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Para mis lectores dejo en línea mi libro "Tokio Feroz"
Género: Realismo Mágico
Año de lanzamiento: 2016
- Registro Internacional: ISBN-10: 1521422400 ISBN-13: 978-1521422403
Estimado Lector: Siéntase libre de comentar ésta obra en el blog, es siempre bienvenido.
Breve Reseña
Indio es un hombre de cuarenta y ocho años de edad que en la actualidad disfruta de un gran éxito económico y una vida familiar tranquila, sin embargo no tiene ningún recuerdo de lo que fue su vida antes de los diez años de edad. Por medio de un familiar tiene conocimiento de que a la edad de diez años fue sometido a un tratamiento de Cura de Sueño que le hizo olvidar su pasado. En busca de la verdad sobre su vida decide viajar a Japón para someterse a un tratamiento que logre traer a su mente ese pasado que ha sido borrado, allí, con la ayuda del doctor Masaki; una eminencia en el campo de la psiquiatría, se enfrentará a la realidad. Indio como paciente vivirá y sentirá intensamente aquel pasado, el doctor Masaki asumirá uno de los retos más difíciles de su carrera.
Mariana
Luzuriaga
Índice
Personajes y hechos
redactados en este libro son ficticios, cualquier similitud con la realidad, es mera
coincidencia.
El doctor Masaki revisaba una y
otra vez la historia clínica de un paciente extranjero, el doctor era
especialista en la técnica psiquiátrica conocida como “Cura de sueño” considerada una de las técnicas más útiles a
implementar en pacientes con antecedentes de intentos de suicidio, depresiones
y cuadros psicóticos ocasionados por algún hecho de fuerte impacto en el
sistema nervioso.
La cura de sueño es un proceso
considerado de cuidado intensivo, durante el cual el paciente es sometido a un
estado de sueño inducido durante varios días, con el objeto de reducir los
niveles de estrés del sistema nervioso para poder posteriormente trabajar sobre
el sistema cognitivo del mismo.
Durante los días en que el paciente es sometido a esta práctica, el
médico debe supervisarlo continuamente ya que su sueño no es ininterrumpido
sino que tendrá momentos en los que despertará a causa de sus necesidades
físicas y hasta se alimentará, aunque esto no implica que el individuo esté
completamente consciente y con todos sus sentidos perfectamente activos. La
mayoría de los especialistas inducen al paciente a un sueño que puede durar entre
cinco y ocho días y mientras éste se encuentre bajo los efectos de tal práctica
es común que se le suministren antidepresivos y anti psicóticos, a todo este
proceso, el doctor Masaki le agregaba un
tratamiento electro convulsivo que consiste en inducir al paciente a una breve
convulsión provocada por el paso de una corriente eléctrica a través del
cerebro, estas eran técnicas conocidas y utilizadas desde hacía muchos años en
varios países, incluso en el país de donde venía el paciente, pero la técnica del
doctor Masaki revolucionaba la medicina
psiquiátrica porque además de todos esos procesos que cualquier otro médico
utilizaba, él empleaba una técnica de hipnosis hasta asegurarse de haber
logrado un perfecto resultado en los pacientes, esto significaba que si su
paciente hubiera intentado suicidarse lograría olvidar todos los motivos que lo
hubiesen arrastrado a cometer el intento de quitarse la vida. Había aprendido
técnicas de hipnosis de su abuelo quien a pesar de no haber estudiado había
atendido y ayudado a mucha gente, su nieto, el doctor Masaki le prometió antes de morir que seguiría sus
pasos y que ayudaría a mucha gente desesperada.
Masaki tenía muchos pacientes,
atendía a más de cien personas por semana, tenía su propia clínica en el centro
de Tokyo en la que siempre había
pacientes internados y otros con tratamientos ambulatorios, si fuese necesario
el doctor dormía allí mismo en una habitación que había sido acondicionada para
tal situación ya que muchas veces, dependiendo de la gravedad del paciente, el
doctor Masaki no quería dejarlo en manos de otros profesionales ni siquiera
medio día. Era un médico absolutamente profesional y no importaba cuanto tiempo
le llevara un caso, entendía que ciertos pacientes requerían mayor atención y
control que otros.
Todos los médicos de la clínica, los asistentes de recepción, farmacia,
comedor y limpieza de la clínica estaban
al tanto de que el Lunes a primera hora llegaría el nuevo paciente extranjero.
Aunque el doctor ya era bastante conocido en Japón todos sus pacientes eran
locales, no había extranjeros principalmente por algunas dificultades con el
idioma. El doctor había reservado además de la habitación para el paciente otra
de huéspedes como cortesía para la persona que seguramente lo acompañaría,
quizá este vendría con algún familiar que aunque se hospedase en un hotel sentiría la necesidad de estar más cerca
y no quería que esa persona estuviera
incomoda dormitando en la sala de recepción, además la cortesía que tuviera con
familiares del paciente hablaría aún mejor de él y así muchos vendrían de otros
países y quizá hasta le harían alguna entrevista como a tantos otros médicos.
Esa noche casi no durmió, leyó más de una vez la historia clínica de
Indio; un hombre de cuarenta y ocho años. Sus antecedentes psiquiátricos
contaban con una innumerable cantidad de
intentos de suicidio, ataques de pánico, brotes psicóticos, trastornos de
bipolaridad, depresión, ansiedad, trastornos de obsesión y compulsión y
complejo de culpabilidad. Indio había sufrido durante varios años de su vida todo tipo de trastornos. En general
los pacientes del consultorio Sufrían trastornos graves pero de a uno, era
extraño que un solo paciente hubiese sufrido tantos trastornos y lo que era aún
más extraño e incomprensible era que Indio además de todos aquellos males había
sufrido complejo de superioridad, Masaki
sabía que Indio no sería un paciente más, ¿Cómo podía una misma persona tener complejo de superioridad
y todos esos problemas a la vez?, no podía dormir pensando en eso, se imaginaba
aplicando su técnica en el paciente con patologías contradictorias y le
preocupaban los resultados.
El doctor Masaki se puso de pie y su secretaria abrió la puerta del
consultorio, el hombre extranjero no era parecido a lo que el doctor esperaba,
pensó que sería un hombre desmejorado y con apariencia de sufrimiento,
acompañado de algún pariente o traductor, la mayoría de los pacientes llegaban
a la clínica en una ambulancia de traslado y otros a pie pero nunca solos,
siempre eran acompañados por otros médicos o por su familia. Cuando el doctor Masaki
vio a Indio estiró la cabeza para ver si
detrás de aquel hombre robusto que no aparentaba más de cuarenta años y que
vestía casi al estilo de un director de cine de Hollywood venía el paciente,
pero para sorpresa del doctor, ese era Indio y no solo parecía estar en
perfecto estado de salud sino que también se presentó amablemente y hablando en
Japonés.
El doctor le pidió que se pusiera cómodo para tener una conversación
sobre el tratamiento, le explicó que usualmente los pacientes se presentaban
acompañados de algún familiar o de su médico de cabecera, que era muy común que
entraran allí en una camilla, en un
estado de shock o quizá sedados, y que le resultaba extraño y hasta incomodo
que su paciente aparentara tener un perfecto control de sí mismo y que además fuese extranjero y hablara su
idioma casi perfectamente, a lo cual Indio respondió que él había superado
muchas enfermedades de las que figuraban en su historia clínica y que ya no quería
suicidarse como tantas veces lo había deseado pero que era consciente de que
tenía un trastorno psicológico y que aunque fuese un hombre de casi cincuenta años él quería vivir el
resto de su vida tranquilo, saludable y que no quería irse de esta vida sin
aclarar ciertas dudas existenciales que tenía sobre su pasado.
El doctor Masaki tenía treintaiséis años y estaba casado hacía solo cuatro
meses con la bella Hiromi, una mujer diez años menor que él. Hiromi era
diseñadora de alta costura y tenía su propio salón de diseño, producción y
venta, era un negocio muy grande pero lo
llevaba adelante perfectamente, se ocupaba cuidadosamente de cada detalle,
tenía más de cuarenta empleados entre los de producción, diseño y venta al
público, tenía ideas y estilos para todos los gustos y todas las edades, había
diseñado vestidos de bodas para varias mujeres famosas, entre estos, un vestido
de bodas negro para una conocida cantante de heavy metal que Hiromi consideraba
una de las prendas más extravagantes que había diseñado hasta el momento, en
aquel salón había dos pantallas enormes,
una desde el techo hasta el piso en la
que se podía ver un video de las fotos
de todas las prendas que se habían diseñado, fabricado y vendido desde que el
salón comenzó a funcionar, la otra pantalla idéntica transmitía el mismo video pero hacia la calle.
Mucha gente se detenía a mirar tan deslumbrante buen gusto y a soñar con
aquellos diseños, así como el doctor
Masaki se había detenido a mirar aquella pantalla una tarde de lluvia,
había quedado completamente cautivado pero no por un traje de novias sino por
la modelo que lo vestía, era Hiromi que hasta antes de contraer matrimonio era
ella misma quien posaba para fotografiar todos los diseños de su marca, Masaki
la observó en las fotos casi cuarenta minutos, era un día de mucho trabajo pero
Hiromi desde el interior del salón miró más de una vez hacia afuera y notó que
aquel hombre seguía deslumbrado ante la pantalla, creyó que quizá le había
gustado algún modelo para su prometida así que finalmente se acercó a la puerta
de entrada del salón para obsequiarle un
catálogo que ella misma solía entregar a todos los clientes, Masaki le agradeció disimulando completamente su
sorpresa de que aquella modelo entregara el catalogo en mano, pasó varias
tardes por la puerta de aquel salón y miraba disimuladamente hacia adentro
hasta que de alguna manera consiguió una cita con la mujer que tanto admiraba,
se sentía deslumbrado por su belleza, no era una mujer común y cuando tuvo la oportunidad de tenerla cerca
hizo todo para conquistarla y casarse con ella, estaba muy enamorado y
pendiente de su esposa, cuidaba todos los detalles pero aún así jamás descuido
la clínica. Masaki tenía un importante
laboratorio de investigación que abarcaba varias áreas, por un lado tenía el
laboratorio farmacológico para el que había contratado renombrados
especialistas que constantemente
probaban nuevas formulas y componentes para desarrollar medicamentos
innovadores que contribuyeran a revolucionar la medicina psiquiátrica, y por
otra parte el laboratorio también desarrollaba nuevos conceptos sobre terapias
y prácticas de hipnosis que probaban en los pacientes con el consentimiento de
sus familiares, el doctor Masaki cuidaba mucho a sus pacientes y tenía un gran respeto
por la familia de éstos porque
consideraba que la evolución de un paciente debía ser acompañada por la
contención y el afecto familiar.
Recostado en el diván, Indio estaba a punto de comenzar a explicar al
doctor Masaki el motivo por el cual se hallaba allí, el motivo por el cual
había viajado tantas horas en avión y el motivo por el cual lo había elegido
como médico. Masaki escuchaba atento el
relato de Indio que le explicaba que había ido hasta allí porque no había otro
médico en el mundo con tan buena reputación en aquel tratamiento o práctica
llamada cura de sueño, aunque el doctor
Masaki no era famoso porque
recién comenzaba a ser un medico renombrado lo que Indio decía era
cierto, era muy respetado entre sus colegas, era un medico excelente que
implementaba las nuevas técnicas y medicamentos que se iban aprobando en su
laboratorio y había logrado recuperar la salud mental de muchos pacientes que
solo esperaban la muerte. Indio continuaba explicándole al doctor que él había
sido sometido a un tratamiento de cura de sueño cuando tenía diez años de edad,
que no estaba seguro del motivo por el cual sus padres y los médicos habían
tomado tal decisión, que no recordaba prácticamente nada de su infancia, no
tenía memoria más que de algunos eventos escolares o recuerdos de la fiesta de
uno de sus cumpleaños. No recordaba
mascotas, amigos, juegos, casi nada que
hubiese sucedido antes de que tuviese diez años y que de hecho, tampoco
recordaba que se le hubiese practicado el tratamiento o proceso de cura de
sueño sino que se había enterado por casualidad cuando tenía más de cuarenta
años, motivo por el cual no estaba seguro de lo que realmente le había
sucedido. Indio tuvo conocimiento de que se lo sometió a una cura de sueño
porque tenía una tía que era solo siete años mayor que él, por lo tanto, cuando fue sometido al
tratamiento su tía era una adolescente y recordaba perfectamente lo sucedido,
en una oportunidad se lo menciono sin entrar en detalle, cuando Indio quiso que le explicase más
concretamente de que estaba hablando le dijo que solo recordaba un comentario
de la familia y no quiso decirle nada
más, por eso intentó investigar
recurriendo a los hospitales en los cuales pudo haber sido atendido pero no
figuraba en el registro de ninguno, quería saber cual fue aquel evento tan
traumático que los médicos borraron de su memoria, sus padres eran tan buenos
que seguramente habría sido algún accidente o un episodio de robo o algo que lo
había dejado traumado y como Indio tenía tanto dinero y casi nada más que hacer
que ocuparse de sí mismo y de su lujoso estilo moderno de vida, ahora se
le había ocurrido recuperar aquellos recuerdos perdidos. En la actualidad era
un hombre de muchísimo dinero y una vida social muy activa, pero entre los
veinte y treinta años había sido una persona muy antisocial, con muchos
problemas de personalidad, los mismos que figuraban en la historia clínica que
el doctor Masaki había leído detenidamente, esa misma historia clínica en la que se incluían
varios intentos de suicidio. Indio le
contaba al doctor Masaki que él mismo había tomado la decisión de experimentar
un cambio en su vida y que había decidido a los treinta años de edad empezar a
hacer todo lo contrario a lo que había hecho hasta ese momento y enfrentarse a todo
a lo que le había temido y poco a poco comenzó a tratar con mucha gente y a
hacer cosas que jamás se le hubiesen ocurrido hacer, le contó que con el correr de los años logró
ser feliz y que sabía que había perdido mucho tiempo en su vida pero que también
sabía que al tiempo que le restara de vida
lo viviría intensamente, sin privarse de nada, permitiéndose conocer,
sentir y vivir todo lo que deseara, le
explicó al doctor Masaki que había llegado hasta allí con la intención de que
le practicase un tratamiento inverso a
la cura de sueño que le revirtiera el efecto que ésta le hubiese producido a
los diez años para lograr recordar aquello que sus padres y los médicos le
hicieron olvidar, Masaki atónito ante semejante pedido no sabía que responder,
no tenía un tratamiento que provocara el efecto inverso, además si existiese,
el doctor no le aconsejaría a nadie probarlo porque si el tratamiento inverso
le generase un fuerte nivel de stress quizá provocaría en el paciente una depresión que lo condujese a una muerte segura, era una
locura y de ninguna manera estaba dispuesto a correr semejante riesgo. Indio le
aseguraba que había logrado un nivel de autoconfianza y de apreciación por su
vida que jamás sería revertido, le decía que estaba seguro de lo que estaba
pidiendo y repetía una y otra vez que quería vivir esa experiencia y que pasara
lo que pasara jamás intentaría suicidarse otra vez y que en el caso de que lo
hiciera al menos había sido feliz, le aseguraba que en esos últimos años había
vivido intensamente, tan intensamente que sentía que cada uno de ellos valía
por diez y le proponía a Masaki firmarle una autorización para disponer de su
vida y someterlo al tratamiento que fuese necesario, era como un contrato en el
que el doctor no tendría ninguna responsabilidad por los efectos ocasionados
por el tratamiento y eso no era todo,
Indio había llevado una maleta repleta de dinero proponiéndole al doctor que la
aceptara para ampliar la clínica y especialmente el laboratorio en el cual se
creaban nuevos medicamentos para ayudar
a tanta gente que lo necesitaba, el doctor Masaki aunque no tenía tanto dinero
hacía muchas obras de caridad, donaba medicamento en hospitales y alimentos a
un orfanato que se hallaba a solo diez cuadras de la clínica porque había atendido
a niños con severos trastornos psiquiátricos que vivían allí, por lo cual
aceptó la propuesta de Indio con la
condición de que esperase por lo menos dos días a que pudiera armar un plan de
tratamiento ya que nunca había trabajado sobre un paciente intentando revertir
un tratamiento de tales características.
A los seis años de edad Indio causaba problemas a sus padres y a su maestra, era un chico caprichoso que de
repente quería algo e insistía hasta que
lo conseguía o hasta que lo castigaban, como aquella mañana en la que estaba
desayunando con su madre y su hermano mellizo y de repente dio un golpe de puño
en la mesa y preguntó: “¿Donde está el
piano?”, su madre levantó la vista porque estaba leyendo la portada del diario
que el padre de Indio había dejado sobre
la mesa y enojada por tal muestra de mala educación le preguntó ¿Qué piano?,
Indio respondió “Mi piano” ¿Qué hiciste con mi piano?, Ciro; el hermano mellizo
de Indio, dejó caer la tostada que estaba a punto de comer, su madre quería
retarlo pero no entendía ni siquiera de que hablaba, además su propio hijo de
solo seis años la estaba agrediendo, se puso de pie y le exigió que se
disculpase, Indio contrariamente a lo que su madre esperaba siguió dando golpes
de puño a la mesa diciéndole “Quiero mi
piano, dame mi piano”, la madre no tuvo
otra opción que sostenerlo de los brazos y gritarle para que se callara, Indio
la miraba y respiraba profundamente, lloraba sin consuelo mientras la madre le
decía que no tenían un piano, que jamás habían tenido un piano, que quizá soñó
tener un piano pero que debía aprender a diferenciar un sueño de la realidad
porque era bastante desobediente pero esto de no distinguir la realidad de la
imaginación o de los sueños era demasiado, y que si volvía a ponerse agresivo de esa
manera lo castigaría durante una semana sin importar nada más.
En la escuela Indio era un estudiante regular, Ciro, su hermano
mellizo, estaba entre los mejores
alumnos y muchas veces ayudaba a Indio, como hermanos tenían una relación
completamente normal, compartían juegos, paseos, la habitación y hasta el banco
de la escuela.
Indio y Ciro eran muy parecidos, su maestra solo los distinguía a uno
del otro porque Ciro tenía una dificultad motriz, debía usar muletas porque había
nacido con un problema en la cadera para el cual no se había hallado solución
pero si los veía sentados eran idénticos, debido a aquel complejo Ciro era
mucho más tímido y más aplicado al estudio, siempre estaba dispuesto a adquirir
más conocimientos y observaba con admiración a Indio en las clases de deportes
porque su hermano mellizo podía hacer todo lo que para él no era posible, era
el único hermano de Indio y vivió solo
hasta los nueve años de edad.
Luego de la muerte de Ciro la familia se trasladó a otra ciudad, Indio cambió de colegio y de
amigos, tuvo una adolescencia normal, fue rebelde como cualquier adolescente
pero no experimentó ninguna situación extrema en cuanto a su conducta hasta los
veinte años, a esa edad comenzaron nuevamente los problemas, Indio se había ido
a vivir solo porque en lugar de completar sus estudios prefirió ser un simple
comerciante, había ahorrado dinero reparando computadoras desde que estaba en
la secundaria porque había completado un curso para aprender este trabajo
y rápidamente consiguió sus primeros clientes, podría haber completado una
carrera relacionada a la informática pero verdaderamente no le gustaba estudiar
así que con el dinero que había ahorrado
rentó un local y empezó su
negocio como proveedor mayorista de cigarrillos, fue un negocio muy rentable y
pronto se mudó a un local con el doble de espacio, debió contratar varios
empleados y con el tiempo abrió una sucursal en el barrio vecino, los años
fueron pasando y llegó un momento en el que comenzó a comprar todos los
negocios que comercializaban cigarrillos al por mayor de la ciudad, todo le
pertenecía, la gente lo conocía, sabían que era trabajador, que tenía mucho
dinero y lo demostraba, andaba por ahí haciendo gala de su riqueza, cambiaba de
auto más de dos veces al año, siempre tenía una novia distinta, nadie
permanecía a su lado durante mucho tiempo porque era tan soberbio que cansaba a
la gente, cansaba a los empleados, cansaba a los amigos, cansaba a la familia y
cansaba a las mujeres, no era tan atractivo como para que soportaran su mal
carácter, todas lo dejaban, era el típico hombre que no sobrevivía a la primera
cita, la mayoría de las mujeres no volvían a responderle un llamado, era un muchacho
joven pero hasta sus bromas eran raras, tenía tantos cambios de humor que
confundía a todo el mundo, solía vestirse con camisas abotonadas hasta el
cuello lo cual no era muy moderno y siempre llevaba un reloj distinto, tenía
tantos relojes que ya había perdido la cuenta, pero eso no era todo, cada vez que
compraba un reloj compraba un par de medias que tuvieran exactamente el mismo
color que el reloj, no podía ser un tono parecido, llevaba el reloj a la
tienda, pedía varios pares de medias y
comparaba para que fuera exactamente el mismo tono, cuando salía con alguna
chica que le gustaba la pasaba a buscar por su casa, estacionaba el auto en la
vereda, subía el volumen de la música hasta el límite y una vez su acompañante
estuviera a su lado en el auto, aceleraba y se marchaba a toda velocidad,
haciendo ruido con las ruedas sobre el asfalto como si manejase un auto de carreras ¿Qué padre podría aceptar
que su hija tuviera semejante personaje como novio?, no le resultaba simpático
a nadie, una vez en el restaurante, cine,
teatro o donde llevara a la chica con quien tenía una cita se aseguraba
de tirar su encendedor al piso y tener que agacharse para acercar la mano en la
que usaba el reloj a su pie y que su acompañante notara que era un hombre tan
detallista que hasta combinaba el reloj con las medias, la mayoría de las
mujeres ni siquiera se daban cuenta, solo a él se le ocurriría pensar u
observar semejante detalle, pero el hecho de que rara vez consiguiera una
segunda cita no se debía a su extraña manera de vestir ni a que la mayoría de
las chicas recibieran malos comentarios de parte de sus padres sobre lo poco
que habían visto a cerca de él desde la ventana
mientras esperaba en la vereda, sino a cierta conducta que solía tener;
casi siempre estacionaba en un lugar oscuro, comenzaba a besarlas y quería quitarles
la ropa, con semejante actitud espantaba a todo el mundo, se comportaba como un
bruto, no respetaba a nadie y por lo general no conseguía nada de ninguna, la
mayoría de las veces las mujeres terminaban golpeándolo o apretaban la bocina
de su auto como pidiendo ayuda, cuando veía que lo rechazaban simplemente se
contenía, jamás obligaba a ninguna, ponía en marcha su auto y sin dirigirle la
palabra, la llevaba hasta la puerta de su casa, abría la puerta del auto y
nunca más volvía a verla. Indio sabía que en
la siguiente cita volverían a rechazarlo pero volvía a comportarse de la
misma manera. Indio conoció a
Dayana, la sobrina de uno de sus
empleados, era otro de esos casos en
los que la sobrina tiene casi la misma
edad que su tío, Dayana tenía diecinueve años y su tío solo veintiún años, Indio consiguió una cita con la joven quien
arruinó por completo todo el repertorio que Indio tenía preparado como de
costumbre, apenas estacionó revisó nuevamente la dirección porque no podía
creer que en aquella casa hubiera música a un volumen tal que provocaba que la
de su auto ni siquiera se oyera, una vez en el restaurante, Indio tiró el
encendedor y Dayana lo levantó rápidamente, lo cual evitó que Indio pudiera
resaltar aquel detalle de las medias y el reloj, sin embargo Indio observó que
Dayana llevaba un reloj blanco del mismo color y de la misma marca que sus zapatos,
esto era insoportable, ¿Porqué se comportaría así Dayana?, ¿Para que combinaba la marca y el color del reloj con sus
zapatos?, ¡lo último que faltaba era que ella sea quien quisiera quitarle la
ropa en el auto!, no lo permitiría, fingió un malestar físico y con esa
excusa llevó a Dayana hasta la puerta de
su casa y la dejó allí decidido a no volver a verla porque aunque le encantaba
aquella chica de cabello negro rizado largo hasta la cintura y de enorme
sonrisa, no estaba dispuesto a soportar a alguien que fuese peor que él. Dayana
había hablado sin parar durante toda la cena, lo había agotado completamente.
La realidad era que Felipe; el tío de Dayana, le había advertido a la
joven sobre la conducta chocante de su jefe pero le pidió que aceptara la cita
porque sabía que si Dayana no aceptaba Indio se desquitaría aquel desplante
despidiéndolo de su empleo, por esa razón Dayana, quien en realidad era una
joven completamente normal y sencilla se comportó de esa manera, en realidad su
intención era resultarle totalmente vulgar y que ya no insistiera nuevamente.
Indio no estaba completamente enfocado en conseguir una novia, ya tenía
veintisiete años pero desde los veinte había comenzado a tener problemas, esos
problemas y fobias que en el futuro el
doctor Masaki leería en su historia clínica. Sus fobias no se debía a que sus
conquistas no tuvieran éxito o a que había conocido a una chica que era más
intolerable que él mismo y en la que se había quedado pensando, sus problemas
se debían a que muchas veces mientras trabajaba, hablaba con un cliente, tenía
una cita o simplemente cenaba solo en su
departamento experimentaba aquella sensación de transitar por una experiencia que
ya se ha vivido previamente. La explicación para los psíquicos es la paramnesia
del reconocimiento en contraposición a las paramnesias del recuerdo, para Indio
un problema… cada vez que tenía aquella sensación quería salir corriendo de
donde estuviese y ese era el apuro que tenía en cada cita, quería concretar
todo lo que le fuese posible antes de tener uno de esos ataques en los que
parecía que empezaba a darle vuelta todo, y sabía anticipadamente que palabras
o que cosas sucederían, hablaba con una persona y de repente tenía la imagen de
aquella misma persona pero muerta, era una sensación horrible, Indio pensaba
que si tenía esas imágenes en su cabeza en algún momento podría matar a alguien
y antes de matar a alguien prefería matarse él mismo, por eso lo había
intentado tantas veces, veía cosas horribles y pensaba cosas horribles. En una
oportunidad Indio llevó a su departamento a una de las tantas chicas con las
que concreto una cita, ella aceptó quedarse toda la noche con él pero para
Indio fue la peor noche de su vida, cuando ambos dormían, Indio despertó
asustado porque oyó un grito ensordecedor, como de un salto se levantó, mirando
a su alrededor como perdido y volvió a acostarse, la chica aún dormía, era
evidente que solo había sido un sueño, Indio la observaba, era muy linda,
permaneció observándola y volvió a tener
esa sensación de haber vivido esa experiencia previamente, aquella
sensación fue seguida de una especie de visiones que Indio representaba como fotos en su mente, la veía muerta, veía
sus ojos llenos de sangre, su boca abierta y las manos de un asesino en su
cuello, permaneció inmóvil durante unos segundos y su mente representó una
segunda visión, Indio se vio a sí mismo apretando el cuello de aquella mujer que
lo acompañaba esa noche, se asustó mucho, se levantó de un salto y prendió la
luz, eran las dos de la madrugada, la chica se despertó y él le mintió que
debía irse, esto le resultaba de muy mal
gusto a cualquier mujer pero de todas maneras después de que su mente
representara semejante imagen de alguien ya no deseaba volver a verla, tenía
miedo de hacerle daño. Indio sentía que sus pensamientos eran los de un asesino
y temía por la seguridad de las personas que tuviese cerca por eso hacía todo
lo que resultaba molesto a los demás
porque tenía miedo de estar demasiado tiempo con alguna y matarla, él mismo
veía en su mente la manera en la que se mataba a la gente, esas manos que había
visto en el cuello de aquella chica con los ojos llenos de sangre eran sus
propias manos, ese fue su miedo con Dayana que era una chica a la que parecía
no molestarle nada de lo que él hiciera por lo cual pensó que ella corría el
riesgo de pasar mucho tiempo a su lado y
ser víctima de alguna de sus acciones.
Indio había intentado quitarse la vida muchas veces a causa de el miedo
que le generaban esas horribles visiones que se representaban en su mente pero
además de eso, muchas veces sentía que no pertenecía a este mundo, hasta que en
un determinado momento cuando tenía treinta años decidió que quería superarlo y
entendió que debía vivir con esa realidad, le fue mucho mejor con las mujeres,
se comportaba como un verdadero caballero, les daba su tiempo, era amable, las
conquistaba, cualquier mujer aceptaría una cita con un hombre como él, Indio no
se comprometía con ninguna, era un hombre que aunque había superado muchos
obstáculos de su propia personalidad disfrutaba mucho de estar solo, tenía la
costumbre de analizar todo lo que hacía, pensaba demasiado, a pesar de que era
un simple comerciante leía muchísimo sobre diversos temas y muchas veces
deducía anticipadamente los desenlaces de un libro sacando conclusiones sobre
lo leído hasta el momento, Indio había dejado atrás aquella época de fumador
empedernido que prendía un cigarrillo tras otro al que sostenía entre sus dedos
índice y pulgar, ahora tenía una vida sana a pesar de que trabajaba
bastante.
Una tarde Indio salió a caminar, tenía ganas de ver un poco el mundo
desde afuera de su lujoso auto importado, andaba por la calle en medio de la
gente y disfrutaba de eso, era algo que hacía años que no hacía, pasear sin
rumbo por su ciudad, sin apuro, había decidido caminar un buen rato y luego
iría a cenar donde se le ocurriera, pasó por una tienda de corbatas y entró a
comprarse una, la empleada de aquel negocio era Dayana, no había vuelto a verla
desde hacía años, después de aquella cita tan frustrante la había cruzado
algunas veces en las que Dayana iba por algún motivo a hablar unos minutos en
la puerta de uno de sus locales de venta con su tío Felipe, pero apenas la
saludaba de lejos, luego Felipe logró poner su propio negocio por lo cual Indio
jamás volvió a ver a Dayana ni siquiera
de lejos. En la tienda de corbatas Dayana
no lo reconoció, Indio ya no era aquel joven que combinaba ridículamente
las medias con los relojes y estacionaba su lujoso auto con la música a todo
volumen, habían pasado muchos años y se había convertido en un hombre muy
cuidadoso de su comportamiento, ya no hacía bromas incómodas, ya no acosaba a
nadie ni era soberbio, Dayana también parecía muy correcta y se alegraba de
volver a verlo, se veía tan linda como
lo había sido diez años atrás, Indio fue muchas tardes a aquella tienda de
corbatas y se había convertido en uno de esos clientes que cualquier vendedor
quisiera tener, compraba muchas corbatas pero a la mayoría las regalaba ya que
en realidad vestía con un estilo un tanto más informal y solo en ocasiones
usaría una, finalmente Indio consiguió
una cita con Dayana y supo que ella
había estado casada y que tenía un hijo de aquel matrimonio que había terminado
hacía ya dos años, era una mujer muy educada, muy distinta a la chica de
diecinueve años que había conocido tanto tiempo atrás, Dayana estaba feliz y se
divertía hablando con Indio quien le confesó que en aquellas épocas en las que
se conocieron por primera vez, él solía tener problemas de ansiedad,
bipolaridad y muchas depresiones que lo conducían a tener un comportamiento
chocante con la gente pero que poco a poco había superado aquellos malos
tiempos y que aunque nunca se hubiese casado había tenido algunas novias y en
un caso hasta había convivido con una durante tres años hasta que por ciertas
diferencias ambos decidieron finalizar aquella relación y continuar siendo amigos.
Indio y Dayana se casaron en menos de un año, tuvieron una hija y fueron muy
felices hasta que Dayana murió, Indio fue como un padre para Daniel; el hijo
del primer matrimonio de Dayana, y junto
a Magali, la hija que la pareja había tenido, conformaban una familia muy unida
que permaneció de igual modo aún luego de la muerte de Dayana ya que Indio no
permitió que Daniel se marchara cuando su madre murió, le pidió que se quedara
a acompañarlo, a seguir siendo su familia, le dijo que lo apreciaba tanto como
a Magali que era su verdadera hija porque observaba que Daniel siempre había
adorado a su hermana y la cuidaba mucho, Indio valoraba cualquier muestra de
afecto hacia su hija porque además siempre pensaba que si a él le sucediera
algo al menos Magali tendría un hermano. Los años fueron pasando, Magali y Daniel crecieron, la joven estudiaba y
Daniel estaba a cargo de todos los negocios de su padrastro que a la vez era su
mejor amigo, ambos jamás descuidaban a Magali, cada vez que la chica iba a
algún lado uno de los dos la pasaba a buscar, sabían que tendría novio en algún
momento y respetaban todas sus decisiones pero observaban de cerca a todo aquel
que se le acercara para asegurarse de
que sus intenciones fueran buenas, Indio estaba muy tranquilo con la
ayuda de Daniel en todo sentido, tanto en los negocios como con Magali y
gracias a eso Indio pudo viajar a Japón a ver al doctor Masaki.
El doctor Masaki tenía un gran desafío, jamás había puesto en
práctica un tratamiento que provocara el efecto reverso a la cura de sueño,
hacía ya dos días que Indio estaba en
Japón, aquel hombre que vestía tan moderno y parecía mucho más joven había
rondado por toda la ciudad durante esos días probando las comidas típicas y
tratando de conocer gente, especialmente mujeres porque aunque no había ido de vacaciones, tampoco había ido
a trabajar así que quería salir y divertirse, su hija no estaba allí para
criticarlo como siempre así que si conocía a alguien no habría quien se oponga.
Masaki obsequió a su paciente extranjero una entrada para presenciar el
espectáculo que ofrecía un circo cuyo dueño era su propio primo hermano
Toshiki, el primo del doctor Masaki había sido un artista desde pequeño, era
uno de los acróbatas más famosos del mundo, había vivido de gira con el circo
desde los siete años y con el tiempo logró ser el dueño de lo que para él era
su único mundo. Toshiki compro el circo a los treinta años, era su vida y su
empresa, su circo viajaba alrededor del mundo y él no solo era su único dueño y
uno de los acróbatas más esperados por el público sino también el encargado de
adiestrar a los animales salvajes que compraba ilegalmente para que formaran
parte del repertorio. En el circo de Toshiki el público aplaudía fervientemente
la representación en la cual dos leones obedeciendo las órdenes de su amo subían a una hamaca gigante en la que se
lucían junto a una acróbata que tenía una sola pierna. Keiko tenía solo
dieciséis años y era la hija adoptiva de uno de los payasos más viejos del
circo quien la había encontrado abandonada junto a un cesto de basura. Keiko
padecía una mala formación congénita conocida como “reducción de extremidades”,
su pierna izquierda solo se formó hasta unos centímetros antes de donde debería
formarse la rodilla, era una chica hermosa y una acróbata excepcional todos sus
compañeros la apreciaban pero Keiko los detestaba, disimulaba todo lo que podía
el odio hacia toda aquella gente que vivía rodando de un pueblo al otro,
bañándose con un poco de agua dentro de una casa rodante, comiendo cualquier
cosa y vestidos como podían, porque aunque ganaran dinero estaban acostumbrados
así, se trasladaban en el barco de Toshiki y luego en sus casas rodantes de ciudad en ciudad hasta recorrer un país entero, cruzar sus
límites hacia otro país y hacer
exactamente lo mismo, en los lugares poco poblados armaban la
gigantesca carpa para dar su
impresionante show y en las ciudades más urbanas se presentaban en grandes teatros
con shows aún más deslumbrantes y todo el lujo posible que incluía los trajes
más llamativos y la mejor iluminación pero al finalizar el show la magia
terminaba y todos los artistas regresaban a sus casas rodantes, con mínimas
comodidades. Desde los nueve años de edad Keiko soñaba con vivir en una gran
ciudad, ser cantante y no volver a pisar jamás aquella casa rodante, ahorraba
todo el dinero que podía, el único motivo por el cual demoró en dejar el circo era porque sabía que su condición
física sería un irremediable obstáculo, el hombre que la había rescatado del
piso aquella noche fría cuando la
caravana de casas rodantes del circo
partía de una ciudad después de dar su última función en Rusia la adoraba y
aunque la niña no era Japonesa la llamó Keiko en honor a su abuela, estaba tan
orgulloso de la niña que había criado que el día que Keiko se marchó del
circo decidida a luchar por sus sueños, dejando solo una nota de despedida, el
pobre anciano murió a causa de un infarto fulminante.
Indio Caminaba disfrutando de todo lo que veía sin notar que era observado por dos hombres
integrantes de un clan Yakuza que controlaba un sector importante de Tokio,
como integrantes de tal organización estaban al tanto de todo lo que sucediera
en su sector por más que las calles
estuvieran repletas pues eran los encargados de cobrar comisiones por las
buenas o por las malas a varios negocios de la zona que controlaban, entre ellos restaurantes y bares, salas de
juegos, clubes nocturnos, teatros y cualquier tipo de negocio relacionado al
espectáculo. La Yakuza tenía derecho sobre todo, la mayoría de sus hombres
tenían su cuerpo tatuado casi completamente, solo dejaban una franja vertical
de unos centímetros sin tatuar en su pecho para que la piel respire y para que
nadie notara sus tatuajes al vestir su tradicional kimono, eran hombres de la
más temible mafia Japonesa pero respetuosos de sus códigos de honor, la mayoría
tenía amputada una parte de su dedo meñique por algún error que hubiesen
cometido, muchas veces eran castigados y “excomulgados” y otras veces ellos
mismos se amputaban el dedo por haber cometido un error y se lo enviaban al
ofendido como prueba de su real arrepentimiento. En Tokyo no pasaba nada y
pasaba de todo, la gente siempre tuvo conocimiento acerca de estas
organizaciones, los clanes Yacuza estaban desparramados por todo Japón y por
supuesto Tokyo no era una excepción, incluso Indio había oído hablar de los
clanes Yacuza desde muy joven porque había visto muchas películas sobre ellos.
Los orígenes de los clanes Yakuza se remontan a la época en la que Japón
concluyó su período de guerra unificándose en un solo gobierno y muchos Samurái,
que hasta ese entonces tenían privilegios por sus eficientes servicios
militares perdían sus puestos porque ya no eran necesarios para la nueva
modalidad política, muchos de ellos al caer en desgracia se suicidaban y otros
se convertían en mercenarios que trabajaban para gente que tenía mucho dinero y
mucho poder, con el tiempo comenzaron a formar escuadrones paramilitares que
operaban a cambio de dinero y beneficios y al hacerse cada vez más fuertes
lograron controlar muchos negocios ilegales en todo el territorio Japonés a
cambio de protección. En Tokyo como en muchas ciudades de Japón y en el resto
del mundo había sectores excluidos de aquella gran potencia económica, los
canales de noticias tenían prohibido difundir imágenes de pobreza, pero la
realidad era que como en cualquier otra parte del mundo los pobres también
existían, quizá no estaban a la vista, pero estaban, los clanes Yacuza de distintos sectores donaban
un porcentaje de sus ingresos a esa gente que parecía no formar parte de “La
grandeza económica” pero a su vez controlaban a la prensa para que no mostrara
algo que el mundo no debía ver pues ellos también eran tremendamente
nacionalistas y no querían que se dijera ni una sola palabra de su amado país.
Indio que dominaba perfectamente el idioma Japonés, entró a una tienda
para comprar un kimono, siempre había deseado
probarse uno de esos atuendos, allí eran algo tradicional pero en su
país nadie usaba kimonos y por eso quería llevarse uno cuando regresara, Indio
le agradeció al vendedor y le dijo que admiraba la organización y puntualidad
de su país porque sabía que los trenes jamás se retrasaban más de veinte
segundos, era un país donde los propios estudiantes realizaban la limpieza de
las aulas y las cafeterías, donde había mucho respeto por las personas mayores,
y le decía al vendedor que estaba sorprendido del altísimo porcentaje de
Japoneses que llegaban a vivir más de cien años, el vendedor como no podía ser
de otra manera, orgullosísimo de su país le respondía que la meditación y la
alimentación eran claves para la longevidad.
Indio salió de la tienda contento con su kimono y algunos regalos que
ya había comprado para su hija y para su hijastro Daniel cuando un joven
ensangrentado corriendo lo chocó con su cuerpo y le hizo tirar los regalos al
piso, Indio un poco desconcertado levantó los regalos y estaba a punto de
dirigirse al teatro para asistir a función del circo de Toshiki cuando sonó su
teléfono, era el doctor Masaki para
informarle que ya tenía lista la terapia que le practicaría y que empezarían a
la mañana siguiente, Indio guardó la entrada del circo en el bolsillo de su
campera para alguna otra oportunidad y volvió
al hotel para descansar porque aunque el doctor Masaki le había acondicionado
perfectamente una de las habitaciones de la clínica, Indio no quería estar allí hasta no empezar
el tratamiento. Esa noche, se bañó y descanso tranquilo, se preparaba para
conocer una verdad que terminaría con aquella vida tranquila que había vivido
después de los treinta años.
El joven que golpeó a Indio con su cuerpo mientras corría con su cara
ensangrentada era Kento, tenía dieciocho
años y ya se había involucrado con el clan Yakuza que controlaba la zona
de Tokyo en la que se hallaba la clínica del doctor Masaki. Kento había
cometido errores y al momento de cumplir con aquella costumbre de mostrar
verdadero arrepentimiento ante el ofendido no se atrevió a amputarse el dedo,
los hombres de rangos superiores del clan podrían haber sostenido su mano y
habérselo amputado ellos mismos pero era
tal la ofensa que les infundía que un miembro de la organización no se
atreviese a hacerlo ni siquiera por arrepentimiento o por honor que lo
consideraban digno de nada o mejor dicho digno de un castigo aún más doloroso.
Kento había nacido con una fisura en su labio superior más comúnmente
conocida como labio leporino, había sufrido muchísimo por aquella mala
formación congénita, había sido la burla de sus compañeros de clases, los niños
eran crueles y Kento pertenecía a aquel grupo de gente que parecía no formar
parte de la grandeza económica de Japón,
su familia había vivido toda su vida en Tokio solamente porque habían
heredado un departamento de uno de sus abuelos, aunque fuese una de las
ciudades más caras del mundo no albergaba solo a gente de altísimo poder
adquisitivo también había casos como los de la familia de Kento que estaban
allí casi por casualidad. Kento había sido operado tres veces en intentos de
reconstruir todo lo posible su labio pero la verdad era que la familia ya no
podía continuar pagando operaciones y Kento tenía dificultad en su
pronunciación, jamás le habían dado ningún lugar de importancia dentro del
grupo escolar, hasta las maestras parecían ser crueles, cuando por motivos de
alguna fecha conmemorativa los niños representaban alguna obra teatral, Kento
era excluido por completo, de hecho era uno de los mejores alumnos, sin embargo
no lo tuvieron en cuenta ni siquiera para ser abanderado. Desde que era un niño
de menos de doce años ya sabía que no debía esperar nada de nadie, se sentía
completamente solo y desanimado, y por momentos maldecía a sus padres pensando
que habrían hecho algo muy malo en su vida y que dios los había castigado con
su nacimiento, Kento era tan infeliz que no podía comprender que no era un
castigo hacia sus padres, era solamente una mala formación congénita que padece
mucha gente. Cuando tenía dieciséis años se enamoró de una de sus pocas amigas,
pero ella lo rechazó y fue como un detonante para que Kento decidiera dejar de
ser un buen chico para integrar una organización Yakuza con la idea de que si
llegara a tener dinero todo sería más fácil en su vida, uno de los integrantes
lo ayudó a entrar, Kento era un joven musculoso y alto para su edad, de hecho
era demasiado alto en comparación al promedio de la población masculina de
Japón, había practicado boxeo más de un año. Kento resultaba muy útil a la
organización Yakuza, si había que golpear Kento golpeaba y muy fuerte pero
muchas veces no lograba parar a tiempo y se excedía simplemente por falta de
control, en realidad Kento no era un violento por naturaleza pero cada vez que
debía cumplir con una orden lo hacía con toda la furia pues el dinero que
ganara le serviría para una nueva operación que mejoraría su rostro y por
supuesto su vida y por eso cada vez que golpeaba pensaba en todo el sufrimiento
que le habían causado las ofensas de sus
compañeros y golpeaba duro y más duro, casi siempre los dejaba cuando veía que
estaban casi muertos, el error de Kento fue que un día fue a buscar la paga que
un contribuyente debía entregar a su jefe, el dinero estaba retrasado, hacía
dos días que debía haber sido entregado por los contribuyentes y Kento había
recibido la orden de golpear duro si el dinero no estaba, entró a la oficina en
la que le pidieron que tomara asiento y aguardara, minutos después llegaba un
joven con el dinero, lo puso sobre la mesa, iba a decirle unas palabras cuando
ambos cruzaron sus miradas, Kento reconoció a Raiko, uno de sus compañeros
del colegio primario que más ofensas y
humillaciones le había hecho pasar, Raiko era malo, solía burlarse de Kento ante todos los demás
niños, se sostenía con el dedo índice la punta de su labio superior llevándola
hacia arriba y decía: “Adivinen quien soy”, Kento lo odiaba lo había hecho
sufrir tanto que era capaz de matarlo con sus propias manos, y de hecho eso fue
lo que hizo, comenzó a golpear con sus puños el rostro de Raiko mientras su
secretaria le aseguraba que todo el dinero estaba en el sobre pensando que
Kento golpeaba al joven creyendo que no le pagaría, pero no se trataba de
dinero, se trataba de años y años de humillaciones y de dolor que no podían
pagarse ni con todo el oro del mundo.
El problema no era que Kento hubiese matado a un contribuyente ni que
este hubiese sido su verdugo durante casi diez años, el problema era que el
victimario que ahora se había convertido en víctima era el hijo de un político
pero nadie lo sabía porque su padre jamás asistía al lugar por ser una actividad
incompatible con su carrera, manejaba el negocio a través de su joven hijo de
solo dieciocho años y al enterarse de que un integrante de la organización
Yakuza lo había matado exigió lo que creyó que era un castigo justo. Raiko era
muy cruel porque había aprendido de su padre. Los jefes de la organización
Yakuza le exigieron a Kento que se amputara el dedo pero Kento se negaba
diciendo que no lo había matado por negocios, lo había matado por una venganza, por un motivo personal,
mientras daba explicaciones Kento perdió demasiado tiempo, el político llegó al
lugar donde suponía que el asesino de su
hijo sería castigado para presenciar tal situación pero al ver a Kento lo reconoció, recordó que era aquel niño que
su hijo tanto detestaba y decidió que como Kento aún no se había atrevido a
amputarse el dedo, él mismo lo castigaría. El jefe de la organización Yakuza
estuvo de acuerdo creyendo que quizá el político en lugar de amputarle un dedo
le amputaría dos o tres pero aceptaba la situación porque su subordinado se
había excedido. Los Yakuza eran hombres de palabra y el jefe debería aceptar el
castigo que se le diera a Kento. El político pidió una navaja y rápidamente se
le fue proporcionada una, se acercó a Kento, pidió que lo sostuvieran y con un
solo movimiento le cortó el labio superior en el mismo lugar donde había sido
operado tras haber nacido con aquel problema, el jefe Yakuza se puso de pié de
inmediato, estaba furioso con Kento por sus excesos pero sintió un inmenso
dolor al ver el castigo que había recibido, asumió la situación como una
humillación hacia Kento pero también como un insulto hacia su rango de jefe
Yakuza. Kento salió corriendo pensando que entre su jefe y todos los demás lo
matarían, nada más lejos de la realidad… el jefe Yakuza jamás demostraba
aprecio hacia sus hombres pero eran su gente y le importaban, veía a Kento como
un joven con gran futuro dentro de la organización, era un chico rudo pero
también inteligente para negociar, además el jefe Yakuza tenía un hijo de la misma edad que
Kento y en cierta forma tenía algo de aprecio por él. El jefe Yakuza enfurecido
clavó la misma navaja en el estomago del político, enviando su alma donde
seguramente estaría el alma de su hijo, pues ambos habían sido igual de crueles
en esta vida.
Kento desesperado corrió hacia un lado y otro, desorientado, su labio
sangraba, Indio no fue la única persona contra la que Kento chocó su cuerpo
mientras corría, a solo unas cuadras de allí se chocó con Shinta, el médico de
los artistas del circo de Toshiki quien lo asistió llevándolo a una de las
casas rodantes que se hallaban bastante lejos de allí estacionadas en un lugar
que se les había concedido. Shinta anestesió a Kento y coció su herida, el
Joven no podría hablar para explicar lo sucedido pero unas horas después
escribiendo en un papel explico parte de su historia al doctor quien le ofreció
descansar a salvo en su casa rodante mientras él estaría tras el escenario
durante la función de circo por si algún artista requiriese sus servicios.
El doctor Masaki era una eminencia en psiquiatría pero además había
aprendido más de una técnica de hipnosis que su propio abuelo le había enseñado
desde muy pequeño y le explicó a Indio que implementaría una de esas técnicas
en conjunto con la cura de sueño, le explicó que registraría aquel proceso en
el cual durante cinco o siete días lo haría dormir durante la mayor parte del
tiempo con el objeto de quitar el efecto que le generó aquella primer cura de
sueño que un medico con el consentimiento de sus padres le practicó cuando
tenía solo diez años.
El doctor Masaki suministró la medicación que indujo a Indio al sueño profundo, Indio cerró los
ojos y fue como si viajara. Masaki sabía
que su paciente comenzó soñando cosas normales porque monitoreaba
cuidadosamente todo, Indio durmió durante nueve horas hasta que tuvo su primer
despertar dentro del tratamiento, como cualquier otro paciente, se puso de pié
con la ayuda del médico, atendió sus necesidades físicas en medio de un estado
de somnolencia en el que estaba medio consciente y medio perdido, comió en la
pequeña mesita que normalmente usa una persona internada, volvió a levantarse y
con la ayuda del médico se cepilló los dientes casi con los ojos cerrados,
volvió a la cama y antes de suministrarle más medicación Masaki se dispuso a
practicar la hipnosis en su paciente, para este caso tomó un pequeño cubo de
hielo como el que se agrega en una copa de bebida, lo puso en un vaso con agua
caliente y cuando el cubo se derritió en la parte del medio pasó un hilo bañado
en oro para atarlo por sus extremos, lo puso ante los ojos de Indio que medio
desorientado lo observó fijamente, el doctor Masaki sabía que en el estado en
el que se encontraba el paciente trabajaría al cien por ciento con su mente pues
no tendría esa negación que puede tener una persona con sus plenos sentidos
hacia la hipnosis.
Desde que tenía seis años Indio tenía en su mente imágenes y
situaciones de una vida pasada, era algo
cotidiano que provocase un problema con sus padres, siempre tenía ataques de
ira repentinos provocados por alguna confusión como la vez en que preguntaba
por su piano, esa mañana su madre notó que algo poco común le sucedía a Indio
que insistía en que le trajeran nuevamente el piano y cuando su madre le preguntó
de qué piano hablaba, Indio respondió “El piano que yo tocaba cuando era un
adulto”, su madre le dijo que él aún era un niño y que jamás había sido un
adulto, Indio comenzó a redactar situaciones de una vida pasada, le respondía a
su madre que él recordaba muchas cosas
de cuando era un adulto, le contaba a cerca de los conciertos que daba en los
teatros, le hablaba de su otra casa, una casa enorme con un
jardín que él mismo cuidaba y le hablaba de Solana, quien al parecer
había sido su novia en aquella vida pasada, su madre casi inmóvil lo escuchaba,
al principio creyendo que era una broma pero Indio hablaba de muchas cosas que
su madre estaba segura que un niño de solo seis años jamás podría saber, se
expresaba casi como un adulto y le decía que extrañaba mucho sus cosas, su casa
y a su amada Solana. Esa mañana Indio no fue al colegio, su madre quería escuchar todas aquellas cosas que su
hijo de solo seis años tenía para decir, para probar que estas historias eran
más que un sueño o una broma comenzó a hacerle preguntas, le pidió que
describiera a Solana, Indio respondió “Solana es muy bella, es bailarina, sus
ojos son verdes y su cabello negro, no es tan alta y es más joven que yo”, miró
a su madre a los ojos y le dijo que la extrañaba demasiado, su madre le
preguntó si Solana era su esposa o su novia, Indio respondió que no era ni su
esposa ni su novia, que era la bailarina principal del teatro y que en cada
función él tocaba el piano mientras ella bailaba, que solo podía observarla y
que la admiraba mucho pero que al finalizar la presentación el dueño del teatro
llevaba a Solana hacia el camarín y no
le permitía hablar con nadie, había otras bailarinas pero para Indio no existía
nadie más.
Una de las representaciones que
más amaba Indio era aquella en la cual Solana bailaba con una escenografía que
representaba una cajita musical, Indio comenzaba a tocar el piano y la luz
enfocaba a la bella Solana que se levantaba suavemente con su traje blanco
lleno de brillos al igual que su cabello, Solana bailaba mientras Indio la
miraba y la admiraba, estaba enamorado de ella y observaba su representación
deseando que jamás terminara, por último solana se acercaba al centro de la
escenografía y giraba sobre sí misma soportándose en una sola pierna al igual
que la muñeca de una cajita musical y finalizaba la representación, Indio jamás
se cansaba de verla y aquel día le describió a su madre aquel enorme
sentimiento que tenía hacia ella.
La madre de Indio estaba confundida, durante muchos días trató de
esquivar una conversación con su hijo, trataba de mantenerlo ocupado con juegos
y con tareas del colegio, cuando no
había nada para hacer sentaba a Indio y a su hermano mellizo a ver algún
programa infantil o a dibujar pero hasta eso era un problema, Ciro, el hermano
de Indio, dibujaba aviones, barcos o autos pero Indio dibujaba escenas de su
vida anterior, dibujaba su enorme casa, su jardín, dibujaba su piano y dibujaba
a Solana bailando frente a él, también
dibujaba al dueño del teatro siempre con cara de enojado y muchas veces
dibujaba a Solana entrando en los camarines mientras el dueño del teatro la
sostenía de un brazo.
El padre de Indio no tenía la
misma reacción que la madre, pensaba que su hijo no era normal y comenzó a rechazarlo, se sentía frustrado, no
sabía qué hacer, el pequeño Ciro tenía dificultad para caminar y aunque el
padre adoraba a ambos niños por igual había compartido mucho más tiempo con
Indio a quien le enseñaba a jugar al rugby y al notar que también Indio presentaba dificultades aunque estas no
fueran físicas comenzó a alejarse de él y la familia comenzó a transitar por
una etapa de cambios.
Habían pasado algunos meses y la familia ya no era la misma, sus padres
casi no se dirigían la palabra, su hermano Ciro estaba enfermo, era un niño que solía
contagiarse todo tipo de enfermedades, Indio decía cosas raras y su madre
tomaba nota de todos los detalles hasta que un día su padre sufrió una fuerte
crisis de nervios y comenzó a destrozar la habitación de los niños y a culpar a
su esposa de consentir a Indio en todo, con la idea de que el niño jugaría
demasiado con ciertas cosas o de que su madre le leería cuentos o lo que sea,
porque el hombre no creía ni una sola palabra de lo que escuchaba de su hijo,
pensaba que alguien le habría enseñado esa historia para que engañara a su
familia o que simplemente la había inventado para llamar la atención, motivo
por el cual a los gritos le hizo entender a Indio una orden irrevocable, desde
ese momento quedaría terminantemente prohibido hablar de otra vida que no fuera
ésta, con la amenaza de que si llegara a
repetir una de esas historias de pianos o bailarinas, casas grandes o jardines
simplemente lo enviaría a un colegio internado del que solo saldría los fines
de semana. Indio triste y lleno de temores obedeció durante un tiempo pero
luego regresaron las historias de su
vida pasada. Ya tenía nueve años y desde los seis había vuelto loco a su padre
y mantenido la atención de su madre, en su vida anterior Indio no tenía un
hermano y era tan grande el deseo de volver a estar allí, de tocar el piano y
de ver bailar a Solana que comenzó a creer
que debía organizar esta vida tal cual había sido su vida anterior
porque esa era la única manera de que Solana estuviera en esta vida cerca de
él, estaba seguro de que en algún lugar bailaría y de que volvería a verla pero
pensaba que eso solo sería posible si lograba igualar su vida presente a aquella vida anterior y quitar todo aquello
que no concordaba como por ejemplo, a su hermano. Ciro no era tan bueno como parecía,
tenía la costumbre de insultar a Indio cuando sus padres no lo escuchaban,
solía llamarlo “fenómeno” y esto molestaba mucho a Indio quien le respondía
diciéndole que moriría antes de cumplir diez años, porque era muy común que
Indio viera el rostro de una persona y su mente representara paralelamente la
imagen de aquella persona muerta, Indio solía ver el cuerpo de su hermano sin
vida en su mente y sabía que su hermano moriría pronto, Ciro lloraba, estaba
aterrorizado, como cualquier niño de su edad temía a la muerte y cualquier cosa
que Indio le dijera le afectaba porque le creía ciegamente, tal es así que un
día no soportó más el miedo y empezó a gritar que no quería morir, sus padres
desesperados le decían que eso no sucedería pero la situación le provocó tanta
angustia que Ciro sufrió muerte súbita mientras dormía, sus padres destrozados
ante la situación ni siquiera querían ver a Indio, lo enviaron a un colegio
internado durante tres meses hasta que decidieron traerlo de regreso, se
compadecieron de él porque comprendieron que era un niño y que quizá
aunque jamás hubiese asustado a Ciro,
éste hubiese muerto igualmente, quizá sin ningún motivo. Ciro ya no estaba,
Indio era su único hijo vivo y harían lo que fuese necesario para seguir
adelante, tal es así que recurrieron a
un especialista que lograse borrar de la memoria de Indio aquellos recuerdos de
una vida pasada y también de esta, entre aquellos recuerdos el médico borró
completamente de su memoria a Ciro para que jamás recordase que había tenido un
hermano.
Toshiki, el primo hermano del doctor Masaki quien ahora estaba con su circo en Tokyo
deseaba que su primo lo visitara para tener esas largas charlas que tenían cada
un par de años cuando su circo pasaba por la ciudad o cuando Masaki viajaba de
vacaciones a alguna ciudad en la que casualmente Toshiki presentara su
deslumbrante espectáculo, pero esta vez el doctor Masaki se encontraba bajo un
desafío profesional que no podía descuidar y por ese motivo solo lo había visto
un par de horas el día que el circo llegó a la ciudad, como en cada gran ciudad
poblada Toshiki presentaría su espectáculo en un importante teatro lo cual le
suponía un gasto mucho mayor que el que tenía en las ciudades menos pobladas en
las que el espectáculo era presentado en una enorme carpa. Cuando los
espectáculos eran en teatros debían trasladar a los animales que participaban
en la función muy cuidadosamente para que no sufrieran ningún tipo de accidente
ni corrieran el riesgo de escaparse ante el desconcierto que podría provocarles
el ruido de los vehículos y bocinas en una zona urbana. Toshiki no solo incluía
leones en sus shows, tenía también un cocodrilo en una piscina transparente,
rectangular sobre la cual un acróbata
caminaba sobre una cuerda mientras el público gritaba al ver que el cocodrilo
sacaba la cabeza y abría su enorme boca esperando que el acróbata cayera. Los
animales formaban una importante parte del show, aquella parte que generaba en
el espectador adrenalina pura y emoción. Toshiki desafiaba no solo a los leones
y cocodrilos para lograr entrenarlos, también se desafiaba a sí mismo con retos
cada vez más grandes y riesgosos, de una de sus giras había reclutado a una
bestia sin igual, el famoso dragón de Komodo, era un asesino al asecho, una
especie de lagarto que medía casi tres metros y pesaba alrededor de ochenta
kilos, Toshiki sabía que no podría domarlo jamás pero lo había traído cuando
pesaba menos de veinte kilos durmiéndolo
con un dardo, lo había encerrado en una fuertísima jaula de hierro preparada para resistir la
furia del animal hasta cuando completara su máximo tamaño, la
intención de Toshiki era simplemente acarrear la enorme jaula montada sobre una
tarima con ocho ruedas que formaba una especie de carro hasta el centro del
escenario o de la carpa en la cual estuvieran representando el show y hacer
acrobacias hasta fastidiar a la bestia que enfurecida parecía querer destrozar
la jaula con su enorme cuerpo, el publico gritaba, aplaudía, ovacionaban a
Toshiki, insultaban a la bestia contenida dentro de la jaula y aplaudían al ver
que se desesperaba golpeando su lomo contra los hierros y no lograba salir,
muchos no tenían idea de lo letal que era aquel enorme lagarto, por su
naturaleza carnívoro y carroñero y por
su instinto, un acechador letal de sus víctimas, un temible ejemplar de la
naturaleza que con su desarrollado sentido del olfato es capaz de rastrear a su
presa a casi diez kilómetros de distancia tal cual como Toshiki rastreaba a sus
propias víctimas. El primo del doctor Masaki
tenía a una joven mujer encerrada. Toshiki tenía su propio barco que
aunque era un barco viejo le permitía trasladar a su gente y a sus bestias para
cruzar fronteras hasta pisar tierra firme y poder trasladarse en casas
rodantes, entre ese grupo de artistas y animales también trasladaba a una joven
mujer atada como a un animal desde su barco hacia su casa rodante, todos lo
sabían, la chica se llamaba Paula y era una estudiante de arquitectura a quien
Toshiki había raptado durante una gira, la joven se dirigía a una de sus clases
cuando vio a Toshiki quien se quitó el sombrero para saludarla y con su acento
extranjero le preguntó la dirección de un teatro porque estaba un poco
desorientado, Paula amablemente le indicó como llegar mientras Toshiki la
observaba deslumbrado ante tanta belleza.
Paula era una chica poco común,
tenía una característica muy notable que la diferenciaba mucho de otras
personas, tenía un ojo celeste y otro color avellana, eso que para ella
resultaba un complejo que le bajaba tremendamente su autoestima era algo que a
la mayoría de la gente le encantaba y le resultaba muy especial, tan especial
que Toshiki pensó que jamás podría encontrar otra igual ni siquiera recorriendo
el mundo entero y por eso decidió que le pertenecía y la raptó. Aunque Toshiki
era un hombre malvado jamás la golpeó, era un psicópata que se sentaba a su
lado y le leía poemas de amor que él mismo componía especialmente para
ella mientras Paula atada de pies y
manos debía escucharlo, lo único que
Paula deseaba con todo su corazón era que Toshiki muriera para poder ser
libre y recuperar la vida que aquel malvado hombre le había robado, se
preguntaba día y noche cual era el motivo por el que dios permitió que le
sucediera tal cosa. Paula era una buena persona, solidaria y amable ese era el motivo por el cual se detuvo
a responder la pregunta de Toshiki, porque pensó que era un hombre normal que
solo estaba un poco perdido en una ciudad que no conocía.
El primo del doctor Masaki era tan temible como el lagarto de Komodo,
sabía que Paula lo rechazaba y por eso solía frecuentar aquellos tipos de
clubes nocturnos donde las desnudistas bailaban sostenidas de un caño, Toshiki
las miraba, elegía una, se paraba frente a ella para que la desnudista bailara
esperando dinero que por supuesto Toshiki le daría de a montones, porque nada
valía más la pena que tener a una bella mujer por unas horas, una mujer que
sirviese primero para darle satisfacción a tal bestia y después como alimento de otra bestia.
Saciar el hambre del dragón de Komodo no
era tarea fácil, a Toshiki le suponía un gran gasto comprar diariamente tantos
kilos de carne, tan pero tan caro que una desnudista era un alimento barato.
Mientras Toshiki se ocupaba de sus necesidades y de alimentar al dragón
de Komodo, Kento que aún estaba muy dolorido buscaba al doctor Shinta para
pedirle un calmante, miraba a través de las pequeñas ventanas de las casas
rodantes pero la mayoría estaban vacías porque los artistas al finalizar la
función aprovechaban para recorrer la ciudad, la mayoría eran Japoneses pero
pocos eran de Tokio y muchos de ellos estaban en esa ciudad por primera vez.
Kento miraba por las pequeñas ventanas pero el doctor no estaba, en una de las
casas rodantes vio a través de la ventana a una hermosa joven atada de pies y
manos, dormida en el piso, Kento sabía que algo no estaba bien en aquel lugar,
trató de abrir la puerta pero estaba con llave, volvió a mirar por la ventana y
Paula se había despertado a causa del ruido que Kento había hecho intentado
abrir la puerta, lo miró como pidiendo ayuda, Kento se desesperó, quería
ayudarla pero no sabía cómo, de repente escuchó voces y vio el rostro de temor
de Paula como pidiéndole que se fuera, Kento se agachó para ocultarse, era
Toshiki que venía a supervisar que todo estuviese bien, Paula fingió estar
dormida y Toshiki salió de la casa rodante, en ese momento uno de los artistas
saludó a Toshiki y cruzaron unas palabras sobre el show que habían dado esa
noche, estaban contentos y Toshiki le dijo al artista que lo acompañaría hasta
la puerta de su casa rodante para que le diera uno de los whiskys que les
habían regalado los dueños del teatro y que luego iría a dormir porque estaba
muy cansado, al escuchar tal cosa Kento sabía que en cuestión de minutos aquel
hombre regresaría y ya no podría ayudar a aquella chica, como Toshiki había
abierto la puerta y había dejado puesta
la llave en el vehículo, Kento que era un especialista en robos y palizas,
aunque estaba herido y dolorido no había perdido totalmente su capacidad, subió
a la casa rodante, la puso en marcha y chocándose todo lo que tuviese por
delante salió de aquel pequeño predio que se le había concedido a la gente del
circo, Toshiki corrió al ver que le robaban su casa rodante y a la chica que
tenía atada de pies y manos, no sabía qué hacer, cuando Kento pasó por su lado
a toda velocidad Toshiki le arrojó con la botella de Whisky que tenía en la mano pero era
demasiado tarde, Kento logró sacar a Paula de allí, recorrieron solo unas
veinte cuadras y dejaron abandonada la casa rodante, Kento desató a Paula pero
ninguno podía hablar, Paula había vivido un fuerte shock emocional desde que
fue raptada y Kento estaba muy dolorido,
caminaron hacia el centro de Tokio, Kento aún tenía sus padres, ya hacía unos
meses que no los veía, desde que había comenzado a formar parte de la
organización Yakuza tenía un lujoso departamento que su jefe le había dado pero
decidió regresar a la casa de su familia, sus padres se sorprendieron al verlo
después de tanto tiempo, al verlo herido, de inmediato supieron que había
estado en problemas, pero estaban dispuestos a apoyarlo en todo.
Indio fue sometido por el doctor Masaki a un tipo de hipnosis que
provoca una regresión mental, esta práctica englobaba un conjunto de técnicas
que el doctor Masaki empleaba como eficaz método de alteración del estado de la
conciencia para lograr que el paciente recordara acontecimientos del pasado,
estos recuerdos no solo debían presentarse en forma de imágenes en la mente del
paciente sino también debían generar sensaciones y emociones como por ejemplo
traer a la memoria sonidos, aromas y sabores.
El doctor Masaki necesitaba traer los recuerdos perdidos de la niñez de
Indio, era un desafío que ahora el doctor necesitaba superar tanto como su
paciente, una vez que Indio fue inducido a la hipnosis el Doctor Masaki debía
situar la mente de su paciente en su niñez. Antes de comenzar con la técnica
Masaki grabó el relato de Indio del recuerdo más antiguo que tuviese de su
infancia en el que Indio le había contado que lo único que recordaba de su
niñez era el día en que cumplió diez años, la fiesta que sus padres le habían
preparado, una fiesta en la que no conocía a nadie porque hacía solo una semana
que se habían mudado a una nueva casa, en un nuevo barrio y que sus padres al
parecer no habrían invitado a ninguno de sus antiguos amigos aunque Indio no
estaba muy seguro de haber tenido amigos pues no recodaba a nadie, ni siquiera
sabía a qué colegio había asistido hasta
ese entonces ya que al mudarse a la nueva casa también comenzó a asistir a un
nuevo colegio, le contaba que los únicos parientes que asistieron a su fiesta
de cumpleaños eran su abuela materna y una tía que era solo siete años mayor
que él y que en realidad eran las únicas dos personas que había conocido como
familia aparte de sus padres, Indio le explicaba al doctor Masaki que su padre
no había tenido hermanos y su madre tenía solo una hermana que a su vez tenía
solo una hija y ese era el motivo por el cual la familia era tan chica y que de
hecho, sus padres también habían
decidido tener solo un hijo y por ese motivo él no tenía hermanos. Indio
redactó los recuerdos de aquel día sin duda alguna de haber tenido una infancia
normal, solo estaba interesado en conocer la verdad a cerca del motivo por lo
cual los médicos borraron recuerdos de su memoria porque su tía le aseguró que
a él se le había practicado ese tratamiento.
Teniendo en cuenta ese relato previo a la inducción hipnótica, el
doctor Masaki comenzó su trabajo diciendo a Indio “Estás en tu fiesta de
cumpleaños número diez, vistes un
pantalón azul y una remera blanca, observas a tu alrededor, ves a tus padres
felices, los niños que asistieron a tu fiesta no te conocen pero se comportan
como amigos, son amables y agradecidos de haber sido invitados”, Indio
profundamente dormido mostraba un leve gesto de felicidad en su rostro, “tus padres reciben a los vecinos, tu abuela
y tu tía, que es solo una adolescente,
ayudan en la fiesta a entretener a los niños con juegos y canciones”,
Masaki sabía que el procedimiento se estaba cumpliendo adecuadamente porque
monitoreaba los latidos de su paciente y observaba aquel rostro de satisfacción
de alguien que revive un buen momento, “estas parado frente a todos los
invitados, escuchas la risa de los otros niños, escuchas como cantan antes de
que apagues las velas, están todos felices, tu puedes verlos y oírlos”, en ese
momento Indio comenzó a hacer un movimiento un tanto brusco con la cabeza, era
un movimiento como de negación, apretaba sus puños y su cuerpo se contraía, el
doctor Masaki entendió que algo indeseado sucedió en aquella fiesta y debía
saberlo, el doctor preguntó a Indio:
- ¿Qué sucede en este momento?
Indio bajo los efectos de la
hipnosis responde a las órdenes del doctor:
-Mis padres lloran.
-¿Lloran de alegría?
Indio responde:
- Lloran de tristeza.
Masaki hace una nueva pregunta:
- ¿Qué cosas sucedieron el día previo a la fiesta?
-Aún estamos desempacando ropa y
objetos por la mudanza, hay muchas cajas, están mis cosas, veo las fotos del
matrimonio de mis padres, quiero ver mis fotos de pequeño pero mi madre me las
quita y luego mi padre las tira al fuego, ambos gritan y discuten.
Masaki hace una nueva pregunta:
- ¿Cuál es el motivo por el que discuten?
Indio vuelve a contraer su cuerpo,
cierra sus puños y sus latidos se aceleran. ¿Cuál es el motivo?, Vuelve a
preguntar Masaki.
-Discuten a cerca de la muerte
de mi hermano, nos mudamos para olvidarlo pero no lo olvidamos y por eso mañana
por la mañana antes de mi fiesta de cumpleaños debo ver a un doctor.
Masaki había conseguido en menos de media hora la respuesta a las dudas
de Indio, ahora entendía que sus padres y los médicos habían tomado la decisión
de practicarle una cura de sueño para que olvidara a su hermano y tuviese una
vida normal, pero Masaki quería saber más ya que debía haber un motivo por el
cual los padres no permitieran saber a Indio que su hermano hubiese existido,
luego de unos minutos Masaki hace una nueva pregunta:
- ¿Cómo era tu casa anterior?
Masaki había logrado situar la
mente de Indio en edad de diez años, todo lo que le respondiera estaría
redactado con un lenguaje y modos de un niño y de acuerdo a la mentalidad que
éste hubiese tenido a esa edad, durante la hipnosis Indio no tenía dominio de
su cuerpo ni conciencia sobre su
presente y respondió.
-La casa anterior era una casa
normal con un patio pequeño pero la casa en la que vivía cuando era grande era
enorme, con un hermoso jardín que yo mismo cuidaba, mi piano estaba en el
centro de la sala y amaba vivir allí, cada tarde practicaba para la función.
Masaki estaba confundido, su paciente no mencionó saber tocar el piano
entre las aptitudes que figuraban en su ficha personal, Masaki hace una nueva
pregunta:
- ¿Dónde sueles dar tus conciertos de piano?
-En el teatro en el que baila
Solana.
El doctor Masaki comenzó a relacionar muchas cosas, había grabado
aquella sesión de hipnosis para repasarla y apuntar detalles y dejó descansar a
su paciente suministrándole la medicación para que continuara con el segundo día
de cura de sueño.
Masaki entendió que Indio a la edad de diez años presentaba indicios de
recordar una vida anterior y asoció la decisión de sus padres y de los médicos
de someterlo a una cura de sueño para que olvidara aquella vida anterior aunque
tal tratamiento también le hiciera olvidar prácticamente toda su niñez, Masaki
pensó que quizá la intención de los padres no era que Indio olvidara a su
hermano porque había muerto sino que fue un efecto más del tratamiento.
Masaki no sabía qué era lo que iba
a suceder cuando Indio finalizara el tratamiento, como medico sentía el
gran desafío de darle una solución a su paciente y esto implicaba contarle a un
hombre de cuarenta y ocho años que había
tenido un hermano, que sus padres le mintieron, que le hicieron olvidar que en
un pasado más lejano que el pasado, fue un pianista profesional, que estuvo
enamorado de una tal Solana y lo que es peor; que había muerto y nacido nuevamente.
Masaki al igual que un alto porcentaje de la población de Japón era
budista y tenía el concepto que esa religión adopta con respecto a la
reencarnación; el Budismo cree en el renacimiento, un concepto que tiene
algunas diferencias con el concepto de reencarnación, Masaki defendía ese
concepto que sostiene que el renacimiento abarca seis estados de existencia que
todos los seres dotados de sensibilidad deben atravesar para cumplir con una
ley del Karma por errores cometidos en vidas anteriores, pero a su vez esta
teoría sostiene la idea de que la persona puede tomar la decisión de volver a
nacer después de su muerte y hasta de elegir el nuevo vientre materno del que
nacerá, se cree que el lapso de tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento de
la persona es de cuatro días y que en el caso de que una persona muriese
sorpresivamente sin haber cumplido su misión en esa vida, debería cumplirla en
la vida siguiente, para el Budismo el alma, el espíritu y la sabiduría de una
persona son capaces de reencarnar en tres cuerpos distintos, por lo tanto, para Masaki, los indicios de
recuerdos de una vida pasada en su paciente indicaban que éste cargaba con un
castigo ya que el renacimiento es considerado una transición en la cual se debe
enmendar errores pasados.
Daniel; el hijo de Dayana que Indio crió como un hijo propio junto a su
hija Magali, estaba encargado de los
grandes negocios que Indio había hecho durante esta vida. Cuando Indio completó sus estudios
secundarios decidió que trabajaría en lugar de seguir estudiando y así comenzó
a ahorrar dinero hasta abrir su propio negocio y luego una sucursal de este y
luego otra hasta tener dinero suficiente como para comprar todos los negocios
que comercializaban cigarrillos al por
mayor de esa ciudad, pero el dinero no siempre provenía de puro esfuerzo, en
sus comienzos cuando tenía solo dos sucursales de su negocio, Indio compraba
mercadería a piratas del asfalto a un precio inferior que lo que debía pagar
legalmente y así al vender esa mercadería su ganancia era tres veces más que
comprándola legalmente, lo cual le permitía venderla un poco más barata que la
competencia hasta que lograba quitarles todos los clientes y que el negocio
solo tuviera perdidas para luego ir a ofrecer una razonable suma de dinero,
comprarlo y que ya no fuera competencia sino propio. El sistema era siempre el
mismo: Indio compraba mercadería robada
a los hombres que en el medio de la noche atracaban un camión, ataban de pies y
manos a el conductor y a quienes lo acompañaran, les vendaban los ojos y los
dejaban encerrados en la parte trasera del vehículo, tirados entremedio de la
mercadería, se dirigían hacia un depósito general en el cual guardaban la
mercadería para abastecer a todas las sucursales, descargaban el camión y luego
conducían durante más de una hora y abandonaban el camión a orillas de alguna ruta
dejando al conductor y a sus hombres atados y amordazados para ganar tiempo y
escapar sin peligro de ser descubiertos. Indio lo sabía pero no sentía culpa
porque la banda no mataba a nadie, estos hombres eran los proveedores de mercadería de Indio
desde sus comienzos como comerciante y
le era completamente difícil sacárselos de encima, en la actualidad ya no
necesitaba comprar mercadería robada pues tenía más de veinte locales de venta
y había ganado lo suficiente como para que tanto él como Magali y Daniel vivieran sin trabajar por el resto
de sus vidas. Indio había invertido parte de la ganancia de sus negocios comprando casas que de a poco tiraba
abajo para construir edificios de ocho o
diez pisos y los vendía, al principio le fue un tanto difícil pero al pasar los
años se fue adentrando en el negocio y logro aumentar considerablemente su
fortuna, cada vez que sentía que había dominado determinado negocio comenzaba a
incursionar en otro y el nuevo objetivo de Indio era la apertura de un lujoso hotel en la ciudad en la cual era el dueño
del gran negocio de los cigarrillos y de
una importante cantidad de edificios. Indio se sentía importante, su nombre era
conocido, todos sabían que había conseguido ganar mucho dinero pero quienes lo
conocían desde su juventud sabían que había sido un hombre con muchos problemas
de personalidad, esos problemas que había logrado superar sin saber el verdadero motivo que los había
ocasionado. Indio había viajado a Japón para aclarar muchas cosas de su
infancia, se había marchado tranquilo dejando todo en manos de Daniel quien
solo debía supervisar las ventas y atender algún que otro conflicto que hubiese
entre los empleados, firmar algún papel que le trajeran los contadores o
abogados, o simplemente ir a abrir los portones del gran depósito para el
ingreso de mercadería que abastecería a la cadena de locales, era una simple
tarea de la que se había ocupado muchas veces.
Daniel miraba el reloj ansioso, el cargamento se había retrasado, según
los cálculos, el nuevo camión debería haber llegado hacía ya más de media hora,
no podía llamar a sus proveedores porque si algo hubiese salido mal no quería
ser implicado, caminaba ansioso en la puerta del depósito hasta que vio el
enorme camión que doblaba en la esquina, hizo una seña al empleado para que
abriera las puertas del gran depósito, una vez el camión estuvo adentro,
abrieron sus puertas traseras para descargar la mercadería y Daniel vio lo que
había visto muchas veces, dos o tres hombre atados, con los ojos vendados y amordazados, tirados en medio de la
mercadería, quizá alguno con algún golpe en la cara por haberse resistido pero
nada más, como siempre los bajaron, los pusieron de espalda a la pared aunque
tuviesen los ojos vendados y comenzaron
a bajar la mercadería, cajas y cajas de cigarrillos, nacionales en su gran
mayoría e importados en menor proporción, algunas eran más grandes de lo
normal. Daniel ayudaba para terminar más
rápido, luego subieron nuevamente a los hombres a la parte trasera del camión y
como siempre los llevaron a abandonar el camión en la ruta. Daniel había terminado una jornada de mucho
trabajo y se había ido a descansar, dormía profundamente hasta que el sonido de
su teléfono lo despertó a las dos de la madrugada, era Luis, el encargado de
seguridad que llamaba para avisar a Daniel que había visto movimientos extraños
en el depósito, le contaba que vio a
trasluz desde la cabina de vigilancia movimientos en el interior, el trabajo de
Luis no era abrir fuego contra quien entrase al depósito a robar, de hecho,
Indio jamás le proporcionó un arma, lo que Luis tenía que hacer era dar aviso a
sus jefes y a la policía, así que eso fue lo que hizo, en primer lugar comunicó
a Daniel y luego llamó a la policía, tanto Daniel como la justicia llegaron al
mismo tiempo, rodeando el depósito con un despliegue policial que los
vecinos no ignorarían, todos miraban por
la ventana y algunos salían al balcón a ver qué era lo que sucedía, en esa
ciudad si ocurría un robo o un accidente la policía o las ambulancias tardaban
más de media hora, pero si le ocurría a alguien que pagaba una considerable
cooperadora policial tardaban menos de diez minutos. Cuando los policías abrieron la puerta del
depósito se encontraron con una escena muy confusa: había alrededor de cuatrocientos
perros galgos medio desorientados que ni siquiera ladraban, algunos saliendo de
las cajas, otros tirados en el piso, algunos que se encontraban en un estado no
tan deplorable caminaban lento y se acercaban a los policías, Daniel no
entendía nada, Luis no entendía nada, ¡la policía no entendía nada! le
preguntaban de dónde habían salido aquellos perros y Daniel no podía dar una
explicación. Lo que había sucedido es que esta vez los piratas del asfalto
habían tenido un problema de logística, generalmente recibían la información
del horario en el que un camión con la mercadería pasaría por determinada ruta y lo
esperaban pero como habían pasado más de veinte minutos de lo esperado y el
camión no pasaba decidieron acercarse ellos mismos e interceptarlo kilómetros
antes de lo programado, el verdadero camión de mercadería había chocado y se
hallaba a más de veinte kilómetros del lugar a donde los delincuentes se
dirigían y al ver un camión con características similares al que esperaban lo
interceptaron sin saber que en realidad se estaban involucrando con otro tipo
de negocio, los pobres animales que ahora se hallaban en el depósito de
mercadería eran transportados sedados en aquel camión hacia un conteiner en el
puerto para ser embarcados hacia su muerte en China, eran perros que durante su
etapa de buena salud y juventud habían sido utilizados para correr carreras
donde se realizaban apuestas clandestinas penadas por la ley, mientras los
animales servían para generar pasión y ganancias recibían los mejores cuidados
pero si sufrían una quebradura o ya no tenían la misma potencia solo generaban
un gasto, la mayoría de los criadores simplemente los abandonaban en campos
para que muriesen de hambre o de sarna pero como la gente que trabajaba a favor
de los derechos de los animales los habían denunciados ya no podían hacer eso,
entonces entre todos los criadores de perros y los propietarios de espacios en
los que se realizaban las carreras clandestinas buscaron una solución a su
problema, una solución que les permitiera desechar lo que ya no les servía y a su vez obtener un
beneficio y así fue como constituyeron una red ilegal de exportación que les
permitiera trasladar a los animales sedados hasta el puerto para ser enviados a
China y vendidos como alimento, el sedante que se les suministraba solo duraba
unas horas, una vez los animales estuvieran en el conteiner no importaba si ladraban o lloraban, nadie
los oiría, debían llegar vivos a destino y de lo demás se ocuparían los Chinos.
En la comisaría Daniel tuvo que dar datos sobre sus proveedores,
quienes fueron arrestados junto a varios criadores de perros y organizadores de
carreras clandestinas y por supuesto junto a Daniel, era un escándalo, a las
dos o tres horas habían protestas en frente de todas las sucursales de negocios
mayoristas de cigarrillos de Indio, vecinos y representantes de derechos de los
animales apedreaban las enormes puertas
de los locales, los empleados de seguridad de los locales al ver tanta gente
enfurecida se refugiaban en el interior muertos de miedo, Lilith; la novia de
Daniel, tuvo conocimiento de lo sucedido
viendo la noticia por un canal de televisión y como prácticamente vivía en la
casa de Daniel tomó el auto de Magali y fue en busca de su novio pensando que
Daniel podía estar adentro del local principal. Los piratas del asfalto habían
cometido un gran error pero Daniel había cometido uno aún más grande, dio la
información que llevó a la policía a descubrir a varios de los integrantes de
las organizaciones de carreras clandestinas de perros y el jefe de esa
asociación ilícita no lo perdonaría, interceptó a Lilith creyendo que era la
hija de Indio y hermana de Daniel, le cruzó su auto en frente para que no
tuviera otra opción que detenerse, Lilith no pudo hacer nada, el jefe de los
criadores de perros y uno de los organizadores de las carreras la sacaron del auto casi arrastrándola, la joven en el intento de resistirse cayó de rodillas
en el asfalto y uno de ellos la arrastro
del cabello, logró subirla a su auto mientras
su cómplice le inyectó una exagerada dosis del mismo sedante que le suministraban a los
perros hasta asegurarse de matarla.
El doctor Masaki consideró que el primer día de tratamiento había sido
exitoso y que debía suministrar una nueva dosis de medicación para inducir nuevamente
a Indio a un sueño profundo y así pasar al segundo día del proceso de cura de
sueño. El doctor Masaki estaba agotado pero conforme porque había descubierto
cosas de la infancia de Indio que consideraba de gran importancia como por
ejemplo el hecho de que su paciente no supiera que había tenido un hermano, pero la parte en la que más le interesaba
trabajar era sobre los recuerdos de vidas pasadas que Indio había tenido antes
de los diez años.
Además de Indio había cientos de internos en aquella clínica, todos con casos de distinta importancia y
características, uno de ellos era Kazu un joven de solo veinte años que había
sufrido una fuerte crisis emocional a causa de haber perdido a su novia en un
accidente durante las vacaciones que ambos compartían, lo que había sucedido es
que Kazu y su novia eran ese tipo de jóvenes aventureros a los que les
encantaba tomarse fotos en alturas completamente riesgosas, casi colgando del
aire, hacía más de un año que estaban de novios y tenían fotos en más de cien
lugares distintos tomadas a impresionantes alturas, no le temían a nada, no
sufrían vértigo, viajaban a cualquier lugar y se hospedaban en increíbles hoteles, pedían permiso para subir al último
piso del hotel y se tomaban fotos colgados con una sola mano o de espaldas y
muchas veces simplemente parados sobre algún hierro que sobresaliera hacia el
vacío, para ellos era una diversión que además los convertía en gente muy
popular, disfrutaban mucho su tiempo juntos porque les encantaba hacer todo ese
tipo de cosas que las personas generalmente pensarían dos veces antes de hacer.
Kazu sufría una gran culpa por la muerte de su novia de solo dieciocho años a
quien sostenía colgada de una sola mano a trescientos metros de altura,
dejándola caer hacia el vacío. Kazu había perdido el equilibrio, él también se
encontraba parado sobre una columna de solo doce centímetros de ancho y cuando
intentó tomar la gloriosa foto se tambaleó sobre la columna quedando colgado de
un brazo en el aire y sosteniendo a su novia con el otro hasta que no resistió
más y la dejó caer, era una imagen imborrable que tenía en su memoria
continuamente, era el rostro de su novia alejándose en el aire, Kazu se sentía
culpable y creía que no merecía seguir viviendo, eran sus padres quienes hacían
lo imposible para recuperarlo y el doctor Masaki lo había logrado, con su
tratamiento logró borrar completamente los recuerdos que Kazu tenía de su
novia. Era común que las familias de los pacientes que se sometían a tales
tratamientos cambiaran de ciudad, de trabajo, de amigos y hasta de vida para
que ninguna persona conocida le contara al paciente algo de aquel pasado que le
hubiesen borrado de su mente, era como una parte del ayer que jamás habían
vivido.
Indio no era budista como la mayor parte de la población del país al
que había ido a buscar la verdad sobre su pasado, él era católico pero jamás
iba a la iglesia, no le gustaba, solo había cumplido con ciertas obligaciones
de la religión por indicaciones de sus padres y luego por costumbre, había
tomado la comunión y la confirmación, fue bautizado por sus padres cuando tenía
seis meses de edad, se había casado ante dios con Dayana y ambos habían enviado
a Daniel y Magali a clases de catecismo, pero la verdad era que Indio tenía un
problema en cuanto a la fe y ni siquiera sabía exactamente el motivo, creía y
no creía en la religión, se cuestionaba muchas cosas, principalmente por aquel
problema que tenía de observar a las mujeres mientras dormían y de repente representar en su mente la imagen de
esa mujer muerta, había sido algo horrible que tuvo que soportar muchas veces y
con lo que debió aprender a convivir y ese era uno de los motivos por el cual
le era difícil tener fe en la religión porque más de una vez fue a la iglesia a
rogarle a dios que esas horribles imágenes ya no se representaran en su mente
pero sin embargo esto continuó sucediendo.
Para la iglesia católica el cuerpo es solo el lugar de confinamiento
temporal del alma que debe purificarse en esa vida o volver a nacer en otro
cuerpo sucesivamente hasta lograrlo o al menos eso era lo que Indio había
escuchado cuando tenía aproximadamente doce años durante un servicio fúnebre a
uno de sus compañeros de colegio, quien murió a causa de una enfermedad que
había contraído. El sacerdote de la iglesia del barrio, en el intento de
contener a los padres del niño intentaba transmitirles la idea de que cumplimos
una función en determinado cuerpo físico y luego migramos, que si los seres
humanos actúan adecuadamente la próxima vida será mejor y si se cometen pecados
hay que esperar todo lo contrario. Durante el triste momento en el que el niño
era despedido por familiares, amigos y vecinos, el sacerdote rezaba y
pronunciaba palabras para que el alma del niño fuera al cielo, la gente repetía
las mismas frases que el sacerdote que
pedía a dios que perdonase los pecados del pequeño, Indio observaba con odio al
sacerdote, su amigo no había cometido ningún pecado y comenzó a detestar esas
ideas que suele trasmitir la religión de que todo es pecado o de que el
sufrimiento es bueno. A esa edad comenzaron los primeros conflictos con la fe,
ya no era solo escuchar y repetir conceptos, era analizar si éstos tenían
sentido…
Dormido durante su segundo día de tratamiento Indio vivía una regresión
mental a través del sueño, su mente se situaba más allá de su infancia y
nacimiento, se situaba en su vida anterior y era como si volviera a vivirla,
estaba en su casa, caminaba por su
enorme jardín, disfrutaba de la vida y la tranquilidad, luego pasaba a la gran
sala en la cual ensayaba para sus conciertos de piano y Solana aparecía frente
a él, vestida con el mismo traje que solía vestir en la función, Indio quedaba inmóvil por
segundos y luego continuaba tocando, Solana bailaba para él, Indio deslumbrado
ante sus hermosos ojos y su figura continuaba tocando incansablemente, jamás terminaba su repertorio, pasaban horas
de la misma manera. Ese recuerdo que experimentaba su mente de aquella vida
pasada aceleraba notablemente los latidos de su corazón, Masaki lo notaba,
sabía que el tratamiento
hacía que la mente pasara por diferentes etapas. La mente de Indio continuaba
allí frente a Solana, reviviendo los
recuerdos de una vida real anterior a esta, Solana cerraba todas las ventanas
mientras miraba fijamente a Indio, él continuaba tocando hasta que ella se
acercó a su piano, puso su mano sobre la mano de Indio y lo besó, era algo con
lo que ambos habían soñado durante mucho tiempo pero el dueño del teatro jamás
les permitía volver a acercarse uno al otro.
Solana era su ahijada y el hombre la había criado como una verdadera hija desde
los cinco años, Jorge; el dueño del teatro, era el mejor amigo del padre de
Solana y le prometió cuidar muy bien de su hija cuando éste estaba gravemente
enfermo. El padre de Solana murió tranquilo por haber elegido a su amigo Jorge
como padrino de su única hija y en agradecimiento le entregó el teatro, su
única fortuna y dejó en sus manos lo más valioso de su vida.
Jorge no permitía que nadie hablara con su ahijada, la cuidaba todo el
tiempo, la había convertido en una verdadera estrella, Solana no solo
representaba las obras más importantes por ser la ahijada de Jorge y la hija
del fundador del teatro sino porque realmente era muy talentosa y supo ganarse
a la audiencia.
Esa tarde en la que Solana cerró las ventanas de la sala de la casa de
Indio y lo besó fue la última vez que Indio pudo verla, Jorge se dirigió hacia
la casa de Indio y de un golpe abrió la puerta, al ver a su ahijada besando al
pianista del teatro, la tomó del brazo con todas sus fuerzas y se la llevó,
cuando Indio intentó detenerlo, Jorge lo golpeó y le advirtió que jamás
volviera al teatro.
Indio debió no volvió al teatro, ya no podía seguir trabajando allí
después de un conflicto con su jefe, con el tiempo debió vender su enorme casa
y mudarse a una más pequeña porque ya no tenía tanto dinero, tocaba el piano en
algún teatro dos o tres veces por mes, su época de gloria había terminado hasta
que a causa de su pésima situación económica aceptó trabajar en una compañía
teatral Italiana, su trabajo ya no era tocar el piano para que la hermosa
Solana bailara frente a él, tocaba el piano para cantantes de ópera, Indio era completamente infeliz, su vida no
tenía sentido.
Solana se casó obedeciendo las ordenes de su padrino quien solo pensaba
en el dinero, su esposo hacía todo lo imposible para captar la atención de
Solana quien ya no era una bailarina sino esposa de un hombre que no amaba.
Ulises; el esposo de Solana, sabía que jamás lograría que ella lo amara aunque
le diera todo los gustos, ella siempre le agradecía pero cuando Ulises la
observaba pensativa y distante se daba cuenta de que no era feliz, al principio
tuvo paciencia porque pensó que Solana se acostumbraría y terminaría amándolo
pero después de tres años Ulises ya no era el mismo, se enfurecía porque Solana
lo rechazaba y ni siquiera le había dado un hijo, no era un hombre feo y muchas
mujeres querían estar con él, muchas, menos su esposa.
Ulises empezó a ser infiel a Solana, tenía muchas mujeres con las que
pasar una noche, a algunas les pagaba, a otras les regalaba lo que quisieran,
solo tenía una condición innegociable con sus amantes, todas debían aceptar que
las llamara “Solana”, se los aclaraba desde el primer momento y si alguna no
aceptaba que la llamara así Ulises no volvía a verla, tenía a la mujer de sus
sueños como esposa pero ella lo rechazaba.
Una de las pocas mujeres que siempre aceptaba estar con Ulises y ser
llamada “Solana” era Nancy, una mujer que verdaderamente se había enamorado de
él, Nancy persiguió a Ulises para saber donde vivía, lo que realmente le
importaba era conocer el rostro de aquella mujer que despreciaba lo que ella
más deseaba; el amor de Ulises. Nancy
observó la enorme casa en la que vivían Ulises y Solana desde afuera varias
veces, pero no veía a ninguna mujer, solo veía a empleados arreglando el jardín
y en más de una oportunidad debió esconderse porque vio a Ulises salir por la
enorme puerta que conducía al jardín para recostarse en una especie de hamaca
sostenida entre dos árboles, pero allí no había ninguna mujer, no veía a nadie
que pudiera ser Solana tal y como Ulises la había descripto delgada y no tan
alta, con su largo cabello lacio negro y sus bellos ojos verdes. Nancy pensaba
que Ulises quizá mentía para no tener un compromiso con nadie y que en realidad
no estaba casado, era una mujer que jamás se daba por vencida y si Ulises no
estaba casado haría lo que fuera para que se casara con ella, era joven y no le
temía a nada, era todo lo contrario a Solana.
Jorge, el padrino de Solana había muerto hacía más de un año y Ulises
tomó todo lo que le correspondía como socio y como esposo de Solana. Nancy
pensaba que Ulises le temía al compromiso y quería demostrarle que ella lo
había descubierto, una noche se las arregló para cruzar el altísimo portón de
la enorme casa en la que Ulises vivía para espiarlo. Mientras su amante dormía, Nancy logró espiar
al interior de la habitación y vio a Ulises durmiendo solo, sin ninguna esposa,
no había ninguna mujer allí, estaba decidida a entrar y sorprenderlo pero
observó que Ulises se levantaba y corría un mueble que parecía ser un placar
detrás del cual había una puerta que dirigía a un pasillo que podía observarse
a simple vista, Nancy veía por la ventana de la habitación de Ulises como éste
se alejaba en el interior del pasillo y notó que la habitación tenía una puerta
principal, sin duda, Ulises tenía algo que ocultar pues aquel pasillo no lo
llevaría precisamente al living de su casa, Nancy no podía entrar y seguirlo
porque no estaba segura de la reacción que Ulises podría tener si la veía, una
cosa era entrar en la habitación y sorprenderlo en su cama y otra distinta era
cruzar una puerta que estaba oculta tras un placar y que obviamente no era una
puerta común, Nancy entró en la habitación y se ocultó bajo la cama, casi media
hora después regresó Ulises por la misma puerta por donde había salido, la
cerró y tapó la entrada con el placar, eran las tres de la madrugada y Nancy
debía hacer un absoluto silencio hasta las seis para esperar que Ulises saliera
de su casa para atender negocios como cada día, esa fue la noche más larga de
la vida de Nancy quien inmóvil bajo la cama de su amante se preguntaba si
realmente valía la pena estar allí corriendo tanto riesgo de ser descubierta. A
las seis en punto de la mañana Ulises se levantó, vistió tan elegante como cada
día, bajó a la sala principal a desayunar y salió de su casa como cada mañana,
Nancy respiraba profundamente, estaba totalmente arrepentida de haber estado
allí pero no se iría sin saber más sobre Ulises, una de las mucamas de la casa
entró en la habitación a arreglar la cama y a cambiar unas flores que siempre
había en una mesita que Nancy pisó para bajar de la ventana, la mucama notó la
marca de un calzado sobre la mesa, lo cual le pareció extraño porque Ulises era
muy detallista con la higiene de su casa y principalmente con su habitación,
ese era el motivo por el cual tenía más de diez empleados que mantuvieran en
perfectas condiciones su casa desde el piso hasta el techo y el jardín pero la
única empleada que limpiaba su habitación y mantenía su ropa limpia y planchada
era Elsa, ella estaba exclusivamente para atender todo lo que él necesitara.
Elsa había sido como una madre para Ulises, lo había cuidado desde que era un
niño, conocía absolutamente todo de él, Ulises le había comprado una casa y le
había regalado mucho dinero antes de casarse con Solana porque pensó que
formaría una gran familia y que su esposa manejaría a todos los empleados y
apreciaba tanto a Elsa que si a él le pasara algo quería que la mujer que había
sido como una madre para él tuviera una vejez tranquila y que jamás pasara
necesidades económicas, pero Elsa no quería irse, guardaba todo lo que Ulises
le daba pero seguía viviendo en aquella casa y cuidando de él. Elsa sospechó
que alguien pudo haber estado con Ulises esa noche, arregló la cama, limpió la
mesita, cambió las flores y abrió el placar para asegurarse de que la ropa
estuviese en perfecto orden, por ultimo corrió el placar para revisar que la
traba que aseguraba la puerta que se hallaba detrás del placar estuviese correctamente puesta, volvió a
tapar la puerta con el placar y salió de la habitación. Si Ulises guardaba toda
su fortuna allí Nancy pensó que podría ser millonaria a partir de ese día,
agarró una de las fundas de la almohada de Ulises y la ató en una de las puntas
para formar una especie de bolsa donde pensaba meter parte del dinero que
encontrara, corrió el placar, quitó la traba que aseguraba la puerta y atravesó
el largo pasillo, para su sorpresa, al caminar algunos metros éste parecía un
túnel levemente iluminado que iba en desnivel hacia abajo, un lugar frio y muy
húmedo muy distinto a la hermosa casa en la que Ulises vivía, Nancy trataba de
apurarse pero el túnel era largo y no veía dinero ni nada de valor, simplemente
paredes y techos negros que seguramente conducirían a una gran caja fuerte
central. Mientras caminaba miraba hacia
atrás para asegurarse de que nadie la estuviese siguiendo, Nancy tenía miedo
pero ya estaba allí, vio desde varios metros que el túnel parecía haber llegado
a su fin, fastidiada por no entender qué sentido tenía un simple túnel vacío
húmedo y oscuro dentro de semejante casa, al llegar al final de éste comenzó a
golpear la pared con sus puños, estaba llena de odio, había perdido su tiempo,
había querido demostrarle a Ulises que sabía que él no estaba casado y luego al
ver la oportunidad de obtener dinero había querido robarle pero no había
conseguido nada, golpeó la pared con todo el odio del mundo y notó que se
movió, la empujó con fuerza y notó que una parte de ésta era una puerta, la
abrió y descubrió el secreto de su amante: allí no había dinero ni lingotes de
oro, Nancy vio lo más horrible que podría haber visto en su vida, allí estaba
la bella esposa que Ulises describía, delgada, no tan alta, con su lacio y
largo cabello negro y sus bellos ojos verdes, en algo parecido a una enorme
caja musical de cristal que giraba con una suave música apenas imperceptible,
estaba vestida de bailarina, era una caja musical humana alumbrada desde una
esquina del túnel con una luz que formaba un círculo alrededor de ella como si
fuese una escena teatral, era el peor espectáculo que Nancy jamás había visto,
estaba aterrorizada. El cuerpo embalsamado de Solana cuidadosamente sujeto
dentro de la caja de cristal con sus manos pegadas por encima de su cabeza y
uno de sus delicados pies con la punta pegada sobre la rodilla de la otra
pierna, tal cual la autentica imagen de la bailarina de una caja musical, ni
siquiera la muerte le había quitado la belleza. Ulises había embalsamado el
cuerpo de la mujer que lo había rechazado para poder observarla siempre de la
misma manera, de la misma forma en que la había visto por primera vez
representando aquella obra en el teatro mientras Indio tocaba su piano y la admiraba.
Nancy estaba aterrada, Ulises era un psicópata, no era más que un demente, un
asesino que si supiese que ella había estado allí la mataría, escuchó que
alguien caminaba por el túnel y tuvo que ocultarse en un extremo de éste, era
Elsa, la mucama de confianza de Ulises quien como cada mañana ingresaba al
túnel a programar la música de la gran caja musical de cristal para que sonara
continuamente y revisar que la iluminación y la temperatura fuesen adecuadas para
que todo siguiera en orden. Nancy aterrada de ver el cuerpo de Solana
embalsamado girando con aquella música que le parecía una tortura, esperó a que
Elsa estuviese lista para marcharse, sabía que la mucama trabaría la puerta y
no podría salir así que cuando Elsa comenzó a caminar por el largo túnel, Nancy
caminaba tras de ella sin hacer ruido hasta que se animó a agarrarla de atrás y
cuando Elsa se dio vuelta la desmayó de un golpe en el rostro y huyó dejándola
encerrada en el túnel. Eran menos de las once de la mañana y Nancy sentía que
había vivido suficiente cosas horribles como para el resto de su vida, era una
joven de solo veinte años que había practicado deportes toda su vida, ya no
estaba dispuesta a permanecer ni un solo minuto en aquella casa a la espera de
que no hubiese nadie para salir, decidió que saldría corriendo como fuese y que
golpearía a quien se le interpusiera en el camino, tomó el jarrón de flores que
se hallaba en la mesita y lo rompió, con un trozo del jarrón roto en su mano
estaba decidida a salir de allí corriendo y herir a quien se le interpusiera,
salió de la habitación de Ulises corriendo, atravesó la gran sala principal sin
mirar a sus costados, la puerta estaba abierta de par en par salió corriendo
por el jardín para dirigirse hacia el portón de salida, los empleados que
arreglaban las plantas y limpiaban el enorme patio se miraron unos a otros y
nadie intentó detenerla, salió corriendo tan rápido que no les dio tiempo a
nada, uno de ellos se dirigió a la cocina para ver si Elsa sabía algo a cerca
de tal situación pero como no la encontraron simplemente siguieron trabajando.
En aquella casa se vivía una vida tranquila, quizá sería una amiga de Elsa, el
resto de los empleados ignoraba la realidad, solo sabían que la esposa de su
jefe había muerto hacía unos meses y nada más.
Nancy se trasladó a vivir a otra ciudad, cada noche oía en su mente
aquella horrible música, cerraba sus ojos y repetía en su conciencia la imagen
de Solana girando dentro de aquella caja de cristal. Nancy había investigado
que Solana era la ahijada del dueño de un teatro y que había sido obligada a
casarse con Ulises, fue investigando una cosa y otra hasta saber de la
existencia de Indio quien aún vivía en Italia. En una oportunidad Nancy
caminaba por la calle de su nueva ciudad y vio los carteles que anunciaban que
el concierto de ópera en el que Indio
tocaba el piano se presentaría allí y se
las arregló para pedir conocer al famoso pianista con la excusa de ser su
seguidora desde hacía unos años, pidió tomarse una foto con él, Indio accedió y
cuando Nancy lo abrazó para despedirse le dijo disimuladamente “Tengo noticias
sobre Solana”, Indio se quedó inmóvil, lo último que había sabido sobre ella
era que se había casado, le pidió a Nancy que lo acompañara a su camarín, el
jefe de Indio lo observaba sorprendido ya que jamás había visto a Indio hablar
con alguien del público y mucho menos en su camarín. Nancy le contó a Indio todo lo que había
vivido aquella horrible noche hacía ya casi un año, le redactó con lujo de
detalle la manera en que había visto a Solana y se la describió tal cual era,
Nancy no parecía estar mintiendo, Indio desolado ante semejante noticia lloraba
desconsoladamente no solo porque la mujer que jamás había dejado de amar
estuviese muerta sino también porque estaba encerrada en una caja, embalsamada
y en un túnel. En su vida anterior Indio también había sido católico, creía en
dios y en Jesús y estaba seguro de que nadie que estuviese muerto podría
descansar en paz embalsamado y metido en una caja con música, muchas veces
había soñado que Solana lloraba pero jamás pensó que estaba muerta, el Jefe de los artistas se acercó al camarín y
vio que Indio lloraba y Nancy lo
consolaba, abrió la puerta y les preguntó qué pasaba, Indio le respondió que Solana
estaba muerta, él mismo le había contado en una oportunidad el motivo por el
cual se había marchado de su propio país en busca de una vida distinta y por lo
tanto, su jefe sabía de la existencia de Solana, Indio le había hablado muchas
veces de su amor hacia ella.
La próxima función de ópera
sería dentro de cuatro días por lo cual el jefe de Indio le ofreció dinero para
que viajara a la ciudad donde había conocido a Solana y donde creía que
descansaban sus restos, Indio no le contó la horrible historia redactada por
Nancy y al día siguiente partió hacia la ciudad dispuesto a desenmascarar al
asesino y psicópata que le había provocado la muerte a su amada Solana y tanta
tristeza en su vida.
Indio no quería que la policía lo tratase de loco así que no hizo
ningún tipo de denuncia pero Nancy le dio un arma, ella misma había aprendido a
usar armas después de aquella horrible noche por miedo a que Ulises la
atacara y tenía más de una. Indio entró
a la enorme casa de Ulises dispuesto a matarlo si fuese necesario con tal de
sacar aquella caja de cristal de allí y trasladar a Solana a un lugar donde su
alma descansara pero cuando ingresó, los empleados de seguridad que Ulises
había contratado después de encontrar muerta a Elsa, con el rostro destrozado
en aquel túnel, atraparon a Indio ni bien cruzó la puerta, lo golpearon y le
quitaron el arma para luego llevarlo ante su jefe. Ulises reconoció a Indio de
inmediato y le dijo que lo mataría si no tenía una buena explicación para haber
entrado allí, Indio le dijo que sabía lo que había hecho con Solana y que él
había ido a sacarla de allí para que descansara en paz, Ulises le dijo que
jamás se la daría, que Solana era su pertenencia y que aunque no quisiera
bailaría para él mientras estuviese vivo, porque si ella lo hubiera amado, él
hubiese sido el hombre más feliz del mundo con su esposa pero ella eligió
ignorarlo, ella había elegido seguir enamorada de Indio, lo esperaba, lloraba
mirando su foto y Ulises tenía que soportar ver semejante situación, había
miles de mujeres que hubiesen querido estar en el lugar de esposa de Ulises,
incluso Nancy había descubierto tan aberrante crimen mientras intentaba
comprobar que Ulises no estaba casado con la intención de que en algún momento
él quisiera casarse con ella, pero Solana
que había sido la única que le había importado lo ponía en ridículo, Elsa la
odiaba, siempre la veía mirando con tristeza un piano o llorando con la foto de
Indio entre sus manos y no podía entender como Ulises que era como un hijo para
ella podía amarla tanto, de hecho fue quien lo ayudó a matarla sin dejar marcas
visibles en su cuerpo para que quien era como un hijo para ella pudiera
observar a la mujer que amaba tan bella como había sido en vida.
Elsa había sido aún más
psicópata que Ulises porque al menos él estaba enamorado y obsesionado con
ella, sin embargo Elsa lo hacía porque tenía una mentalidad criminal, ella
misma había matado a la verdadera madre de Ulises porque se había enamorado de
el padre de éste y quería ocupar su lugar como esposa y como madre. Ella había entendido perfectamente el
sentimiento que Ulises tenía hacia Solana por su desprecio y le había resultado
completamente justo mantenerla embalsamada porque Ulises no soportaría la vida
sin verla.
Los hombres de seguridad ataron
las manos de Indio y lo amordazaron, se lo entregaron a Ulises quien lo llevó hacia el túnel donde lo mataría
luego de mostrarle a Solana. Cuando la
vio, aunque Ulises lo sostenía a los tirones, Indio cayó arrodillado sin
fuerzas, sintió que su corazón se rompía
en mil pedazos, era lo más triste y horrible que podía haber vivido y también
sería lo último. Ulises ató los brazos de Indio extendidos sobre la pared,
sujetándolos de dos hierros y también ató sus pies con una cadena, lo había
colocado en una posición de cruz, Indio quería liberarse para poder sacar a
Solana de aquel castigo que su esposo le había dado, Ulises iba a matar a Indio
pero decidió reforzar los hierros y las cadenas para que muriese solo, atado,
mirando la caja de cristal en la que el cuerpo embalsamado de Solana giraba
ininterrumpidamente con esa música casi imperceptible y la luz que desde un
extremo la iluminaba. Indio intentó liberarse durante un día, al día siguiente
estaba tan lastimado y muerto de sed que apenas podía levantar la vista para
observar a Solana girando.
Habían pasado ya seis días, Indio moría de sed y de dolor, su cuerpo
estaba herido y sin fuerzas y su corazón destrozado por el sufrimiento que le
provocaba ver a la mujer que tanto amaba allí, era una tortura horrible no
haber podido ayudarla, por momentos no sabía si se dormía o si se estaba
muriendo, el séptimo día casi no respiraba y de repente sintió un alivio,
escuchó la música que él mismo tocaba en el teatro y vio a Solana bailar fuera
de aquella horrible caja, la vio libre, Solana bailó hasta que la música
terminó y los ojos de Indio se cerraron para siempre. Ulises logró lo que
quería, Indio sufrió antes de morir como él había sufrido al ser rechazado por
Solana.
El tratamiento al que había sido sometido Indio le había hecho revivir
todos aquellos recuerdos sobre su vida anterior y su muerte, esos mismos
recuerdos que sus padres y un equipo de especialistas habían borrado de su
memoria a la edad de diez años para poder tener una vida lo más normal posible
con el único hijo con vida que les quedaba. Indio no recordaba a su hermano
Ciro porque simplemente había muerto antes de que le realizaran el tratamiento
y su recuerdo se había borrado de la mente de Indio como todas las cosas que
había vivido hasta ese momento.
Era el quinto día de tratamiento, el doctor Masaki había recorrido la
mente de Indio de una manera asombrosa,
Indio tuvo un nuevo despertar, aunque no estaba completamente consciente
de la situación recordaba la existencia de Solana y se le mesclaban los
recuerdos de ambas vidas, estaba un tanto desconcertado y luego de
aproximadamente media hora, después de alimentarlo, el doctor Masaki le suministró
una nueva dosis de medicamentos para continuar el tratamiento y salió de la
habitación. Indio comenzaba a cerrar sus ojos cuando vio tras el vidrio por el
cual los médicos solían observar a sus pacientes a Solana que lo observaba,
trató de levantarse pero la medicación lo indujo a un sueño profundo.
Hacía unos días que el doctor
Masaki y su esposa Hiromi ya no
eran tan felices, ella había empezado a tener una conducta extraña, se
encerraba demasiado en sí misma y casi no hablaban, Masaki estaba preocupado,
sabía que a causa de su paciente extranjero le estaba prestando menos atención
a su esposa y decidió llevarla a cenar y obsequiarle algo para que estuviesen
bien como siempre y en el apuro por salir de la clínica suministró una cantidad
inferior de medicación a Indio, motivo por el cual el paciente despertó solo
dos horas después en medio de una tremenda confusión. Indio se levantó de la cama dentro de la
habitación de la clínica, mareado y no del todo consciente, parecía no estar
seguro del motivo por el cual estaba allí, ni siquiera razonaba estar en un
país que no era el suyo, se le mesclaban sus vidas, solo estaba seguro de una
cosa, había visto a Solana, era ella, la había visto antes de cerrar sus ojos,
la había visto tan bella como siempre, con su cabello negro largo hasta la
cintura y sus hermosos ojos verdes. Indio recordaba haberla visto embalsamada en aquella caja de cristal pero
no podía diferenciar una vida de la otra pues tenía aún un leve efecto de la
medicación en la sangre, estaba seguro de una sola cosa, Solana estaba viva,
estaba cerca y lo había estado observando unos instantes.
Indio casi perdido y con su mente confusa entró a ducharse, vistió
elegante y moderno como siempre y salió
de la clínica, caminaba como vagando por cualquier calle, hasta que vio a
Solana parada en una esquina, corrió hacia ella y cuando estaba llegando un
auto se detuvo y Solana subió, Indio corría tras el auto y al verlo el doctor Masaki se detuvo, su
paciente se había escapado de la clínica y lo estaba siguiendo, salió del auto
y trató de contener a Indio, le dijo que lo llevaría nuevamente a la clínica,
que todo estaría bien, que se tranquilizara, Indio le respondió que lo único
que quería era hablar con Solana, el doctor Masaki le dijo que no sabía cómo
ayudarlo ya que solana había existido en su vida anterior, Indio corrió hacia
el auto del doctor Masaki, abrió la puerta y vio a Solana sentada allí, la vio
tan bella como siempre, Solana existía, estaba en esta vida y se llamaba
Hiromi. El doctor Masaki furioso le ordenó que se alejara de su esposa quien
casualmente había visto aquel día de manera accidental a Indio a través de un
vidrio mientras buscaba a su esposo dentro de la clínica, Hiromi, asustada bajó
del auto y corrió hasta la puerta del edificio en el que vivía con el Doctor
Masaki quien también corría tras su esposa para intentar tranquilizarla y
decirle que no se preocupara que simplemente se trataba de un hombre con
problemas mentales. Antes de que el doctor Masaki lograra abrir la puerta para
que Hiromi pudiera entrar Indio le decía a los gritos que ella era Solana, que
era bailarina, que él tocaba el piano para que ella bailara, el doctor Masaki
furioso estuvo a punto de golpear a Indio cuando un policía se acercó a causa
de los gritos y lo ayudó a trasladar a Indio hasta la clínica donde le volvió a
suministrar la medicación para continuar el tratamiento.
Masaki tuvo mucha suerte de que un policía lo ayudara a trasladar a
Indio antes de que éste provocara un shock emocional a Hiromi, pero en realidad
el policía ayudó a Masaki porque tenía la orden de liberar aquella zona, debía buscar
cualquier excusa para alejarse por lo menos tres cuadras, y trasladar a un loco
que hablaba de una vida anterior era una excusa perfecta. En Tokyo al igual que
en todos lados había distintos tipo de personas, gente buena, gente mala, gente
profesional, simples obreros, policías buenos y otros como los compañeros y
socios del policía que ayudó al doctor Masaki, quienes por la noche se
acercaban a las puertas de la cárcel y en complicidad con los efectivos de
seguridad de ese lugar se llevaban cinco o seis delincuentes y los
desparramaban por la ciudad para que robaran, luego los esperaban para recibir
la recaudación y antes del amanecer los devolvían a la cárcel, era un trabajo
diario para el cual ellos mismos los entrenaban y lo único que les ofrecían a
cambio era seguir viviendo porque si alguno se atreviera a contar algo entre
todos los que estaban implicados se las arreglaban para complicar la situación
del delincuente presentando cualquier tipo de prueba en su contra hasta lograr
que lo condenasen a muerte. Los delincuentes sabían que la mayoría moriría sin
tener siquiera la oportunidad de apelar la sentencia porque se les daba a
conocer apenas horas antes y ni siquiera se les permitía despedirse de sus
familiares quienes eran notificados posteriormente al cumplimiento de la
condena, los delincuentes sabían que no había otra opción, sabían que
desaparecerían si no obedecían, allí no existía ninguna posibilidad de pagar el
error cometido y luego reinsertase en la sociedad, una vez que estabas dentro, estabas
muerto, por eso era preferible robar para la policía y seguir viviendo,
aprender las técnicas que les enseñaban, hacer aquel trabajo, callar y vivir
mientras pudieran. Uno de los presos que
los policías solían sacar varias noches a la semana de la cárcel era
Akihiro; un joven de solo diecinueve años que se hallaba privado de su libertad
injustamente hacía ya casi un año, Akihiro había debido soportar todo tipo de
maltratos y aberraciones comunes en una prisión, había vivido el infierno en la
tierra y lo que era peor, no se lo merecía. Era un chico bueno que había sido
implicado en un robo por los mismos policías que ahora lo sacaban de la cárcel
para robar, el chico volvía de visitar a su tío y caminaba por una calle de
Tokyo cuando otro joven pasó corriendo por delante de él y robó la cartera de
una mujer, Akihiro oyó gritos y vio gente que corría y ante el desconcierto
también corrió y como uno de los policías que debía liberar la zona en ese
momento no había hallado un motivo para irse del lugar debía apresar a alguien y acusarlo del robo para no correr
el riesgo de ser acusado de ineficiente, no podía atrapar al verdadero ladrón
porque ya sabía que tendría problemas con sus propios compañeros, entonces
detuvo a Akihiro acusándolo de robar la cartera y entregársela a otro
delincuente que logró huir. Akihiro estaba a la espera de su sentencia y sabía
que sus posibilidades de salir en libertad no existían, siempre que salía a
robar para los policías pasaba por su cabeza la idea de escaparse pero no tenía
un plan, sabía que si lo intentaba y fallaba estaba muerto, caminaba cruzando
la calle una y otra vez esperando lograr introducir su mano dentro de la
cartera de alguna mujer para tomar su billetera sin que ésta se diera cuenta o
robarle la billetera a algún hombre que la llevase un poco descuidada en el
bolsillo, a veces lograba introducir la mano dentro de alguna cartera o bolso y
sacaba algún teléfono celular, todo servía para los policías, lo vendían en un
mercado ilegal por medio de sus contactos, pero esa noche era una noche en la
que Akihiro no había tenido suerte, por más que el policía que libero la zona
con la excusa de ayudar al doctor Masaki a trasladar a indio se hubiese ido
parecía que nadie llevaba una billetera mal acomodada esa noche o el cierre de
una cartera fácil de abrir. Akihiro sabía que no tenía demasiado tiempo,
comenzaba a ponerse nervioso, pronto debía regresar al lugar donde los policías
lo esperaban para recibir dinero o cualquier objeto robado y trasladarlo de
inmediato a la prisión hasta la próxima noche en la que requiriesen sus
servicios, Akihiro rogaba aunque sea encontrar algo tirado que entregar a la
policía, pasaba por un kiosco y fingía estar mirando algo que comprar para ver
si tenía la posibilidad de robar alguna billetera pero nada pasaba, de repente
vio que dos turistas sostenían una cámara entre sus manos intentando tomarse
una foto, Akihiro con su Inglés apenas básico se ofreció amablemente a tomarles
la foto para lo cual necesitaba retroceder para enfocarlos de cuerpo completo,
retrocedía más y más hasta que cuando estuvo lo suficientemente lejos de la
pareja de turistas se dio la media vuelta y salió corriendo con la cámara,
había conseguido robar algo que valía más que el dinero que solían tener las billeteras que habitualmente robaba,
corría desesperadamente entre la gente, esquivando a unos y a otros, el policía
que había ayudado al doctor Masaki volvía en ese momento a su puesto y no tenía
otra opción que perseguir al delincuente, rogando en su mente que se escapara
para no involucrara a ningún policía. Akihiro corrió hasta ver la puerta del teatro donde esa
noche se presentaba la espectacular función del circo de Toshiki, faltaban solo
tres minutos para que la función comenzara, sabía que lo estaban persiguiendo y
entró corriendo al teatro mostrando la entrada que guardaba en su bolsillo, la
había robado esa misma noche creyendo que era dinero al meter su mano en el
bolsillo de la campera de un extranjero que caminaba hablando solo, repitiendo
el nombre “Solana”, Akihiro entró y se mescló entre la gente del público, unos
metros antes de la puerta del teatro había tirado la cámara, el policía la
levantó y no tuvo otra opción que devolvérsela a los turistas para que no
hicieran la denuncia, los convenció de que solo perderían su tiempo y de que
eran afortunados de haber recuperado lo que les pertenecía. El policía no entró
al teatro porque no estaba seguro de que Akihiro hubiese entrado allí pero dio
aviso a sus compañeros y cómplices de que el joven se había escapado, Akihiro
presenció el espectacular repertorio del circo de Toshiki, era como un regalo
que la vida le daba, en su rostro podía verse la misma sonrisa que la de un
niño, esa sonrisa que injustamente le habían robado. En cierta parte de la
función una de las cantantes del circo vestida con un hermoso vestido
blanco se mesclaba entre el público y
tomando la mano de cualquier espectador finalizaba la canción, la artista
eligió tomar la mano de Akihiro y una luz los iluminaba en el medio del teatro,
para Akihiro era como ver a un ángel, se sentía afortunado de que la cantante
lo hubiese elegido entre miles de personas. Al finalizar la función el joven
logró salir del teatro mesclado entre la gente, caminó libre por las calles
de su amada Tokyo, viendo las luces de
su hermosa ciudad observaba a la gente caminar, hablar, sonreír, cada uno de
ellos viviendo en su mundo sin percibir que eran observados. De niño y de
adolescente había caminado una innumerable
cantidad de veces por aquellas calles, pero esa noche eran más bellas
que nunca, parecían hasta tener más luces, más autos y más gente y lo mejor de
todo era que los observaba alegre, esta vez no los observaba para robarles, sabía
que su vida terminaría pronto pero
aquella noche valía la pena pues había visto las luces de su hermosa ciudad, un
ángel había tomado su mano y había sido libre aunque sea dos horas, eso valía
mucho más que mil noches como un ladrón en una oscura prisión esperando la
justicia que jamás llegaría. Cuando
Akihiro vio a los policías abrió los brazos todo lo que pudo para que
las balas le dieran directo en el pecho sin ningún tipo de obstáculo, miró al
cielo y dijo “Gracias”
Masaki estaba agotado, le había dedicado demasiadas horas a su paciente
extranjero y a causa de eso tenía muchos asuntos que solucionar de otros
pacientes y de la organización de la clínica, quería dar de alta inmediatamente
a Indio ya que había logrado que su paciente recordara lo que otro equipo de
médicos le había hecho olvidar a los diez años de edad. Al doctor Masaki ya no
le importaba que tan grande fuese la suma de dinero que Indio le había pagado,
estaba dispuesto a devolverle hasta el último centavo con tal de que se
marchara de su clínica y si fuese posible del país, quería que regresara de la
misma manera en que había llegado, le preocupaba la confusión que Indio había
tenido con su esposa, temía que le hiciera algún daño, Hiromi era demasiado
frágil como para defenderse de una agresión. El doctor no quería que su esposa
fuese a su local de venta de trajes de novia hasta que Indio se fuese
definitivamente del país, le preocupaba la seguridad de Hiromi y le pidió que
se quedara durante esa semana en la casa
de ambos, la convenció de que podría diseñar nuevos modelos mientras descansaba
en la comodidad de su hogar diciéndole que solo sería por una semana hasta que
aquel paciente se marchara, Hiromi aceptó porque también estaba un poco
asustada. Comenzó a diseñar nuevos modelos de vestidos de novia, y en un momento
en que tenía un vestido hecho por la mitad se lo probó, al vestido le faltaba
agregarle parte de una larga falda, era un vestido de novias a medio terminar,
era corto. Hiromi tenía una gran duda
sobre lo que Indio le había dicho, se puso el vestido, puso música de ballet y
comenzó a dar unos pasos en medio de la gran sala de su casa, su corazón
parecía estallar, Hiromi bailaba en puntas de pie, giraba dando vueltas con un
solo pie de punta en el piso, jamás
había asistido a una clase de danza, bailó hasta que cayó desmayada y su mente
la dirigió hacia algunos recuerdos de su vida anterior, vio en su mente imágenes de sí misma bailando y
algunas otras cosas que le permitieron saber que en otra vida había sido Solana y que Indio no mentía.
Como si fuera poco, a Masaki en medio de tanto trabajo y confusiones le
solicitaban que permitiese el ingreso de una nueva paciente a su clínica, una
joven de no más de diecisiete años que había llegado en una ambulancia con una
de las peores crisis nerviosas que el doctor Masaki había visto en un paciente
durante toda su carrera. Era la hija de un militar y estaba en un completo estado de shock, el
doctor Masaki ordeno que le suministraran
un calmante para que durmiera mientras estudiaba cuidadosamente su caso.
Emiko era la única hija del general Ibuki, no era la típica chica que soñaba con ser solo ama de casa,
una simple maestra o quizá una abogada. Emiko quería seguir los pasos de
su padre, quería ser parte de las fuerzas militares de Japón y se sentía
completamente lista para ser enrolada. El general Ibuki estaba lleno de orgullo
por su hija, principalmente porque jamás se esperó que la chica quisiera seguir
sus pasos, la adoraba, cuando la escuchaba hablar llena de orgullo por su país
sentía que dios lo había compensado por la tristeza que le generó la noticia de
que su esposa dio a luz una niña y no a un niño como él esperaba. Cuando Emiko
era solo un bebé Ibuki estaba completamente decepcionado por haber tenido una
hija mujer, prácticamente ni la miraba hasta que la niña comenzó a caminar y
mientras Ibuki tomaba un café o veía las noticias, la niña se le acercaba, lo
miraba y le sonreía. Emiko era una hija
perfecta, tenía menos de cinco años y ya entendía que debía hacer silencio
cuando su padre leía o revisaba algunos papeles, jugaba a su lado sin hacer
ruidos. Al comenzar la etapa escolar mostraba gran interés por sus obligaciones
y desde los doce años le planteó a su padre su intención de incorporarse a las
fuerzas militares, Ibuki estaba feliz, cada vez que le era posible llevaba a
Emiko a presenciar desfiles militares o la invitaba a visitar las instalaciones
de algún hospital militar, casi todos los militares de alto rango la conocían y
alagaban al general porque notaban que Emiko realmente tenía condiciones o por
lo menos tenía una mentalidad militar, hablaba poco, solo cuando era necesario
pero cuando lo hacía decía lo que cualquier militar quisiera escuchar de su
hija o de la hija de un colega. Por medio de su padre Emiko había visto muchas
cosas en su vida, a su corta edad había visitado hospitales donde hombres
mutilados a causa de una batalla agonizaban en una cama, había visitado las
morgues donde hasta presenció tras un biombo el dolor de una madre al reconocer
el cuerpo de su hijo. El general llevaba a su hija para observar que actitud
tomaba ante distintas situaciones puesto
que si iba a ser parte de las fuerzas militares debía acostumbrarse al dolor, a
la sangre y a la muerte. El general cada
vez enseñaba a su hija más cosas, hasta la hizo presenciar una golpiza a un oficial
que había desobedecido a un superior y visitar
una de sala de torturas, le
preguntaba si era consciente de que a causa de su grado militar y de su
responsabilidad, en algunas ocasiones había tenido que torturar a algún traidor
y Emiko respondía que sí, porque los traidores lo merecían. Ibuki estaba feliz,
su hija tenía una mentalidad completamente profesional entonces decidió
contarle a cerca de algunas medidas que debían tomarse para un mejor control de
la organización, el general Ibuki llevó a su hija a un enorme bunker
subterráneo donde al llegar fueron recibidos por otros militares que les
abrieron una puerta tras otra hasta llegar a una especie de cámara que
sorprendió a Emiko por la cantidad de piezas enteras de jamón que colgaban de
un gancho, luego de unos minutos Emiko
salió corriendo, llevándose todo por delante, espantada, el general que había
sufrido una fractura hacía unos meses no podía correr a la velocidad suficiente
como para alcanzar a su hija, a los gritos tras ella ordenaba que cerraran las
puertas, entre los militares que se hallaban custodiando las puertas lograron
mantenerla dentro, cuando el general se le acercó, Emiko con la mirada perdida
ni siquiera oía una sola palabra, llegó en una ambulancia a la clínica del
doctor Masaki quien debería someterla al tratamiento de cura de sueño para que
jamás recordase que tras de esos jamones colgados en ganchos se hallaba la gran
maquinaria de elaboración que era utilizada para procesar seres humanos que
eran arrojados vivos dentro de ella.
El general estaba desesperado, había cometido un error, le había
mostrado a su hija quien era realmente, le había contado un gran secreto
militar que Emiko comprobó con sus propios ojos, el general lo había hecho
porque creía que su hija estaba lista para cualquier cosa, que tenía su misma
mentalidad sin ponerse a pensar que Emiko quería ser militar para luchar por su
país del cual estaba completamente orgullosa, y comprendía perfectamente que a
veces la gente debía morir pero también pensaba que esa muerte debía ser digna
tanto para quien moría como para quien mataba. El general no quiso irse de la
clínica, se quedó junto a su hija observándola dormir, pensando en que cuando
comenzara el tratamiento con el doctor Masaki recuperaría el amor y el respeto
de su hija y todo sería olvidado, esa era una seguridad que todos los
familiares de los pacientes de doctor Masaki tenían. Ingresar en la clínica
significaba la salvación de muchos. El general Ibuki observaba a su hija
completamente sedada y luego observaba sus medallas de logros militares, había
cometido un error y Masaki era su única salvación, no estaba dispuesto a perder
ni su carrera, ni su familia.
Durante el siguiente día de tratamiento el doctor Masaki volvió a someter a Indio a una
profunda hipnosis para hacerle algunas preguntas, el doctor le preguntaba a su
paciente en qué lugar se hallaba el
cuerpo de Solana en aquella caja de cristal similar a una caja musical del
tamaño de una persona, Indio le redactaba la dirección exacta y le describía
con todos los detalles la casa en la que Ulises había vivido con ella y donde
la había matado para luego conservarla
bailando sólo para él. El doctor Masaki utilizó todo el dinero que Indio
le pago por su tratamiento para establecer contacto con un detective del país
de Indio quien con un equipo de profesionales tomó todas medidas necesarias
para poder localizar el lugar. Era una casa enorme, deshabitada desde hacía ya
muchos años, sus nuevos dueños tenían mucho dinero y la habían comprado con la
idea de reformarla para convertirla en
una casa de fines de semana, pero tenían tanto que hacer que ni siquiera
se acordaban de que la habían comprado. El detective localizó a los
propietarios e inventando ser un
director de cine logró que le alquilaran la casa para supuestamente filmar
partes de una película que prometía ser todo un éxito, los dueños de la casa
accedieron contentos y de hecho, si su
propiedad iba a verse en la pantalla grande no era necesario que les pagaran,
estaban tan felices que hasta querían ir a ver partes del rodaje por lo cual el
detective debió montar una escena en el jardín abandonado de la casa, debió
llenar el lugar de cámaras, luces y verdaderos
actores extras que realmente creían que estaban actuando para una película. Ante
la situación, el detective debió decirle la verdad a su jefe y con un grupo de
otros detectives que fingían ser los actores principales de una película,
filmando paso por paso cada hecho, entraron al túnel. Caminaron iluminando con
las luces de las cámaras, el detective sentía que las piernas le temblaban,
hacía más de cincuenta años que nadie había vuelto a entrar en aquel túnel,
mientras se iban acercando comenzaban a oír la música que sonaba suave a lo
lejos, era el caso más extraño que le había tocado investigar, en un cuarto de
la clínica con su computadora, el doctor Masaki recibía mediante una cámara
toda las imágenes en directo de aquella investigación que parecía un cuento de
terror. Finalmente la cámara enfocó lo que el detective y sus compañero fingiendo
ser actores también veían, era la imagen más impresionante y triste que el
detective había visto en su vida, una caja de cristal tapada de polvillo
girando, con una luz que también estaba tapada de tierra, uno de los detectives
se quitó la camisa para limpiar la caja de cristal mientras giraba, otro limpió
el reflector que iluminaba formando un círculo alrededor de la enorme caja, los
detectives y al mismo tiempo Masaki a través de su computadora vieron a la
bailarina de la caja musical de cristal, Solana embalsamada y con su belleza
intacta giraba dentro de la caja, Masaki se puso de pie, estaba viendo la
imagen del rostro de su propia esposa girando en una caja de cristal, un frio
corrió por sus venas, Indio no mentía, no estaba loco, Hiromi era Solana.
Los detectives sacaron el cuerpo en la misma caja de vidrio tapada con
las camisas para que nadie más viera el rostro de Solana, también sacaron lo
que quedaba de indio: solo huesos, él no
había sido embalsamado, simplemente
había sido atado en forma de cruz observando a su amada Solana hasta
morir. En el jardín descuidado de aquella
enorme casa los actores hacían lo que debían hacer, se les había dicho
que solo debían permanecer callados
cuando ellos salieran del interior de la casa, no sabían que saldrían
con algo en sus manos, eran simples actores extras y no preguntaban demasiado, simplemente hacían lo que se les ordenaba,
recibían la paga y nada más, los que observaban atentamente eran los dueños de
la casa que esperaban ver a algún actor o personaje famoso, veían que los
supuestos actores y directores trasladaban algo de considerable tamaño y lo
metían en una de las camionetas pero creyeron lo mismo que todo el mundo, que era simplemente una película.
Por medio de contactos de la agencia de detectives trasladaron los cuerpos de Indio y solana para que descansaran juntos en el
mismo lugar, para que nadie más pudiera separarlos.
El motivo por el cual se cree que un ser reencarna en otro cuerpo o en
otros cuerpos, en otra vida o en varias vidas posteriores es porque tienen
asuntos pendientes que solucionar, Solana reencarnó en Hiromi y en esta vida era la esposa de un médico y nadie la había obligado a casarse,
simplemente lo decidieron porque se amaban, Hiromi solo logró recordar secuencias
de su vida anterior mediante un sueño, sabía que era cierto porque su capacidad
para la danza era inexplicable, la misión de Indio en esta vida era sacar a
Solana del oscuro túnel donde se hallaba, su misión era lograr que alguien
encontrase el cuerpo de ambos para que descansaran, para que el alma de Solana
bailara libre fuera de una caja.
En esta vida no era necesario que Indio conociera a Hiromi ni que
pasara por aquel tratamiento, si Indio no viajaba a Japón podría haber descubierto aquella historia
pasada con un medico de su propio país y jamás habría vuelto a ver el rostro de
Solana con vida quien ahora era Hiromi.
El doctor Masaki creyó que quizá él mismo fue el cruel Ulises en la
otra vida por el hecho de estar casado con Hiromi, pero en realidad Masaki era
bueno, esta era la primer vida que vivía, el verdadero Ulises de la vida
anterior era su primo, el cruel Toshiki quien aún no conocía a Hiromi, Masaki
lo supo por la descripción que Indio le hizo sobre ciertas características como
un lunar que Ulises tenía en la frente y una cicatriz en su brazo izquierdo y
por ese motivo Masaki rogaba que los días transcurrieran rápido para que su
primo se marchara con su circo de la ciudad, quería volver a ser feliz con su
esposa y tampoco le importaba todo el
dinero que Indio pudiese darle, no le importaba que estuviera diciendo la
verdad, no le importaba que Hiromi hubiese sido en su vida anterior Solana, la
amada Solana de Indio, ahora era Hiromi, era su esposa, ella misma había
aceptado casarse con él y habían sido verdaderamente felices hasta que un
simple paciente con problemas mentales llegó a su clínica desde otro país.
Masaki; aquel hombre que se caracterizaba por su calma y responsabilidad, cuya
vida organizada era un ejemplo para muchos, ese hombre que meditaba en silencio
cada mañana antes de ir a la clínica, ese hombre que hacía obras de caridad en
un orfanato, estaba lleno de amargura, pasaban los días y cada vez estaba más
arrepentido de haber aceptado a aquel paciente extranjero, hasta parecía que el
resto de los pacientes se le alborotaban.
Indio estaba bajo los efectos de la medicación que Masaki le había
suministrado en el séptimo y último día de tratamiento, Masaki sabía que si le
suministraba alguna sustancia nociva a través de sus venas podría matarlo en
cuestión de segundos pero también sabía que se convertiría en un asesino, no
estaba dispuesto a perder a su esposa y veía que su paciente, en esos ratos en
los que no estaba dormido manifestaba su deseo de acercarse a ella, por unos minutos el doctor pensó en lo que sucedería si también Hiromi se
sintiese de la misma manera, que sucedería si eligiera estar con su paciente en
lugar de seguir estando con él, el doctor Masaki sintió que su vida no
tendría sentido pero de cualquier manera no estaba dispuesto a permitir que
Indio tuviera alguna posibilidad de buscar a su esposa y quedarse con ella,
tampoco quería ser un asesino. Buscó a Hiromi
con la intención de comprender
que había en sus pensamientos, quería que su esposa le explicara cómo se sentía
y que le dijera si aún lo seguía amando luego de que los recuerdos de su vida
anterior hubiesen regresado a su mente, la buscó por todas partes sin lograr
encontrarla, llegó triste y decepcionado a su casa pensando en que Hiromi jamás
regresaría, pero ella estaba allí para decirle que lo único que recordaba de su
vida anterior era quien había sido y le contó que vio en su mente como en una
película partes de su vida pasada y que luego intentó volver a hacerlo de la
misma manera, poniendo música y hasta poniéndose aquel vestido de novias a
medio terminar que parecía un vestido de bailarina pero que no lo logró. Hiromi
le explicó al doctor Masaki que no experimentaba ningún sentimiento hacia nadie
que hubiese sido parte de su vida pasada, ni amor ni odio porque esta era otra
vida y ella quería vivirla con él porque lo había elegido como esposo y porque
tenía que darle la noticia más importante
de su vida; Hiromi esperaba su primer hijo, era el mejor regalo que
podría recibir el doctor en esta vida, ahora tenía una gran razón para desligarse
para siempre de su paciente.
Masaki pensaba que Indio era una amenaza para Hiromi, para el hijo que
esperaban y para él, se preguntaba qué sucedería si Indio no comprendía que
Hiromi ya no era Solana, que ésta era otra vida, que ahora era su esposa y que
esperaban un hijo. Masaki tenía miedo, había traído a la mente de su paciente
recuerdos que terminaron convirtiéndolo en su propio rival, se preguntaba cuál
era el premio o beneficio que él recibía de tal situación, había ayudado a
quien lo necesitaba y ahora esto representaba un problema, no sabía qué hacer,
pensaba una y otra vez en suministrarle algún medicamento que le quitara la
vida a su paciente extranjero.
El doctor Masaki era un excelente medico pero en una oportunidad
cometió un error, mató a un paciente involuntariamente y gracias a sus
contactos pudo falsificar papeles y lograr que la situación pasara
desapercibida por familiares y por la justicia, si quería podría hacerlo
nuevamente, después de todo estaban en juego su felicidad y su familia,
entonces regresó a la clínica listo para matar a Indio, lo había decidido,
estaba a punto de inyectarle una exagerada cantidad de medicación para que
durmiera para siempre, pero de repente el doctor Masaki pensó que la muerte y
la vida eran dos cosas iguales, pensó que la vida y la muerte eran actos recurrentes
de un ser humano, que si mataba a Indio quizá volvería a nacer, todos los días
nacía y moría gente, de hecho dentro de algunos meses nacería su hijo, la vida
y la muerte eran cosas de todos los días, la vida y la muerte eran iguales, el
fin de una significaba el comienzo de la otra, eran solo un proceso de ida y
vuelta, la noche y el día, la luz y la oscuridad.
El doctor Masaki decidió
someter a Indio a una nueva prueba de
cura de sueño, lo indujo a un sueño profundo y probó una nueva técnica que
había estado estudiando durante años, era un proceso mediante el cual sometería
al paciente a un estado de muerte cerebral durante un tiempo inferior a un segundo
y medio, pero previamente lo induciría al sueño profundo con intervalos de
secciones de hipnosis durante las cuales le ordenaría una misión a su mente; Masaki
le ordenó a la mente de Indio que olvidara a Solana, a Hiromi y su vida anterior. Mediante esta efectiva
práctica al igual que cuando tenía diez
años, Masaki logró borrar de la mente de su paciente todos los recuerdos del
pasado y restablecer ciertos conceptos
que le permitieran volver a tener la
vida que había tenido durante los últimos años. Cuando Indio despertó al
finalizar el tratamiento, el doctor Masaki le redactó las conclusiones de los
resultados, le dijo que durante tantas inducciones al sueño e hipnosis que le
había practicado había descubierto que sus padres junto al equipo de médicos
habían tomado la decisión de practicarle la cura de sueño a causa de que había
tenido un hermano mellizo llamado Ciro que había muerto a los nueve años de
muerte súbita, y como tal situación le había provocado un fuerte impacto en su
personalidad que lo hacía vivir lleno de tristeza, sus padres no soportaban
verlo sufrir de esa manera y prefirieron borrar la existencia de Ciro de su
mente para tener una vida lo más normal posible con su único hijo con vida.
Indio se entristeció pero lo comprendió, agradeció al doctor Masaki, se marchó
de la clínica y aprovechó su última noche en Tokio para caminar por las calles
de aquella hermosa ciudad llena de luces y de gente. Se sentó en un restaurante
y ordenó una porción de Yakisoba, un plato preparado con fideos, distintos
tipos de carne y verduras que Indio ya había probado en un restaurante japonés
de su país, quiso comer un famoso jamón que solo se conseguía en Tokyo, pero el
mozo le respondió que era tan bueno que ya se había agotado… Mientras cenaba
sentado en una mesa desde la que podía observar la calle, veía la caravana de
casas rodantes del circo de Toshiki que se marchaba de Tokio, muchas personas
saludaban a los aristas con sus manos y ante tal muestra de afecto muchos de
ellos bajaban de los vehículos para rendir
honores a su público, algunos de los artistas exhibían sus malabares,
muchos vestían sus trajes de escena, otros simplemente saludaban e inclinaban
sus mentón manteniendo los brazos extendidos hacia ambos lados, era el regalo
que el circo le daba a la gente, no podían obstruir el transito pero habían
dado funciones tan espectaculares que muchos de los automovilistas que
conducían pasaban por esa calle como cortejando a los artistas y nadie se
molestaría. En unos minutos la calle se convirtió en una fiesta, la gente
dentro de los restaurantes se ponía de pie y se acercaban para sacar fotos a
través de las vidrieras, los artistas saludaban, las bestias gruñían, se iba el
circo de Toshiki con sus cocodrilos, sus leones y su dragón de Komodo, varias desnudistas
menos quedaban en la ciudad. El circo se marchaba con sus artistas, se iba
Toshiki sin conocer su vida anterior, sin saber cuánto mal había hecho, hasta
en esta vida era malvado y lo seguiría siendo aunque pasaran mil años. Desde su
asiento en el restaurante Indio también saludaba a la caravana de artistas
lamentando no haber podido asistir a una de sus funciones, había mucha gente en
esa despedida, no faltaba nadie. Indio vio del otro lado de la calle al doctor
Masaki y a su esposa, Indio pensó que
jamás había visto a la esposa del doctor, le pareció una mujer de una
belleza extraordinaria, Indio había tenido muchas mujeres en esta vida pero se
decía a sí mismo que si dios le hubiese puesto a semejante belleza en su camino
seguramente solo hubiese tenido ojos para ella. Levantó la mano para captar la
atención del doctor Masaki, quien un poco preocupado de que su paciente
recordara algo levantó la mano para saludarlo desde el otro lado de la calle
mientras Indio levantaba la copa como dedicándole un brindis a tal excelente
profesional, que además, tenía un gusto excepcional para las mujeres.
Indio se dirigió al aeropuerto para regresar a su
país y seguir viviendo su vida como siempre, sin recordar absolutamente nada de
lo que el doctor Masaki consiguió traer nuevamente a su mente, pero viviría el
resto de esta vida experimentando sensaciones comunes en personas que han
muerto y han vuelto a nacer; la
sensación de estar en un lugar por
primera vez, haciendo algo nuevo y de repente sentir que ya lo había vivido, la
sensación de identificarse con determinados lugares a los que quizá jamás
hubiese ido, desarrollar excesivamente una capacidad para cualquier tipo de
arte o idioma, tener la sensación de no
encajar en un grupo de gente de la misma edad, despertar a causa de un sueño que
le provocara la sensación del impacto de una caída mientras dormía o sentirse
inconscientemente atraído a leer ciertos libros o artículos que hablaran sobre
una vida anterior a otra vida.
Indio siempre decía que Tokyo era una ciudad maravillosa llena de gente
especial y que algún día regresaría a ese increíble lugar.
En Tokio como en todas las ciudades del mundo había de todo, había
pobres, había ricos, había gente buena y gente mala, lindos, feos, gordos,
flacos, artistas que brillaban sobre una cuerda, chicas con una sola pierna que
abandonaban un circo para cumplir su sueño en esa ciudad, policías que eran más
delincuentes que los mismísimos delincuentes, mafiosos con un dedo cortado,
jóvenes que llevaban en su corazón heridas más profundas que las de sus
rostros, turistas que recuperaban su cámara de fotos, frigoríficos de
“jamones”, desnudistas que se marchaban de la ciudad en el interior de un
“dragón”, hombres que eran más feroces que las mismísimas bestias, mujeres que
descubrían que podían girar sobre las puntas de sus pies, extranjeros que
caminaban por la calle repitiendo el nombre de una mujer a la que seguirían
amando aunque murieran y nacieran mil veces, y doctores capaces de curar todo tipo de males, para que creas que eres solo lo que ves, y para
que olvides que eres parte de lo que fuiste.
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