de cigarrillos, nacionales en su gran mayoría e importados en menor proporción, algunas eran más grandes de lo normal.  Daniel ayudaba para terminar más rápido, luego subieron nuevamente a los hombres a la parte trasera del camión y como siempre los llevaron a abandonar el camión en la ruta.  Daniel había terminado una jornada de mucho trabajo y se había ido a descansar, dormía profundamente hasta que el sonido de su teléfono lo despertó a las dos de la madrugada, era Luis, el encargado de seguridad que llamaba para avisar a Daniel que había visto movimientos extraños en el depósito, le contaba que vio  a trasluz desde la cabina de vigilancia movimientos en el interior, el trabajo de Luis no era abrir fuego contra quien entrase al depósito a robar, de hecho, Indio jamás le proporcionó un arma, lo que Luis tenía que hacer era dar aviso a sus jefes y a la policía, así que eso fue lo que hizo, en primer lugar comunicó a Daniel y luego llamó a la policía, tanto Daniel como la justicia llegaron al mismo tiempo, rodeando el depósito con un despliegue policial que los vecinos  no ignorarían, todos miraban por la ventana y algunos salían al balcón a ver qué era lo que sucedía, en esa ciudad si ocurría un robo o un accidente la policía o las ambulancias tardaban más de media hora, pero si le ocurría a alguien que pagaba una considerable cooperadora policial tardaban menos de diez minutos.  Cuando los policías abrieron la puerta del depósito se encontraron con una escena muy confusa: había alrededor de cuatrocientos perros galgos medio desorientados que ni siquiera ladraban, algunos saliendo de las cajas, otros tirados en el piso, algunos que se encontraban en un estado no tan deplorable caminaban lento y se acercaban a los policías, Daniel no entendía nada, Luis no entendía nada, ¡la policía no entendía nada! le preguntaban de dónde habían salido aquellos perros y Daniel no podía dar una explicación. Lo que había sucedido es que esta vez los piratas del asfalto habían tenido un problema de logística, generalmente recibían la información del horario en el que un camión con la  mercadería pasaría por determinada ruta y lo esperaban pero como habían pasado más de veinte minutos de lo esperado y el camión no pasaba decidieron acercarse ellos mismos e interceptarlo kilómetros antes de lo programado, el verdadero camión de mercadería había chocado y se hallaba a más de veinte kilómetros del lugar a donde los delincuentes se dirigían y al ver un camión con características similares al que esperaban lo interceptaron sin saber que en realidad se estaban involucrando con otro tipo de negocio, los pobres animales que ahora se hallaban en el depósito de mercadería eran transportados sedados en aquel camión hacia un conteiner en el puerto para ser embarcados hacia su muerte en China, eran perros que durante su etapa de buena salud y juventud habían sido utilizados para correr carreras donde se realizaban apuestas clandestinas penadas por la ley, mientras los animales servían para generar pasión y ganancias recibían los mejores cuidados pero si sufrían una quebradura o ya no tenían la misma potencia solo generaban un gasto, la mayoría de los criadores simplemente los abandonaban en campos para que muriesen de hambre o de sarna pero como la gente que trabajaba a favor de los derechos de los animales los habían denunciados ya no podían hacer eso, entonces entre todos los criadores de perros y los propietarios de espacios en los que se realizaban las carreras clandestinas buscaron una solución a su problema, una solución que les permitiera desechar lo que  ya no les servía y a su vez obtener un beneficio y así fue como constituyeron una red ilegal de exportación que les permitiera trasladar a los animales sedados hasta el puerto para ser enviados a China y vendidos como alimento, el sedante que se les suministraba solo duraba unas horas, una vez los animales estuvieran en el conteiner  no importaba si ladraban o lloraban, nadie los oiría, debían llegar vivos a destino y de lo demás se ocuparían los Chinos.
En la comisaría Daniel tuvo que dar datos sobre sus proveedores, quienes fueron arrestados junto a varios criadores de perros y organizadores de carreras clandestinas y por supuesto junto a Daniel, era un escándalo, a las dos o tres horas habían protestas en frente de todas las sucursales de negocios mayoristas de cigarrillos de Indio, vecinos y representantes de derechos de los animales  apedreaban las enormes puertas de los locales, los empleados de seguridad de los locales al ver tanta gente enfurecida se refugiaban en el interior muertos de miedo, Lilith; la novia de Daniel,  tuvo conocimiento de lo sucedido viendo la noticia por un canal de televisión y como prácticamente vivía en la casa de Daniel tomó el auto de Magali y fue en busca de su novio pensando que Daniel podía estar adentro del local principal. Los piratas del asfalto habían cometido un gran error pero Daniel había cometido uno aún más grande, dio la información que llevó a la policía a descubrir a varios de los integrantes de las organizaciones de carreras clandestinas de perros y el jefe de esa asociación ilícita no lo perdonaría, interceptó a Lilith creyendo que era la hija de Indio y hermana de Daniel, le cruzó su auto en frente para que no tuviera otra opción que detenerse, Lilith no pudo hacer nada, el jefe de los criadores de perros y uno de los organizadores de las carreras la sacaron  del auto casi arrastrándola, la joven  en el intento de resistirse cayó de rodillas en el asfalto y uno de ellos  la arrastro del cabello, logró subirla a su auto mientras  su cómplice le inyectó una exagerada dosis del  mismo sedante que le suministraban a los perros hasta asegurarse de matarla.


Capítulo VI
El doctor Masaki consideró que el primer día de tratamiento había sido exitoso y que debía suministrar una nueva dosis de medicación para inducir nuevamente a Indio a un sueño profundo y así pasar al segundo día del proceso de cura de sueño. El doctor Masaki estaba agotado pero conforme porque había descubierto cosas de la infancia de Indio que consideraba de gran importancia como por ejemplo el hecho de que su paciente no supiera que había tenido un hermano,  pero la parte en la que más le interesaba trabajar era sobre los recuerdos de vidas pasadas que Indio había tenido antes de los diez años.
Además de Indio había cientos de internos en aquella clínica,  todos con casos de distinta importancia y características, uno de ellos era Kazu un joven de solo veinte años que había sufrido una fuerte crisis emocional a causa de haber perdido a su novia en un accidente durante las vacaciones que ambos compartían, lo que había sucedido es que Kazu y su novia eran ese tipo de jóvenes aventureros a los que les encantaba tomarse fotos en alturas completamente riesgosas, casi colgando del aire, hacía más de un año que estaban de novios y tenían fotos en más de cien lugares distintos tomadas a impresionantes alturas, no le temían a nada, no sufrían vértigo, viajaban a cualquier lugar y se hospedaban en increíbles  hoteles, pedían permiso para subir al último piso del hotel y se tomaban fotos colgados con una sola mano o de espaldas y muchas veces simplemente parados sobre algún hierro que sobresaliera hacia el vacío, para ellos era una diversión que además los convertía en gente muy popular, disfrutaban mucho su tiempo juntos porque les encantaba hacer todo ese tipo de cosas que las personas generalmente pensarían dos veces antes de hacer. Kazu sufría una gran culpa por la muerte de su novia de solo dieciocho años a quien sostenía colgada de una sola mano a trescientos metros de altura, dejándola caer hacia el vacío. Kazu había perdido el equilibrio, él también se encontraba parado sobre una columna de solo doce centímetros de ancho y cuando intentó tomar la gloriosa foto se tambaleó sobre la columna quedando colgado de un brazo en el aire y sosteniendo a su novia con el otro hasta que no resistió más y la dejó caer, era una imagen imborrable que tenía en su memoria continuamente, era el rostro de su novia alejándose en el aire, Kazu se sentía culpable y creía que no merecía seguir viviendo, eran sus padres quienes hacían lo imposible para recuperarlo y el doctor Masaki lo había logrado, con su tratamiento logró borrar completamente los recuerdos que Kazu tenía de su novia. Era común que las familias de los pacientes que se sometían a tales tratamientos cambiaran de ciudad, de trabajo, de amigos y hasta de vida para que ninguna persona conocida le contara al paciente algo de aquel pasado que le hubiesen borrado de su mente, era como una parte del ayer que jamás habían vivido.
Indio no era budista como la mayor parte de la población del país al que había ido a buscar la verdad sobre su pasado, él era católico pero jamás iba a la iglesia, no le gustaba, solo había cumplido con ciertas obligaciones de la religión por indicaciones de sus padres y luego por costumbre, había tomado la comunión y la confirmación, fue bautizado por sus padres cuando tenía seis meses de edad, se había casado ante dios con Dayana y ambos habían enviado a Daniel y Magali a clases de catecismo, pero la verdad era que Indio tenía un problema en cuanto a la fe y ni siquiera sabía exactamente el motivo, creía y no creía en la religión, se cuestionaba muchas cosas, principalmente por aquel problema que tenía de observar a las mujeres mientras dormían y de  repente representar en su mente la imagen de esa mujer muerta, había sido algo horrible que tuvo que soportar muchas veces y con lo que debió aprender a convivir y ese era uno de los motivos por el cual le era difícil tener fe en la religión porque más de una vez fue a la iglesia a rogarle a dios que esas horribles imágenes ya no se representaran en su mente pero sin embargo esto continuó sucediendo.
Para la iglesia católica el cuerpo es solo el lugar de confinamiento temporal del alma que debe purificarse en esa vida o volver a nacer en otro cuerpo sucesivamente hasta lograrlo o al menos eso era lo que Indio había escuchado cuando tenía aproximadamente doce años durante un servicio fúnebre a uno de sus compañeros de colegio, quien murió a causa de una enfermedad que había contraído. El sacerdote de la iglesia del barrio, en el intento de contener a los padres del niño intentaba transmitirles la idea de que cumplimos una función en determinado cuerpo físico y luego migramos, que si los seres humanos actúan adecuadamente la próxima vida será mejor y si se cometen pecados hay que esperar todo lo contrario. Durante el triste momento en el que el niño era despedido por familiares, amigos y vecinos, el sacerdote rezaba y pronunciaba palabras para que el alma del niño fuera al cielo, la gente repetía las mismas frases que el  sacerdote que pedía a dios que perdonase los pecados del pequeño, Indio observaba con odio al sacerdote, su amigo no había cometido ningún pecado y comenzó a detestar esas ideas que suele trasmitir la religión de que todo es pecado o de que el sufrimiento es bueno. A esa edad comenzaron los primeros conflictos con la fe, ya no era solo escuchar y repetir conceptos, era analizar si éstos tenían sentido…
 
Dormido durante su segundo día de tratamiento Indio vivía una regresión mental a través del sueño, su mente se situaba más allá de su infancia y nacimiento, se situaba en su vida anterior y era como si volviera a vivirla, estaba en su casa,  caminaba por su enorme jardín, disfrutaba de la vida y la tranquilidad, luego pasaba a la gran sala en la cual ensayaba para sus conciertos de piano y Solana aparecía frente a él, vestida con el mismo traje que solía vestir  en la función, Indio quedaba inmóvil por segundos y luego continuaba tocando, Solana bailaba para él, Indio deslumbrado ante sus hermosos ojos y su figura continuaba tocando incansablemente,  jamás terminaba su repertorio, pasaban horas de la misma manera. Ese recuerdo que experimentaba su mente de aquella vida pasada aceleraba notablemente los latidos de su corazón, Masaki lo notaba, sabía que el tratamiento hacía que la mente pasara por diferentes etapas. La mente de Indio continuaba allí  frente a Solana, reviviendo los recuerdos de una vida real anterior a esta, Solana cerraba todas las ventanas mientras miraba fijamente a Indio, él continuaba tocando hasta que ella se acercó a su piano, puso su mano sobre la mano de Indio y lo besó, era algo con lo que ambos habían soñado durante mucho tiempo pero el dueño del teatro jamás les permitía volver a  acercarse uno al otro. Solana era su ahijada y el hombre la había criado como una verdadera hija desde los cinco años, Jorge; el dueño del teatro, era el mejor amigo del padre de Solana y le prometió cuidar muy bien de su hija cuando éste estaba gravemente enfermo. El padre de Solana murió tranquilo por haber elegido a su amigo Jorge como padrino de su única hija y en agradecimiento le entregó el teatro, su única fortuna y dejó en sus manos lo más valioso de su vida.
Jorge no permitía que nadie hablara con su ahijada, la cuidaba todo el tiempo, la había convertido en una verdadera estrella, Solana no solo representaba las obras más importantes por ser la ahijada de Jorge y la hija del fundador del teatro sino porque realmente era muy talentosa y supo ganarse a la audiencia.
Esa tarde en la que Solana cerró las ventanas de la sala de la casa de Indio y lo besó fue la última vez que Indio pudo verla, Jorge se dirigió hacia la casa de Indio y de un golpe abrió la puerta, al ver a su ahijada besando al pianista del teatro, la tomó del brazo con todas sus fuerzas y se la llevó, cuando Indio intentó detenerlo, Jorge lo golpeó y le advirtió que jamás volviera al teatro.
Indio debió no volvió al teatro, ya no podía seguir trabajando allí después de un conflicto con su jefe, con el tiempo debió vender su enorme casa y mudarse a una más pequeña porque ya no tenía tanto dinero, tocaba el piano en algún teatro dos o tres veces por mes, su época de gloria había terminado hasta que a causa de su pésima situación económica aceptó trabajar en una compañía teatral Italiana, su trabajo ya no era tocar el piano para que la hermosa Solana bailara frente a él, tocaba el piano para cantantes de ópera,  Indio era completamente infeliz, su vida no tenía sentido.
Solana se casó obedeciendo las ordenes de su padrino quien solo pensaba en el dinero, su esposo hacía todo lo imposible para captar la atención de Solana quien ya no era una bailarina sino esposa de un hombre que no amaba. Ulises; el esposo de Solana, sabía que jamás lograría que ella lo amara aunque le diera todo los gustos, ella siempre le agradecía pero cuando Ulises la observaba pensativa y distante se daba cuenta de que no era feliz, al principio tuvo paciencia porque pensó que Solana se acostumbraría y terminaría amándolo pero después de tres años Ulises ya no era el mismo, se enfurecía porque Solana lo rechazaba y ni siquiera le había dado un hijo, no era un hombre feo y muchas mujeres querían estar con él, muchas, menos su esposa.
Ulises empezó a ser infiel a Solana, tenía muchas mujeres con las que pasar una noche, a algunas les pagaba, a otras les regalaba lo que quisieran, solo tenía una condición innegociable con sus amantes, todas debían aceptar que las llamara “Solana”, se los aclaraba desde el primer momento y si alguna no aceptaba que la llamara así Ulises no volvía a verla, tenía a la mujer de sus sueños como esposa pero ella lo rechazaba.
Una de las pocas mujeres que siempre aceptaba estar con Ulises y ser llamada “Solana” era Nancy, una mujer que verdaderamente se había enamorado de él, Nancy persiguió a Ulises para saber donde vivía, lo que realmente le importaba era conocer el rostro de aquella mujer que despreciaba lo que ella más deseaba; el amor de Ulises.  Nancy observó la enorme casa en la que vivían Ulises y Solana desde afuera varias veces, pero no veía a ninguna mujer, solo veía a empleados arreglando el jardín y en más de una oportunidad debió esconderse porque vio a Ulises salir por la enorme puerta que conducía al jardín para recostarse en una especie de hamaca sostenida entre dos árboles, pero allí no había ninguna mujer, no veía a nadie que pudiera ser Solana tal y como Ulises la había descripto delgada y no tan alta, con su largo cabello lacio negro y sus bellos ojos verdes. Nancy pensaba que Ulises quizá mentía para no tener un compromiso con nadie y que en realidad no estaba casado, era una mujer que jamás se daba por vencida y si Ulises no estaba casado haría lo que fuera para que se casara con ella, era joven y no le temía a nada, era todo lo contrario a Solana.
Jorge, el padrino de Solana había muerto hacía más de un año y Ulises tomó todo lo que le correspondía como socio y como esposo de Solana. Nancy pensaba que Ulises le temía al compromiso y quería demostrarle que ella lo había descubierto, una noche se las arregló para cruzar el altísimo portón de la enorme casa en la que Ulises vivía para espiarlo.  Mientras su amante dormía, Nancy logró espiar al interior de la habitación y vio a Ulises durmiendo solo, sin ninguna esposa, no había ninguna mujer allí, estaba decidida a entrar y sorprenderlo pero observó que Ulises se levantaba y corría un mueble que parecía ser un placar detrás del cual había una puerta que dirigía a un pasillo que podía observarse a simple vista, Nancy veía por la ventana de la habitación de Ulises como éste se alejaba en el interior del pasillo y notó que la habitación tenía una puerta principal, sin duda, Ulises tenía algo que ocultar pues aquel pasillo no lo llevaría precisamente al living de su casa, Nancy no podía entrar y seguirlo porque no estaba segura de la reacción que Ulises podría tener si la veía, una cosa era entrar en la habitación y sorprenderlo en su cama y otra distinta era cruzar una puerta que estaba oculta tras un placar y que obviamente no era una puerta común, Nancy entró en la habitación y se ocultó bajo la cama, casi media hora después regresó Ulises por la misma puerta por donde había salido, la cerró y tapó la entrada con el placar, eran las tres de la madrugada y Nancy debía hacer un absoluto silencio hasta las seis para esperar que Ulises saliera de su casa para atender negocios como cada día, esa fue la noche más larga de la vida de Nancy quien inmóvil bajo la cama de su amante se preguntaba si realmente valía la pena estar allí corriendo tanto riesgo de ser descubierta. A las seis en punto de la mañana Ulises se levantó, vistió tan elegante como cada día, bajó a la sala principal a desayunar y salió de su casa como cada mañana, Nancy respiraba profundamente, estaba totalmente arrepentida de haber estado allí pero no se iría sin saber más sobre Ulises, una de las mucamas de la casa entró en la habitación a arreglar la cama y a cambiar unas flores que siempre había en una mesita que Nancy pisó para bajar de la ventana, la mucama notó la marca de un calzado sobre la mesa, lo cual le pareció extraño porque Ulises era muy detallista con la higiene de su casa y principalmente con su habitación, ese era el motivo por el cual tenía más de diez empleados que mantuvieran en perfectas condiciones su casa desde el piso hasta el techo y el jardín pero la única empleada que limpiaba su habitación y mantenía su ropa limpia y planchada era Elsa, ella estaba exclusivamente para atender todo lo que él necesitara. Elsa había sido como una madre para Ulises, lo había cuidado desde que era un niño, conocía absolutamente todo de él, Ulises le había comprado una casa y le había regalado mucho dinero antes de casarse con Solana porque pensó que formaría una gran familia y que su esposa manejaría a todos los empleados y apreciaba tanto a Elsa que si a él le pasara algo quería que la mujer que había sido como una madre para él tuviera una vejez tranquila y que jamás pasara necesidades económicas, pero Elsa no quería irse, guardaba todo lo que Ulises le daba pero seguía viviendo en aquella casa y cuidando de él. Elsa sospechó que alguien pudo haber estado con Ulises esa noche, arregló la cama, limpió la mesita, cambió las flores y abrió el placar para asegurarse de que la ropa estuviese en perfecto orden, por ultimo corrió el placar para revisar que la traba que aseguraba la puerta que se hallaba detrás del placar  estuviese correctamente puesta, volvió a tapar la puerta con el placar y salió de la habitación. Si Ulises guardaba toda su fortuna allí Nancy pensó que podría ser millonaria a partir de ese día, agarró una de las fundas de la almohada de Ulises y la ató en una de las puntas para formar una especie de bolsa donde pensaba meter parte del dinero que encontrara, corrió el placar, quitó la traba que aseguraba la puerta y atravesó el largo pasillo, para su sorpresa, al caminar algunos metros éste parecía un túnel levemente iluminado que iba en desnivel hacia abajo, un lugar frio y muy húmedo muy distinto a la hermosa casa en la que Ulises vivía, Nancy trataba de apurarse pero el túnel era largo y no veía dinero ni nada de valor, simplemente paredes y techos negros que seguramente conducirían a una gran caja fuerte central.  Mientras caminaba miraba hacia atrás para asegurarse de que nadie la estuviese siguiendo, Nancy tenía miedo pero ya estaba allí, vio desde varios metros que el túnel parecía haber llegado a su fin, fastidiada por no entender qué sentido tenía un simple túnel vacío húmedo y oscuro dentro de semejante casa, al llegar al final de éste comenzó a golpear la pared con sus puños, estaba llena de odio, había perdido su tiempo, había querido demostrarle a Ulises que sabía que él no estaba casado y luego al ver la oportunidad de obtener dinero había querido robarle pero no había conseguido nada, golpeó la pared con todo el odio del mundo y notó que se movió, la empujó con fuerza y notó que una parte de ésta era una puerta, la abrió y descubrió el secreto de su amante: allí no había dinero ni lingotes de oro, Nancy vio lo más horrible que podría haber visto en su vida, allí estaba la bella esposa que Ulises describía, delgada, no tan alta, con su lacio y largo cabello negro y sus bellos ojos verdes, en algo parecido a una enorme caja musical de cristal que giraba con una suave música apenas imperceptible, estaba vestida de bailarina, era una caja musical humana alumbrada desde una esquina del túnel con una luz que formaba un círculo alrededor de ella como si fuese una escena teatral, era el peor espectáculo que Nancy jamás había visto, estaba aterrorizada. El cuerpo embalsamado de Solana cuidadosamente sujeto dentro de la caja de cristal con sus manos pegadas por encima de su cabeza y uno de sus delicados pies con la punta pegada sobre la rodilla de la otra pierna, tal cual la autentica imagen de la bailarina de una caja musical, ni siquiera la muerte le había quitado la belleza. Ulises había embalsamado el cuerpo de la mujer que lo había rechazado para poder observarla siempre de la misma manera, de la misma forma en que la había visto por primera vez representando aquella obra en el teatro mientras Indio tocaba su piano y la admiraba. Nancy estaba aterrada, Ulises era un psicópata, no era más que un demente, un asesino que si supiese que ella había estado allí la mataría, escuchó que alguien caminaba por el túnel y tuvo que ocultarse en un extremo de éste, era Elsa, la mucama de confianza de Ulises quien como cada mañana ingresaba al túnel a programar la música de la gran caja musical de cristal para que sonara continuamente y revisar que la iluminación y la temperatura fuesen adecuadas para que todo siguiera en orden. Nancy aterrada de ver el cuerpo de Solana embalsamado girando con aquella música que le parecía una tortura, esperó a que Elsa estuviese lista para marcharse, sabía que la mucama trabaría la puerta y no podría salir así que cuando Elsa comenzó a caminar por el largo túnel, Nancy caminaba tras de ella sin hacer ruido hasta que se animó a agarrarla de atrás y cuando Elsa se dio vuelta la desmayó de un golpe en el rostro y huyó dejándola encerrada en el túnel. Eran menos de las once de la mañana y Nancy sentía que había vivido suficiente cosas horribles como para el resto de su vida, era una joven de solo veinte años que había practicado deportes toda su vida, ya no estaba dispuesta a permanecer ni un solo minuto en aquella casa a la espera de que no hubiese nadie para salir, decidió que saldría corriendo como fuese y que golpearía a quien se le interpusiera en el camino, tomó el jarrón de flores que se hallaba en la mesita y lo rompió, con un trozo del jarrón roto en su mano estaba decidida a salir de allí corriendo y herir a quien se le interpusiera, salió de la habitación de Ulises corriendo, atravesó la gran sala principal sin mirar a sus costados, la puerta estaba abierta de par en par salió corriendo por el jardín para dirigirse hacia el portón de salida, los empleados que arreglaban las plantas y limpiaban el enorme patio se miraron unos a otros y nadie intentó detenerla, salió corriendo tan rápido que no les dio tiempo a nada, uno de ellos se dirigió a la cocina para ver si Elsa sabía algo a cerca de tal situación pero como no la encontraron simplemente siguieron trabajando. En aquella casa se vivía una vida tranquila, quizá sería una amiga de Elsa, el resto de los empleados ignoraba la realidad, solo sabían que la esposa de su jefe había muerto hacía unos meses y nada más.
Nancy se trasladó a vivir a otra ciudad, cada noche oía en su mente aquella horrible música, cerraba sus ojos y repetía en su conciencia la imagen de Solana girando dentro de aquella caja de cristal. Nancy había investigado que Solana era la ahijada del dueño de un teatro y que había sido obligada a casarse con Ulises, fue investigando una cosa y otra hasta saber de la existencia de Indio quien aún vivía en Italia. En una oportunidad Nancy caminaba por la calle de su nueva ciudad y vio los carteles que anunciaban que el concierto de ópera en el que  Indio tocaba el piano  se presentaría allí y se las arregló para pedir conocer al famoso pianista con la excusa de ser su seguidora desde hacía unos años, pidió tomarse una foto con él, Indio accedió y cuando Nancy lo abrazó para despedirse le dijo disimuladamente “Tengo noticias sobre Solana”, Indio se quedó inmóvil, lo último que había sabido sobre ella era que se había casado, le pidió a Nancy que lo acompañara a su camarín, el jefe de Indio lo observaba sorprendido ya que jamás había visto a Indio hablar con alguien del público y mucho menos en su camarín.  Nancy le contó a Indio todo lo que había vivido aquella horrible noche hacía ya casi un año, le redactó con lujo de detalle la manera en que había visto a Solana y se la describió tal cual era, Nancy no parecía estar mintiendo, Indio desolado ante semejante noticia lloraba desconsoladamente no solo porque la mujer que jamás había dejado de amar estuviese muerta sino también porque estaba encerrada en una caja, embalsamada y en un túnel. En su vida anterior Indio también había sido católico, creía en dios y en Jesús y estaba seguro de que nadie que estuviese muerto podría descansar en paz embalsamado y metido en una caja con música, muchas veces había soñado que Solana lloraba pero jamás pensó que estaba muerta, el  Jefe de los artistas se acercó al camarín y vio que Indio lloraba y  Nancy lo consolaba, abrió la puerta y les preguntó qué pasaba, Indio le respondió que Solana estaba muerta, él mismo le había contado en una oportunidad el motivo por el cual se había marchado de su propio país en busca de una vida distinta y por lo tanto, su jefe sabía de la existencia de Solana, Indio le había hablado muchas veces de su amor hacia ella.
 La próxima función de ópera sería dentro de cuatro días por lo cual el jefe de Indio le ofreció dinero para que viajara a la ciudad donde había conocido a Solana y donde creía que descansaban sus restos, Indio no le contó la horrible historia redactada por Nancy y al día siguiente partió hacia la ciudad dispuesto a desenmascarar al asesino y psicópata que le había provocado la muerte a su amada Solana y tanta tristeza en su vida.
Indio no quería que la policía lo tratase de loco así que no hizo ningún tipo de denuncia pero Nancy le dio un arma, ella misma había aprendido a usar armas después de aquella horrible noche por miedo a que Ulises la atacara  y tenía más de una. Indio entró a la enorme casa de Ulises dispuesto a matarlo si fuese necesario con tal de sacar aquella caja de cristal de allí y trasladar a Solana a un lugar donde su alma descansara pero cuando ingresó, los empleados de seguridad que Ulises había contratado después de encontrar muerta a Elsa, con el rostro destrozado en aquel túnel, atraparon a Indio ni bien cruzó la puerta, lo golpearon y le quitaron el arma para luego llevarlo ante su jefe. Ulises reconoció a Indio de inmediato y le dijo que lo mataría si no tenía una buena explicación para haber entrado allí, Indio le dijo que sabía lo que había hecho con Solana y que él había ido a sacarla de allí para que descansara en paz, Ulises le dijo que jamás se la daría, que Solana era su pertenencia y que aunque no quisiera bailaría para él mientras estuviese vivo, porque si ella lo hubiera amado, él hubiese sido el hombre más feliz del mundo con su esposa pero ella eligió ignorarlo, ella había elegido seguir enamorada de Indio, lo esperaba, lloraba mirando su foto y Ulises tenía que soportar ver semejante situación, había miles de mujeres que hubiesen querido estar en el lugar de esposa de Ulises, incluso Nancy había descubierto tan aberrante crimen mientras intentaba comprobar que Ulises no estaba casado con la intención de que en algún momento él quisiera casarse con ella,  pero Solana que había sido la única que le había importado lo ponía en ridículo, Elsa la odiaba, siempre la veía mirando con tristeza un piano o llorando con la foto de Indio entre sus manos y no podía entender como Ulises que era como un hijo para ella podía amarla tanto, de hecho fue quien lo ayudó a matarla sin dejar marcas visibles en su cuerpo para que quien era como un hijo para ella pudiera observar a la mujer que amaba tan bella como había sido en vida.
 Elsa había sido aún más psicópata que Ulises porque al menos él estaba enamorado y obsesionado con ella, sin embargo Elsa lo hacía porque tenía una mentalidad criminal, ella misma había matado a la verdadera madre de Ulises porque se había enamorado de el padre de éste y quería ocupar su lugar como esposa y como madre.  Ella había entendido perfectamente el sentimiento que Ulises tenía hacia Solana por su desprecio y le había resultado completamente justo mantenerla embalsamada porque Ulises no soportaría la vida sin verla.
Los hombres de seguridad  ataron las manos de Indio y lo amordazaron, se lo entregaron a Ulises  quien lo llevó hacia el túnel donde lo mataría luego de mostrarle a Solana.  Cuando la vio, aunque Ulises lo sostenía a los tirones, Indio cayó arrodillado sin fuerzas, sintió que su  corazón se rompía en mil pedazos, era lo más triste y horrible que podía haber vivido y también sería lo último. Ulises ató los brazos de Indio extendidos sobre la pared, sujetándolos de dos hierros y también ató sus pies con una cadena, lo había colocado en una posición de cruz, Indio quería liberarse para poder sacar a Solana de aquel castigo que su esposo le había dado, Ulises iba a matar a Indio pero decidió reforzar los hierros y las cadenas para que muriese solo, atado, mirando la caja de cristal en la que el cuerpo embalsamado de Solana giraba ininterrumpidamente con esa música casi imperceptible y la luz que desde un extremo la iluminaba. Indio intentó liberarse durante un día, al día siguiente estaba tan lastimado y muerto de sed que apenas podía levantar la vista para observar a Solana girando.
Habían pasado ya seis días, Indio moría de sed y de dolor, su cuerpo estaba herido y sin fuerzas y su corazón destrozado por el sufrimiento que le provocaba ver a la mujer que tanto amaba allí, era una tortura horrible no haber podido ayudarla, por momentos no sabía si se dormía o si se estaba muriendo, el séptimo día casi no respiraba y de repente sintió un alivio, escuchó la música que él mismo tocaba en el teatro y vio a Solana bailar fuera de aquella horrible caja, la vio libre, Solana bailó hasta que la música terminó y los ojos de Indio se cerraron para siempre. Ulises logró lo que quería, Indio sufrió antes de morir como él había sufrido al ser rechazado por Solana.
 


Capítulo VII

El tratamiento al que había sido sometido Indio le había hecho revivir todos aquellos recuerdos sobre su vida anterior y su muerte, esos mismos recuerdos que sus padres y un equipo de especialistas habían borrado de su memoria a la edad de diez años para poder tener una vida lo más normal posible con el único hijo con vida que les quedaba. Indio no recordaba a su hermano Ciro porque simplemente había muerto antes de que le realizaran el tratamiento y su recuerdo se había borrado de la mente de Indio como todas las cosas que había vivido hasta ese momento.
Era el quinto día de tratamiento, el doctor Masaki había recorrido la mente de Indio de una manera asombrosa,  Indio tuvo un nuevo despertar, aunque no estaba completamente consciente de la situación recordaba la existencia de Solana y se le mesclaban los recuerdos de ambas vidas, estaba un tanto desconcertado y luego de aproximadamente media hora, después de alimentarlo, el doctor Masaki le suministró una nueva dosis de medicamentos para continuar el tratamiento y salió de la habitación. Indio comenzaba a cerrar sus ojos cuando vio tras el vidrio por el cual los médicos solían observar a sus pacientes a Solana que lo observaba, trató de levantarse pero la medicación lo indujo a un sueño profundo.
Hacía unos días que el doctor  Masaki  y su esposa Hiromi ya no eran tan felices, ella había empezado a tener una conducta extraña, se encerraba demasiado en sí misma y casi no hablaban, Masaki estaba preocupado, sabía que a causa de su paciente extranjero le estaba prestando menos atención a su esposa y decidió llevarla a cenar y obsequiarle algo para que estuviesen bien como siempre y en el apuro por salir de la clínica suministró una cantidad inferior de medicación a Indio, motivo por el cual el paciente despertó solo dos horas después en medio de una tremenda confusión.  Indio se levantó de la cama dentro de la habitación de la clínica, mareado y no del todo consciente, parecía no estar seguro del motivo por el cual estaba allí, ni siquiera razonaba estar en un país que no era el suyo, se le mesclaban sus vidas, solo estaba seguro de una cosa, había visto a Solana, era ella, la había visto antes de cerrar sus ojos, la había visto tan bella como siempre, con su cabello negro largo hasta la cintura y sus hermosos ojos verdes. Indio recordaba haberla visto  embalsamada en aquella caja de cristal pero no podía diferenciar una vida de la otra pues tenía aún un leve efecto de la medicación en la sangre, estaba seguro de una sola cosa, Solana estaba viva, estaba cerca y lo había estado observando unos instantes.
Indio casi perdido y con su mente confusa entró a ducharse, vistió elegante y moderno como siempre  y salió de la clínica, caminaba como vagando por cualquier calle, hasta que vio a Solana parada en una esquina, corrió hacia ella y cuando estaba llegando un auto se detuvo y Solana subió, Indio corría tras el auto y  al verlo el doctor Masaki se detuvo, su paciente se había escapado de la clínica y lo estaba siguiendo, salió del auto y trató de contener a Indio, le dijo que lo llevaría nuevamente a la clínica, que todo estaría bien, que se tranquilizara, Indio le respondió que lo único que quería era hablar con Solana, el doctor Masaki le dijo que no sabía cómo ayudarlo ya que solana había existido en su vida anterior, Indio corrió hacia el auto del doctor Masaki, abrió la puerta y vio a Solana sentada allí, la vio tan bella como siempre, Solana existía, estaba en esta vida y se llamaba Hiromi. El doctor Masaki furioso le ordenó que se alejara de su esposa quien casualmente había visto aquel día de manera accidental a Indio a través de un vidrio mientras buscaba a su esposo dentro de la clínica, Hiromi, asustada bajó del auto y corrió hasta la puerta del edificio en el que vivía con el Doctor Masaki quien también corría tras su esposa para intentar tranquilizarla y decirle que no se preocupara que simplemente se trataba de un hombre con problemas mentales. Antes de que el doctor Masaki lograra abrir la puerta para que Hiromi pudiera entrar Indio le decía a los gritos que ella era Solana, que era bailarina, que él tocaba el piano para que ella bailara, el doctor Masaki furioso estuvo a punto de golpear a Indio cuando un policía se acercó a causa de los gritos y lo ayudó a trasladar a Indio hasta la clínica donde le volvió a suministrar la medicación para continuar el tratamiento.
Masaki tuvo mucha suerte de que un policía lo ayudara a trasladar a Indio antes de que éste provocara un shock emocional a Hiromi, pero en realidad el policía ayudó a Masaki porque tenía la orden de liberar aquella zona, debía buscar cualquier excusa para alejarse por lo menos tres cuadras, y trasladar a un loco que hablaba de una vida anterior era una excusa perfecta. En Tokyo al igual que en todos lados había distintos tipo de personas, gente buena, gente mala, gente profesional, simples obreros, policías buenos y otros como los compañeros y socios del policía que ayudó al doctor Masaki, quienes por la noche se acercaban a las puertas de la cárcel y en complicidad con los efectivos de seguridad de ese lugar se llevaban cinco o seis delincuentes y los desparramaban por la ciudad para que robaran, luego los esperaban para recibir la recaudación y antes del amanecer los devolvían a la cárcel, era un trabajo diario para el cual ellos mismos los entrenaban y lo único que les ofrecían a cambio era seguir viviendo porque si alguno se atreviera a contar algo entre todos los que estaban implicados se las arreglaban para complicar la situación del delincuente presentando cualquier tipo de prueba en su contra hasta lograr que lo condenasen a muerte. Los delincuentes sabían que la mayoría moriría sin tener siquiera la oportunidad de apelar la sentencia porque se les daba a conocer apenas horas antes y ni siquiera se les permitía despedirse de sus familiares quienes eran notificados posteriormente al cumplimiento de la condena, los delincuentes sabían que no había otra opción, sabían que desaparecerían si no obedecían, allí no existía ninguna posibilidad de pagar el error cometido y luego reinsertase en la sociedad, una vez que estabas dentro, estabas muerto, por eso era preferible robar para la policía y seguir viviendo, aprender las técnicas que les enseñaban, hacer aquel trabajo, callar y vivir mientras pudieran. Uno de los presos que  los policías solían sacar varias noches a la semana de la cárcel era Akihiro; un joven de solo diecinueve años que se hallaba privado de su libertad injustamente hacía ya casi un año, Akihiro había debido soportar todo tipo de maltratos y aberraciones comunes en una prisión, había vivido el infierno en la tierra y lo que era peor, no se lo merecía. Era un chico bueno que había sido implicado en un robo por los mismos policías que ahora lo sacaban de la cárcel para robar, el chico volvía de visitar a su tío y caminaba por una calle de Tokyo cuando otro joven pasó corriendo por delante de él y robó la cartera de una mujer, Akihiro oyó gritos y vio gente que corría y ante el desconcierto también corrió y como uno de los policías que debía liberar la zona en ese momento no había hallado un motivo para irse del lugar debía apresar  a alguien y acusarlo del robo para no correr el riesgo de ser acusado de ineficiente, no podía atrapar al verdadero ladrón porque ya sabía que tendría problemas con sus propios compañeros, entonces detuvo a Akihiro acusándolo de robar la cartera y entregársela a otro delincuente que logró huir. Akihiro estaba a la espera de su sentencia y sabía que sus posibilidades de salir en libertad no existían, siempre que salía a robar para los policías pasaba por su cabeza la idea de escaparse pero no tenía un plan, sabía que si lo intentaba y fallaba estaba muerto, caminaba cruzando la calle una y otra vez esperando lograr introducir su mano dentro de la cartera de alguna mujer para tomar su billetera sin que ésta se diera cuenta o robarle la billetera a algún hombre que la llevase un poco descuidada en el bolsillo, a veces lograba introducir la mano dentro de alguna cartera o bolso y sacaba algún teléfono celular, todo servía para los policías, lo vendían en un mercado ilegal por medio de sus contactos, pero esa noche era una noche en la que Akihiro no había tenido suerte, por más que el policía que libero la zona con la excusa de ayudar al doctor Masaki a trasladar a indio se hubiese ido parecía que nadie llevaba una billetera mal acomodada esa noche o el cierre de una cartera fácil de abrir. Akihiro sabía que no tenía demasiado tiempo, comenzaba a ponerse nervioso, pronto debía regresar al lugar donde los policías lo esperaban para recibir dinero o cualquier objeto robado y trasladarlo de inmediato a la prisión hasta la próxima noche en la que requiriesen sus servicios, Akihiro rogaba aunque sea encontrar algo tirado que entregar a la policía, pasaba por un kiosco y fingía estar mirando algo que comprar para ver si tenía la posibilidad de robar alguna billetera pero nada pasaba, de repente vio que dos turistas sostenían una cámara entre sus manos intentando tomarse una foto, Akihiro con su Inglés apenas básico se ofreció amablemente a tomarles la foto para lo cual necesitaba retroceder para enfocarlos de cuerpo completo, retrocedía más y más hasta que cuando estuvo lo suficientemente lejos de la pareja de turistas se dio la media vuelta y salió corriendo con la cámara, había conseguido robar algo que valía más que el dinero que solían tener  las billeteras que habitualmente robaba, corría desesperadamente entre la gente, esquivando a unos y a otros, el policía que había ayudado al doctor Masaki volvía en ese momento a su puesto y no tenía otra opción que perseguir al delincuente, rogando en su mente que se escapara para no involucrara a ningún policía. Akihiro corrió  hasta ver la puerta del teatro donde esa noche se presentaba la espectacular función del circo de Toshiki, faltaban solo tres minutos para que la función comenzara, sabía que lo estaban persiguiendo y entró corriendo al teatro mostrando la entrada que guardaba en su bolsillo, la había robado esa misma noche creyendo que era dinero al meter su mano en el bolsillo de la campera de un extranjero que caminaba hablando solo, repitiendo el nombre “Solana”, Akihiro entró y se mescló entre la gente del público, unos metros antes de la puerta del teatro había tirado la cámara, el policía la levantó y no tuvo otra opción que devolvérsela a los turistas para que no hicieran la denuncia, los convenció de que solo perderían su tiempo y de que eran afortunados de haber recuperado lo que les pertenecía. El policía no entró al teatro porque no estaba seguro de que Akihiro hubiese entrado allí pero dio aviso a sus compañeros y cómplices de que el joven se había escapado, Akihiro presenció el espectacular repertorio del circo de Toshiki, era como un regalo que la vida le daba, en su rostro podía verse la misma sonrisa que la de un niño, esa sonrisa que injustamente le habían robado. En cierta parte de la función una de las cantantes del circo vestida con un hermoso vestido blanco  se mesclaba entre el público y tomando la mano de cualquier espectador finalizaba la canción, la artista eligió tomar la mano de Akihiro y una luz los iluminaba en el medio del teatro, para Akihiro era como ver a un ángel, se sentía afortunado de que la cantante lo hubiese elegido entre miles de personas. Al finalizar la función el joven logró salir del teatro mesclado entre la gente, caminó libre por las calles de  su amada Tokyo, viendo las luces de su hermosa ciudad observaba a la gente caminar, hablar, sonreír, cada uno de ellos viviendo en su mundo sin percibir que eran observados. De niño y de adolescente había caminado una innumerable  cantidad de veces por aquellas calles, pero esa noche eran más bellas que nunca, parecían hasta tener más luces, más autos y más gente y lo mejor de todo era que los observaba alegre, esta vez no los observaba para robarles, sabía que su vida terminaría pronto  pero aquella noche valía la pena pues había visto las luces de su hermosa ciudad, un ángel había tomado su mano y había sido libre aunque sea dos horas, eso valía mucho más que mil noches como un ladrón en una oscura prisión esperando la justicia que jamás  llegaría.  Cuando  Akihiro vio a los policías abrió los brazos todo lo que pudo para que las balas le dieran directo en el pecho sin ningún tipo de obstáculo, miró al cielo y dijo “Gracias”   


Capítulo VIII
Masaki estaba agotado, le había dedicado demasiadas horas a su paciente extranjero y a causa de eso tenía muchos asuntos que solucionar de otros pacientes y de la organización de la clínica, quería dar de alta inmediatamente a Indio ya que había logrado que su paciente recordara lo que otro equipo de médicos le había hecho olvidar a los diez años de edad. Al doctor Masaki ya no le importaba que tan grande fuese la suma de dinero que Indio le había pagado, estaba dispuesto a devolverle hasta el último centavo con tal de que se marchara de su clínica y si fuese posible del país, quería que regresara de la misma manera en que había llegado, le preocupaba la confusión que Indio había tenido con su esposa, temía que le hiciera algún daño, Hiromi era demasiado frágil como para defenderse de una agresión. El doctor no quería que su esposa fuese a su local de venta de trajes de novia hasta que Indio se fuese definitivamente del país, le preocupaba la seguridad de Hiromi y le pidió que se quedara durante esa semana en  la casa de ambos, la convenció de que podría diseñar nuevos modelos mientras descansaba en la comodidad de su hogar diciéndole que solo sería por una semana hasta que aquel paciente se marchara, Hiromi aceptó porque también estaba un poco asustada.  Comenzó a diseñar nuevos  modelos de vestidos de novia, y en un momento en que tenía un vestido hecho por la mitad se lo probó, al vestido le faltaba agregarle parte de una larga falda, era un vestido de novias a medio terminar, era corto.  Hiromi tenía una gran duda sobre lo que Indio le había dicho, se puso el vestido, puso música de ballet y comenzó a dar unos pasos en medio de la gran sala de su casa, su corazón parecía estallar, Hiromi bailaba en puntas de pie, giraba dando vueltas con un solo pie  de punta en el piso, jamás había asistido a una clase de danza, bailó hasta que cayó desmayada y su mente la dirigió hacia algunos recuerdos de su vida anterior, vio  en su mente imágenes de sí misma bailando y algunas otras cosas que le permitieron saber que en otra vida  había sido Solana y que Indio no mentía.
Como si fuera poco, a Masaki en medio de tanto trabajo y confusiones le solicitaban que permitiese el ingreso de una nueva paciente a su clínica, una joven de no más de diecisiete años que había llegado en una ambulancia con una de las peores crisis nerviosas que el doctor Masaki había visto en un paciente durante toda su carrera. Era la hija de un militar y  estaba en un completo estado de shock, el doctor Masaki ordeno que le suministraran  un calmante para que durmiera mientras estudiaba cuidadosamente su caso. Emiko era la única hija del general Ibuki, no era la  típica chica que soñaba con ser solo  ama de casa,  una simple maestra o quizá una abogada. Emiko quería seguir los pasos de su padre, quería ser parte de las fuerzas militares de Japón y se sentía completamente lista para ser enrolada. El general Ibuki estaba lleno de orgullo por su hija, principalmente porque jamás se esperó que la chica quisiera seguir sus pasos, la adoraba, cuando la escuchaba hablar llena de orgullo por su país sentía que dios lo había compensado por la tristeza que le generó la noticia de que su esposa dio a luz una niña y no a un niño como él esperaba. Cuando Emiko era solo un bebé Ibuki estaba completamente decepcionado por haber tenido una hija mujer, prácticamente ni la miraba hasta que la niña comenzó a caminar y mientras Ibuki tomaba un café o veía las noticias, la niña se le acercaba, lo miraba y le sonreía.  Emiko era una hija perfecta, tenía menos de cinco años y ya entendía que debía hacer silencio cuando su padre leía o revisaba algunos papeles, jugaba a su lado sin hacer ruidos. Al comenzar la etapa escolar mostraba gran interés por sus obligaciones y desde los doce años le planteó a su padre su intención de incorporarse a las fuerzas militares, Ibuki estaba feliz, cada vez que le era posible llevaba a Emiko a presenciar desfiles militares o la invitaba a visitar las instalaciones de algún hospital militar, casi todos los militares de alto rango la conocían y alagaban al general porque notaban que Emiko realmente tenía condiciones o por lo menos tenía una mentalidad militar, hablaba poco, solo cuando era necesario pero cuando lo hacía decía lo que cualquier militar quisiera escuchar de su hija o de la hija de un colega. Por medio de su padre Emiko había visto muchas cosas en su vida, a su corta edad había visitado hospitales donde hombres mutilados a causa de una batalla agonizaban en una cama, había visitado las morgues donde hasta presenció tras un biombo el dolor de una madre al reconocer el cuerpo de su hijo. El general llevaba a su hija para observar que actitud tomaba  ante distintas situaciones puesto que si iba a ser parte de las fuerzas militares debía acostumbrarse al dolor, a la sangre y a la muerte.  El general cada vez enseñaba a su hija más cosas, hasta la hizo presenciar una golpiza a un oficial que había desobedecido a un superior y visitar  una  de sala de torturas, le preguntaba si era consciente de que a causa de su grado militar y de su responsabilidad, en algunas ocasiones había tenido que torturar a algún traidor y Emiko respondía que sí, porque los traidores lo merecían. Ibuki estaba feliz, su hija tenía una mentalidad completamente profesional entonces decidió contarle a cerca de algunas medidas que debían tomarse para un mejor control de la organización, el general Ibuki llevó a su hija a un enorme bunker subterráneo donde al llegar fueron recibidos por otros militares que les abrieron una puerta tras otra hasta llegar a una especie de cámara que sorprendió a Emiko por la cantidad de piezas enteras de jamón que colgaban de un gancho,  luego de unos minutos Emiko salió corriendo, llevándose todo por delante, espantada, el general que había sufrido una fractura hacía unos meses no podía correr a la velocidad suficiente como para alcanzar a su hija, a los gritos tras ella ordenaba que cerraran las puertas, entre los militares que se hallaban custodiando las puertas lograron mantenerla dentro, cuando el general se le acercó, Emiko con la mirada perdida ni siquiera oía una sola palabra, llegó en una ambulancia a la clínica del doctor Masaki quien debería someterla al tratamiento de cura de sueño para que jamás recordase que tras de esos jamones colgados en ganchos se hallaba la gran maquinaria de elaboración que era utilizada para procesar seres humanos que eran arrojados vivos dentro de ella.
El general estaba desesperado, había cometido un error, le había mostrado a su hija quien era realmente, le había contado un gran secreto militar que Emiko comprobó con sus propios ojos, el general lo había hecho porque creía que su hija estaba lista para cualquier cosa, que tenía su misma mentalidad sin ponerse a pensar que Emiko quería ser militar para luchar por su país del cual estaba completamente orgullosa, y comprendía perfectamente que a veces la gente debía morir pero también pensaba que esa muerte debía ser digna tanto para quien moría como para quien mataba. El general no quiso irse de la clínica, se quedó junto a su hija observándola dormir, pensando en que cuando comenzara el tratamiento con el doctor Masaki recuperaría el amor y el respeto de su hija y todo sería olvidado, esa era una seguridad que todos los familiares de los pacientes de doctor Masaki tenían. Ingresar en la clínica significaba la salvación de muchos. El general Ibuki observaba a su hija completamente sedada y luego observaba sus medallas de logros militares, había cometido un error y Masaki era su única salvación, no estaba dispuesto a perder ni su carrera, ni su familia.
 
 
 
 
 
Durante el siguiente día de tratamiento el doctor  Masaki volvió a someter a Indio a una profunda hipnosis para hacerle algunas preguntas, el doctor le preguntaba a su paciente  en qué lugar se hallaba el cuerpo de Solana en aquella caja de cristal similar a una caja musical del tamaño de una persona, Indio le redactaba la dirección exacta y le describía con todos los detalles la casa en la que Ulises había vivido con ella y donde la había matado para luego conservarla  bailando sólo para él. El doctor Masaki utilizó todo el dinero que Indio le pago por su tratamiento para establecer contacto con un detective del país de Indio quien con un equipo de profesionales tomó todas medidas necesarias para poder localizar el lugar. Era una casa enorme, deshabitada desde hacía ya muchos años, sus nuevos dueños tenían mucho dinero y la habían comprado con la idea de reformarla para convertirla en  una casa de fines de semana, pero tenían tanto que hacer que ni siquiera se acordaban de que la habían comprado. El detective localizó a los propietarios e inventando ser  un director de cine logró que le alquilaran la casa para supuestamente filmar partes de una película que prometía ser todo un éxito, los dueños de la casa accedieron  contentos y de hecho, si su propiedad iba a verse en la pantalla grande no era necesario que les pagaran, estaban tan felices que hasta querían ir a ver partes del rodaje por lo cual el detective debió montar una escena en el jardín abandonado de la casa, debió llenar el lugar de cámaras, luces y  verdaderos actores extras que realmente creían que estaban actuando para una película. Ante la situación, el detective debió decirle la verdad a su jefe y con un grupo de otros detectives que fingían ser los actores principales de una película, filmando paso por paso cada hecho, entraron al túnel. Caminaron iluminando con las luces de las cámaras, el detective sentía que las piernas le temblaban, hacía más de cincuenta años que nadie había vuelto a entrar en aquel túnel, mientras se iban acercando comenzaban a oír la música que sonaba suave a lo lejos, era el caso más extraño que le había tocado investigar, en un cuarto de la clínica con su computadora, el doctor Masaki recibía mediante una cámara toda las imágenes en directo de aquella investigación que parecía un cuento de terror. Finalmente la cámara enfocó lo que el detective y sus compañero fingiendo ser actores también veían, era la imagen más impresionante y triste que el detective había visto en su vida, una caja de cristal tapada de polvillo girando, con una luz que también estaba tapada de tierra, uno de los detectives se quitó la camisa para limpiar la caja de cristal mientras giraba, otro limpió el reflector que iluminaba formando un círculo alrededor de la enorme caja, los detectives y al mismo tiempo Masaki a través de su computadora vieron a la bailarina de la caja musical de cristal, Solana embalsamada y con su belleza intacta giraba dentro de la caja, Masaki se puso de pie, estaba viendo la imagen del rostro de su propia esposa girando en una caja de cristal, un frio corrió por sus venas, Indio no mentía, no estaba loco, Hiromi era Solana.
Los detectives sacaron el cuerpo en la misma caja de vidrio tapada con las camisas para que nadie más viera el rostro de Solana, también sacaron lo que quedaba de indio: solo huesos,  él no había sido embalsamado, simplemente  había sido atado en forma de cruz observando a su amada Solana hasta morir. En el jardín descuidado de aquella  enorme casa los actores hacían lo que debían hacer, se les había dicho que solo debían permanecer callados  cuando ellos salieran del interior de la casa, no sabían que saldrían con algo en sus manos, eran simples actores extras  y no preguntaban demasiado,  simplemente hacían lo que se les ordenaba, recibían la paga y nada más, los que observaban atentamente eran los dueños de la casa que esperaban ver a algún actor o personaje famoso, veían que los supuestos actores y directores trasladaban algo de considerable tamaño y lo metían en una de las camionetas pero creyeron lo mismo que todo el  mundo, que era simplemente una película.
Por medio de contactos de la agencia de detectives  trasladaron los cuerpos de Indio y  solana para que descansaran juntos en el mismo lugar, para que nadie más pudiera separarlos.


Capítulo IX

El motivo por el cual se cree que un ser reencarna en otro cuerpo o en otros cuerpos, en otra vida o en varias vidas posteriores es porque tienen asuntos pendientes que solucionar, Solana reencarnó en Hiromi y en  esta vida era la esposa de un  médico y nadie la había obligado a casarse, simplemente lo decidieron porque se amaban, Hiromi solo logró recordar secuencias de su vida anterior mediante un sueño, sabía que era cierto porque su capacidad para la danza era inexplicable, la misión de Indio en esta vida era sacar a Solana del oscuro túnel donde se hallaba, su misión era lograr que alguien encontrase el cuerpo de ambos para que descansaran, para que el alma de Solana bailara libre fuera de una caja.
En esta vida no era necesario que Indio conociera a Hiromi ni que pasara por aquel tratamiento, si Indio no viajaba  a Japón podría haber descubierto aquella historia pasada con un medico de su propio país y jamás habría vuelto a ver el rostro de Solana con vida quien ahora era Hiromi.
El doctor Masaki creyó que quizá él mismo fue el cruel Ulises en la otra vida por el hecho de estar casado con Hiromi, pero en realidad Masaki era bueno, esta era la primer vida que vivía, el verdadero Ulises de la vida anterior era su primo, el cruel Toshiki quien aún no conocía a Hiromi, Masaki lo supo por la descripción que Indio le hizo sobre ciertas características como un lunar que Ulises tenía en la frente y una cicatriz en su brazo izquierdo y por ese motivo Masaki rogaba que los días transcurrieran rápido para que su primo se marchara con su circo de la ciudad, quería volver a ser feliz con su esposa y  tampoco le importaba todo el dinero que Indio pudiese darle, no le importaba que estuviera diciendo la verdad, no le importaba que Hiromi hubiese sido en su vida anterior Solana, la amada Solana de Indio, ahora era Hiromi, era su esposa, ella misma había aceptado casarse con él y habían sido verdaderamente felices hasta que un simple paciente con problemas mentales llegó a su clínica desde otro país. Masaki; aquel hombre que se caracterizaba por su calma y responsabilidad, cuya vida organizada era un ejemplo para muchos, ese hombre que meditaba en silencio cada mañana antes de ir a la clínica, ese hombre que hacía obras de caridad en un orfanato, estaba lleno de amargura, pasaban los días y cada vez estaba más arrepentido de haber aceptado a aquel paciente extranjero, hasta parecía que el resto de los pacientes se le alborotaban.
Indio estaba bajo los efectos de la medicación que Masaki le había suministrado en el séptimo y último día de tratamiento, Masaki sabía que si le suministraba alguna sustancia nociva a través de sus venas podría matarlo en cuestión de segundos pero también sabía que se convertiría en un asesino, no estaba dispuesto a perder a su esposa y veía que su paciente, en esos ratos en los que no estaba dormido manifestaba su deseo de acercarse a ella,  por unos minutos el doctor pensó en  lo que sucedería si también Hiromi se sintiese de la misma manera, que sucedería si eligiera estar con su paciente en lugar de  seguir estando con él,  el doctor Masaki sintió que su vida no tendría sentido pero de cualquier manera no estaba dispuesto a permitir que Indio tuviera alguna posibilidad de buscar a su esposa y quedarse con ella, tampoco quería  ser un asesino. Buscó  a Hiromi  con la intención de  comprender que había en sus pensamientos, quería que su esposa le explicara cómo se sentía y que le dijera si aún lo seguía amando luego de que los recuerdos de su vida anterior hubiesen regresado a su mente, la buscó por todas partes sin lograr encontrarla, llegó triste y decepcionado a su casa pensando en que Hiromi jamás regresaría, pero ella estaba allí para decirle que lo único que recordaba de su vida anterior era quien había sido y le contó que vio en su mente como en una película partes de su vida pasada y que luego intentó volver a hacerlo de la misma manera, poniendo música y hasta poniéndose aquel vestido de novias a medio terminar que parecía un vestido de bailarina pero que no lo logró. Hiromi le explicó al doctor Masaki que no experimentaba ningún sentimiento hacia nadie que hubiese sido parte de su vida pasada, ni amor ni odio porque esta era otra vida y ella quería vivirla con él porque lo había elegido como esposo y porque tenía que darle la noticia más importante  de su vida; Hiromi esperaba su primer hijo, era el mejor regalo que podría recibir el doctor en esta vida, ahora tenía una gran razón para desligarse para siempre de su paciente.
Masaki pensaba que Indio era una amenaza para Hiromi, para el hijo que esperaban y para él, se preguntaba qué sucedería si Indio no comprendía que Hiromi ya no era Solana, que ésta era otra vida, que ahora era su esposa y que esperaban un hijo. Masaki tenía miedo, había traído a la mente de su paciente recuerdos que terminaron convirtiéndolo en su propio rival, se preguntaba cuál era el premio o beneficio que él recibía de tal situación, había ayudado a quien lo necesitaba y ahora esto representaba un problema, no sabía qué hacer, pensaba una y otra vez en suministrarle algún medicamento que le quitara la vida a su paciente extranjero.
El doctor Masaki era un excelente medico pero en una oportunidad cometió un error, mató a un paciente involuntariamente y gracias a sus contactos pudo falsificar papeles y lograr que la situación pasara desapercibida por familiares y por la justicia, si quería podría hacerlo nuevamente, después de todo estaban en juego su felicidad y su familia, entonces regresó a la clínica listo para matar a Indio, lo había decidido, estaba a punto de inyectarle una exagerada cantidad de medicación para que durmiera para siempre, pero de repente el doctor Masaki pensó que la muerte y la vida eran dos cosas iguales, pensó que la vida y la muerte eran actos recurrentes de un ser humano, que si mataba a Indio quizá volvería a nacer, todos los días nacía y moría gente, de hecho dentro de algunos meses nacería su hijo, la vida y la muerte eran cosas de todos los días, la vida y la muerte eran iguales, el fin de una significaba el comienzo de la otra, eran solo un proceso de ida y vuelta, la noche y el día, la luz y la oscuridad.
El doctor Masaki  decidió someter  a Indio a una nueva prueba de cura de sueño, lo indujo a un sueño profundo y probó una nueva técnica que había estado estudiando durante años, era un proceso mediante el cual sometería al paciente a un estado de muerte cerebral durante un tiempo inferior a un segundo y medio, pero previamente lo induciría al sueño profundo con intervalos de secciones de hipnosis durante las cuales le ordenaría una misión a su mente; Masaki le ordenó a la mente de Indio que olvidara a Solana, a Hiromi y  su vida anterior. Mediante esta efectiva práctica  al igual que cuando tenía diez años, Masaki logró borrar de la mente de su paciente todos los recuerdos del pasado  y restablecer ciertos conceptos que le permitieran  volver a tener la vida que había tenido durante los últimos años. Cuando Indio despertó al finalizar el tratamiento, el doctor Masaki le redactó las conclusiones de los resultados, le dijo que durante tantas inducciones al sueño e hipnosis que le había practicado había descubierto que sus padres junto al equipo de médicos habían tomado la decisión de practicarle la cura de sueño a causa de que había tenido un hermano mellizo llamado Ciro que había muerto a los nueve años de muerte súbita, y como tal situación le había provocado un fuerte impacto en su personalidad que lo hacía vivir lleno de tristeza, sus padres no soportaban verlo sufrir de esa manera y prefirieron borrar la existencia de Ciro de su mente para tener una vida lo más normal posible con su único hijo con vida. Indio se entristeció pero lo comprendió, agradeció al doctor Masaki, se marchó de la clínica y aprovechó su última noche en Tokio para caminar por las calles de aquella hermosa ciudad llena de luces y de gente. Se sentó en un restaurante y ordenó una porción de Yakisoba, un plato preparado con fideos, distintos tipos de carne y verduras que Indio ya había probado en un restaurante japonés de su país, quiso comer un famoso jamón que solo se conseguía en Tokyo, pero el mozo le respondió que era tan bueno que ya se había agotado… Mientras cenaba sentado en una mesa desde la que podía observar la calle, veía la caravana de casas rodantes del circo de Toshiki que se marchaba de Tokio, muchas personas saludaban a los aristas con sus manos y ante tal muestra de afecto muchos de ellos bajaban de los vehículos para rendir  honores a su público, algunos de los artistas exhibían sus malabares, muchos vestían sus trajes de escena, otros simplemente saludaban e inclinaban sus mentón manteniendo los brazos extendidos hacia ambos lados, era el regalo que el circo le daba a la gente, no podían obstruir el transito pero habían dado funciones tan espectaculares que muchos de los automovilistas que conducían pasaban por esa calle como cortejando a los artistas y nadie se molestaría. En unos minutos la calle se convirtió en una fiesta, la gente dentro de los restaurantes se ponía de pie y se acercaban para sacar fotos a través de las vidrieras, los artistas saludaban, las bestias gruñían, se iba el circo de Toshiki con sus cocodrilos, sus leones y su dragón de Komodo, varias desnudistas menos quedaban en la ciudad. El circo se marchaba con sus artistas, se iba Toshiki sin conocer su vida anterior, sin saber cuánto mal había hecho, hasta en esta vida era malvado y lo seguiría siendo aunque pasaran mil años. Desde su asiento en el restaurante Indio también saludaba a la caravana de artistas lamentando no haber podido asistir a una de sus funciones, había mucha gente en esa despedida, no faltaba nadie. Indio vio del otro lado de la calle al doctor Masaki y a su esposa, Indio pensó que  jamás había visto a la esposa del doctor, le pareció una mujer de una belleza extraordinaria, Indio había tenido muchas mujeres en esta vida pero se decía a sí mismo que si dios le hubiese puesto a semejante belleza en su camino seguramente solo hubiese tenido ojos para ella. Levantó la mano para captar la atención del doctor Masaki, quien un poco preocupado de que su paciente recordara algo levantó la mano para saludarlo desde el otro lado de la calle mientras Indio levantaba la copa como dedicándole un brindis a tal excelente profesional, que además, tenía un gusto excepcional para las mujeres.
 Indio  se dirigió al aeropuerto para regresar a su país y seguir viviendo su vida como siempre, sin recordar absolutamente nada de lo que el doctor Masaki consiguió traer nuevamente a su mente, pero viviría el resto de esta vida experimentando sensaciones comunes en personas que han muerto y  han vuelto a nacer; la sensación  de estar en un lugar por primera vez, haciendo algo nuevo y de repente sentir que ya lo había vivido, la sensación de identificarse con determinados lugares a los que quizá jamás hubiese ido, desarrollar excesivamente una capacidad para cualquier tipo de arte o idioma, tener  la sensación de no encajar en un grupo de gente de la misma edad, despertar a causa de un sueño que le provocara la sensación del impacto de una caída mientras dormía o sentirse inconscientemente atraído a leer ciertos libros o artículos que hablaran sobre una vida anterior a otra vida.   
Indio siempre decía que Tokyo era una ciudad maravillosa llena de gente especial y que algún día regresaría a ese increíble lugar.
En Tokio como en todas las ciudades del mundo había de todo, había pobres, había ricos, había gente buena y gente mala, lindos, feos, gordos, flacos, artistas que brillaban sobre una cuerda, chicas con una sola pierna que abandonaban un circo para cumplir su sueño en esa ciudad, policías que eran más delincuentes que los mismísimos delincuentes, mafiosos con un dedo cortado, jóvenes que llevaban en su corazón heridas más profundas que las de sus rostros, turistas que recuperaban su cámara de fotos, frigoríficos de “jamones”, desnudistas que se marchaban de la ciudad en el interior de un “dragón”, hombres que eran más feroces que las mismísimas bestias, mujeres que descubrían que podían girar sobre las puntas de sus pies, extranjeros que caminaban por la calle repitiendo el nombre de una mujer a la que seguirían amando aunque murieran y nacieran mil veces, y doctores capaces de  curar todo tipo de males, para  que creas que eres solo lo que ves, y para que olvides que eres parte de lo que fuiste.
 
 
 
 
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Mariana Luzuriaga ------ Buenos Aires, Mayo 2016


 



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